Sobre Francisco Franco y su tiempo...
 
 
 
La fundación de Falange Española

 

Toda conmemoración o aniversario tiene mucho deconvención, y en ella importa menos la presencia viva del recuerdo que la exactitud técnica del dato. Por ejemplo, no es lo importante que el cumpleaños de Jesús fuese de veras el 25 de diciembre, si no lo que la Navidad representa para los cristianos. Pues lo mismo pasa con la célebre fecha de nacimiento de la Falange. No es tal, pues Falange Española nace a partir de un acto y con posterioridad a él, y no es al revés, como suele considerarse. Pero de nuevo no es el detalle anecdótico lo importante. Quizá se pueda precisar como acta de bautismo el 2 de noviembre. Pero eso, qué más da. Para el mismo José Antonio "El acto de la Comedia, del que se ha hablado aquí esta mañana varias veces, fue un preludio. Tenía el calor y todavía, si queréis, la irresponsabilidad de la infancia..." (Cine Madrid 1935).

   El ambiente de la II República era cálido, tenso y conflictivo. No era el nuevo régimen una democracia liberal a la anglosajona, en la que todas las fuerzas políticas están de acuerdo con las reglas de juego. La izquierda consideraba a la República como suya en propiedad, negando la carta de ciudadanía a la derecha. A su vez la derecha se enrocaba en su títulos de propiedad, confiando en que la Guardia Civil contendría a los desheredados. La acción de fuerza, desde abajo o desde arriba, era considerada vía legítima y la dialéctica eliminacionista era normal. Tal es así que el acceso del partido ganador de las elecciones un año después al poder, era considerado inadmisible per se para ejercer la presidencia de gobierno por el Jefe del Estado, y la entrada de dos o tres ministros de ese partido en un gobierno de coalición, casus belli para la izquierda. Por ello fracasó de raíz el accidentalismo y la colaboración que intentó parte de la derecha.

   En ese contexto se advierte el “no es esto” por parte de sectores intelectuales que habían visto con simpatía el vuelco de 1931. Uno de ellos era el entorno de Ortega, con un proyecto de “Frente Español”, heredero de la “Agrupación al Servicio de la República” en el que estaba García Valdecasas, catedrático de Derecho. Estaba en relación con el hijo del general Miguel Primo de Rivera, José Antonio, que se había entregado a defender su figura, alanceada por los mismos que le había apoyado o temido en vida. Por entonces los aviadores como Ruiz de Alda, que había cruzado el océano en el famoso vuelo “Plus Ultra” junto al revolucionario Ramón  Franco, ejercían un cierto rol entre deportivo y militar gallardo y d’annunciano que hoy no siempre se percibe.

Hay que tener presente que en ese momento hay convulsiones en Francia, que parece estar tan cerca del conflicto civil como España, y el comunismo ha sido frenado en Centroeuropa por diversas soluciones autoritarias. Italia celebra sus 11 años de régimen fascista, que se presentan bastantes exitosos, precisamente el 28 de octubre. De Portugal a Rusia, no había una democracia liberal estable.

   Aquellos hombres, y otros de diversa procedencia, se reunían en el café La Ballena Alegre, en casa de los Primo de Rivera y en la del marqués de Bolarque. Recurrieron al de más edad de entre ellos, apodado “el abuelo”, Narciso Martínez Cabezas, para que presidiera la presentación del acto que se pretendía, aunque los perfiles de sus consecuencias no estuviesen muy definidos. No se suele recordar que se intentó antes hacer el acto público en Burgos, pero que problemas gubernativos lo impidieron a favor de Madrid. El dueño del teatro de la Comedia de la calle del Príncipe, de Madrid lo cede gratuitamente. Se trataba de un acto con unas expectativas y repercusión poco percibibles desde era de la TV. Con antelación, en algunos lugares aparecen hojas volanderas con un fantasmagórico “Fascismo Español”, espontaneismo o provocación anticipada. Con posterioridad al acto, Ruiz de Alda, jugando con un diccionario y con la ambivalencia de las siglas del “Frente Español” /FE, se inspirará en lo marcial del helénico término “Falange”, suplantando a la inicial idea de MES; “Movimiento Español Sindicalista”.

