Actualidad
 
 
 
La paz del campo
 
Aquilino Duque
 
 
 
   Esto de vivir en el campo es una rareza, ya que el hombre es gregario por naturaleza y lo suyo es vivir en una población. En España, y en la Europa meridional, es rara la figura del country esquire o gentleman farmer. El único ejemplar que conozco es mi amigo Bernardo Víctor Carande, en su dehesa extremeña de “Capela”. Muñoz Rojas es otra excepción, pero en otro sentido, pues al jubilarse de la vida en la ciudad, ha podido empezar otra vida en el campo. En otros tiempos ha habido eremitas, como en la Sierra de Córdoba, y en Córdoba también, quien se retiraba a una huerta de las afueras para transfigurar poéticamente la naturaleza, como de Góngora nos cuenta García Baena. Pocos poetas le han sacado a la naturaleza tanto partido como Góngora, pero no es él el único que la ha observado y descrito. Ahí están Pedro de Espinosa o Luis Barahona de Soto, en Antequera y en Granada, y, ya en Granada y en nuestros días, la niñez de su máximo poeta, correteando desnuda por la Vega con un fondo de serranía.    
 
   En Granada conocí yo a Julio Alfredo Egea a la vez que conocía a Granada.  Poéticamente ya los conocía a ambos; en Ginebra, donde entonces vivía, recibí el primer libro de Julio Alfredo que me causó una gratísima impresión, entre otras cosas porque pasaba por encima de los prejuicios de la casta literaria y dedicaba sendos poemas a Miguel Hernández y a José Antonio Primo de Rivera. Al llegar yo a Granada, Julio Alfredo estaba más o menos de paso, pues aunque tenía casa en la capital, su residencia era la del pueblo almeriense de Chirivel, de donde era alcalde. El explicó su gestión en verso y en prosa, en textos que atesoro, y en los que ponía de manifiesto una coherencia total entre su comportamiento cívico y el talante revelado en aquel primer libro de versos.    
 
   En otro viaje, al pasar por Chirivel se me ocurrió buscarlo en su casa, y por fin lo vi aparecer entre los olivos o las viñas, ya no me acuerdo, con una escopeta al hombro. Se había metido a recovero y en aquellos días tenía el santo de espaldas. El caso es que lo vi en el campo y abrumado por los problemas del campo, un campo que si le daba motivos de preocupación, también le daba temas de inspiración. En aquellos años había al menos dos poetas en otras provincias andaluzas en los que Julio Alfredo Egea podía reconocerse: Mario López y Julio Mariscal, por no hablar de Pérez Clotet. Todos estos poetas pisaban raramente el asfalto y sus versos no se conciben sin zorzales en el olivar, gallos que tocan diana o mulos cargados de chamiza por las callejas encaladas, mientras suena a lo lejos un cante perdido y vuelve de la fuente la moza del cántaro. Iba, a la zaga, padre, contigo/ despertando romeros. /La perdiz alertada  volaba desplegando/ sus alarmas. /El día/ la comunión del sol iba cumpliendo… dice Julio Alfredo, y a la perdiz y a los romeros se suman el tomillo, las águilas, la liebre, los espliegos, las mejoranas, y todo el paisaje cobra un olor de monte bajo de idilio mediterráneo.         
 
   Pero en ese paisaje de pueblo y de campo, el niño que iba de la mano del padre cazador no podía por menos que ver las auroras boreales de la guerra y , ya hombre, al evocarlas, hacer votos de auténtica reconciliación con los mismos que habían puesto sus días en peligro. Julio Alfredo Egea llegó a aceptar el encargo de escribir una gran elegía sobre el Valle de los Caídos, que tituló Valle de todos. Julio Alfredo Egea, al igual que los poetas que más arriba cité, aceptó el reto de la “poesía social” y la ennobleció fundiéndola en sus geórgicas. Toda la poesía de Julio Alfredo no es más que la autobiografía de un hombre de campo. En esa autobiografía abundan las instantáneas dramáticas de un cazador de imágenes que es capaz de llamar “cazador de la muerte” a Robert Capa, cuyas imágenes de muerte pueden disfrutar  en estos días en el Museo Reina Sofía los nostálgicos de lo que María Zambrano llamó “la España de la derrota.” La España de Julio Alfredo Egea no es tampoco la España de la victoria, sino la España de la paz. 
 
 


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