   Aquella esperada mañana del 29 de octubre a las 11 se dieron cita en la abarrotada sala, con una fuerte presencia policial fuera, dos mil personas, no pocas mujeres, de un amplio espectro ideológico, aunque de una media de edad inferior a la habitual. Estudiantes, militares primorriveristas acogidos a la ley Azaña, albiñanistas, alfonsinos, radicales jonsistas como Ledesma, en un palco por expresa invitación de Primo, y carlistas como el asturiano Casariego, poco amigo del título nobiliario que evocaba la toma de Estella, que me describió la principal intervención con contundente laconismo, que no pretendía elogio o desmerecimiento si no precisión; “la forma de Ortega y el contenido de Mella”.  ¡Ahí es nada!  La prensa en general reseñó el acto, que recogió al completo Delgado Barreto en La Nación, y elogió benevolentemente Victor Pradera en Acción Española.

   Martínez Cabezas habló nada más que para presentar a los oradores; luego lo hicieron Alfonso García Valdecasas y Julio Ruiz de Alda,- el pitagorín blando y el resolutivo duro-, y, por fin, el apuesto poético y vibrante José Antonio, que explicó lo que, según él, debían ser las bases doctrinales del movimiento al que obviamente aspiraba: la unidad de España, la justicia social, ni izquierdas ni derechas, la regeneración de una Patria que no se encontraba a sí misma en la división de clases, partidos y regiones.

   “…El Movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un Movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo la derecha es una aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertirla se arrastren muchas cosas buenas. He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla:

“— Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.

“— Queremos… que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en la cas de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serlo, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana justa y digna.

“— …Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia no nos detengamos ante la violencia, porque, ¿quién ha dicho al hablar de «todo menos la violencia» que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y las pistolas cuando se ofende a la justicia y a la Patria…”*
 
 

 

   José Antonio sufrirá una importante evolución en sus escasos tres años de prédica azul. Pero desde ese texto a su bello testamento la belleza de su magnífica oratoria y escritura está desgastada por el abuso de citas durante tantos años. A veces para retorcerlas en su orientación. Es difícil acercarse a ella como podía haberla escuchado un coetáneo para un español de hoy de más de 40 años sin verse contaminados o prejuiciados por esos soniquetes, que se repiten a veces sin saber a qué cuento vienen: “nada de un párrafo de gracias”, “inasequibles al desaliento”, “ los puños y las pistolas”…

   La cuestión es que en ese momento, José Antonio despertó expectativas en todos, entusiasmo en muchos, decepción en otros. Su planteamiento era sorprendente por que no respondía a la presumible orla conservadora de un marqués que va en lista como independiente en un bloque de derechas y en la circunscripción gaditana de tradicional influencia de Ramón de Carranza. Pero el joven abogado de 30 años decepcionó esa etiqueta para los que fueron a ver al hijo del general, y no al padre de una novación radical, alejándose tanto del capitalismo como del socialismo, cuyo nacimiento justifica. Para José Antonio no hay libertad sin igualdad de oportunidades, que con los medios concentrados en una oligarquía no hay democracia y que la tarea de gobernar no puede caer directa o indirectamente en manos de los potentados que gobiernan obviamente en defensa de sus intereses, bajo una nueva fórmula que con declaraciones de rimbombante de libertad, la “palabrería liberal”, pretende engañar al pueblo.

Va a nacer esos días un movimiento político que confesadamente adoptará la bandera, el escudo y el nacionalsindicalismo de las JONS de Ramiro y Onésimo, con las que se fusionará. Un movimiento juvenil, pobre y obligado a una dialéctica de reacción defensiva, en la que nunca llevó la iniciativa, que le harán a la vez peligroso y atractivo como militancia. Quizá dos tercios de sus fundadores no vivirán seis años después. Ese pequeño núcleo de unos miles de jóvenes será embrión de un desbordante aluvión en medio de una guerra, por cálculo de conveniencia unos, refugio de supervivencia otros, pero con sincero entusiasmo no pocos.

 Eso, como diría el autor de “If”, ya es otra historia. La cárcel y el plomo no pudieron con la esperanza y la alegría que se “presentía en la entrañas”. No cabe duda de que poeta rimó ese octubre con profeta.

*El texto completo:

http://www.segundarepublica.com/index.php?opcion=6&id=78

La totalidad de las O.C. en http://www.rumbos.net/ocja/


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