Actualidad
 
 
 
La reforma fiscal o el nuevo expolio de Rajoy
 
Roberto Centeno 
 
 
   Decía mi maestro Enrique Fuentes Quintana: “En este fraude de democracia que nos han impuesto, cuando un ministro de Hacienda quiere ingresar más, lo más cómodo técnica y políticamente, y también lo más injusto, aunque eso les da igual, es exprimir el limón más aún”. Enrique Fuentes se refería a cómo manteniendo los tipos impositivos inalterados (o bajándolos marginalmente en renta y sociedades, como piensa hacer Rajoy), se podían incrementar los ingresos considerablemente sin más que eliminar deducciones y, además, pagando los de siempre: los que cobramos una nómina.
 
   A este inmenso colectivo que constituimos la clase media y la clase trabajadora que trabajamos para terceros, Hacienda nos tiene bien cogidos por el cuello. Nada más sencillo, pues, que apretarnos las tuercas, hasta que se nos salga la lengua. Era lo que el profesor Fuentes denominaba “exprimir más el limón” y Mariano, en su lenguaje mendaz y perverso, habla de “hacer más eficiente la recaudación”. En una reciente encuesta realizada por Pricewaterhouse Coopers (PwC) entre casi 400 fiscalistas, responsables de impuestos de empresas, profesores, etc., sobre los efectos de la reforma fiscal, un 70% opinaba que los ciudadanos verían incrementada su ya insoportable presión fiscal, ya que el régimen tributario español combina las tasas más altas de Europa con las recaudaciones más bajas.
 
   Este panel de expertos concluye lo obvio, lo que algunos llevamos años defendiendo: la “urgencia de reducir el número de ayuntamientos y de funcionarios para consolidar las cuentas públicas y alcanzar los objetivos de déficit comprometidos con Bruselas”. También cuestiona el papel de las diputaciones, aunque los consultados son pesimistas respecto a que esto ocurra. Claro, Citi o Goldman, a las que el FROB encarga privatizar Bankia, si tienen que decir que la economía mejora, pues faltaría más, lo dicen. Todo lo contrario que el gran fondo ruso Renaissance, que se pregunta "¿hasta cuándo los españoles van a poder aguantar un expolio y un grado de dolor como nunca antes en una sociedad moderna?”.
 
 
De cómo Rajoy piensa expoliar más aún a los españoles
 
   Rajoy, cuya principal especialidad después de la cobardía y la alergia al trabajo es la mentira, no cesa de predicar que va a bajar los impuestos, aunque, cuando hace unos días le preguntaron cuándo será y cuánto bajarán, contestó con su estilo habitual: “No adelantemos acontecimientos”. Pero vamos a ver, ¡pedazo de tramposo!, ¡cómo que no adelantemos acontecimientos!, si juraste que las brutales subidas de 2012 durarían sólo dos años hasta 2013 y ahora resulta que son otros dos más o los que os dé la gana, y, además, nunca volverán a los niveles de 2011. Como afirmaba el insigne D. Miguel de Unamuno: “Los españoles somos un pueblo enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia y a soportar la opresión”. Es nuestra situación hoy,  prefieren la mentira ilusa a la verdad amarga.  
 
   De todas maneras, quien lo ha dejado claro ha sido Montoro, que, por una vez y sin que sirva de precedente, enloquecido como está en hacer todas las trampas del mundo para sacar una cifra de déficit “decente”, se le ha escapado la verdad ante la Comisión designada para vestir el muñeco. Lo vendéis como queráis, racionalizar, simplificar, modernizar o pintarla de colores, pero “la reforma tiene que dar como resultado el recaudar más”. Y es que no tienen otra; en medio de las falsas esperanzas de recuperación, hasta el BdE acaba de rebajar la previsión de crecimiento del Gobierno para 2014 al 0,8%. Muy malas tienen que ser las perspectivas para que estos mentirosos profesionales, que vienen hinchando todas las cifras desde 2008, rebajen las perspectivas de crecimiento, y es que están cada vez peor.
 
   La financiación al sector privado ha intensificado su caída en los últimos meses. La aportación del sector exterior al crecimiento ha pasado a ser nula. Los indicadores más recientes de actividad se están desacelerando; el consumo de electricidad corregido de temperatura y calendario descendió en enero un 1%, frente a un aumento del 1,5% en diciembre; el de gasolinas cayó un 4,1% en diciembre frente a un -1,8% en noviembre; el índice de producción industrial (IPI) se debilitó en diciembre al -0,3%, 1,2 puntos menos que noviembre.
 
   Los indicadores del sector de la construcción siguen desplomándose, como la obra pública o la compraventa de viviendas. Las ventas de grandes empresas cayeron un 0,1% en diciembre frente a una subida del  0,3% en noviembre, y el índice de comercio al por menor deflactado cayó el -1,0 %, a pesar de la paga extra, frente a una subida del 2,8% en noviembre. ¿De dónde sacan, no ya este Gobierno de trileros y sus palmeros, sino los analistas independientes que la situación económica está mejorando?
 
   El resultado es que las bases imponibles –la cantidad de dinero sujeta a impuestos–  se han derrumbado un 24% desde 2007, pero es que sólo en 2013 han caído un 3,9%, lo que es incompatible con una caída oficial del PIB de únicamente el 1,2%. Los españoles somos mucho más pobres de lo que se dice oficialmente, ya que el PIB no son los 1,02 billones oficiales, ni de lejos, sino del orden de 800.000 millones. Es el resultado de la sobrevaloración sistemática de las cifras de PIB en los últimos seis años. Igual que ocurre con los datos de la Central de Balances del BdE, que recoge una muestra del 12,6% del valor añadido bruto (VAB) de las empresas no financieras, o sea del PIB. ¿Y qué tenemos?: que la caída del VAB en los tres primeros trimestres de 2013 ha sido del 4,5%, cifra coherente con el derrumbe de las bases imponibles, tres veces más que la caída oficial del PIB.  
 
   El incremento de las bases imponibles en ausencia de crecimiento –y sin que el Gobierno tenga el coraje o la vergüenza para imponer algo tan sencillo como que todos los españoles somos iguales ante la ley– es imposible. La gran idea de Rajoy es engañar de nuevo a los españoles jugando al trile con la bolita y los cubitos. El presidente dice que la bolita está bajo el cubito que pone “menos impuestos”, pero en realidad está debajo del que pone “la recaudación tiene que subir”. Esta es la idea:
 
   1.- De una manera general, subirán los impuestos indirectos y bajarán los directos, pero sólo en apariencia, porque descenderán los tipos pero se suprimirán deducciones. El resultado final será una subida de ambos, “quoderat demonstrandum”, que diría Montoro.
 
   2.- El IRPF es el impuesto que más castiga a las clases medias. No sólo es el tipo máximo, que se encuentra entre los más altos del mundo con el 52%, lo más grave es el nivel de renta en el que se empieza a pagar el tipo máximo. Así, en Alemania se alcanza con 230.000 euros y en España con 52.000. Además, cuando el grueso de las rentas procede de ganancias de capital, una persona con 500.000 euros de ingresos paga menos que otra con 100.000 si proceden del trabajo. Y luego la clave de la “reforma”, las deducciones, que en España a fuerza de exprimir el limón son ya las más bajas de Europa, y ahora, a cambio de unas reducciones marginales de tipos, van prácticamente a desaparecer, con lo que el efecto útil para la familia media española es que pagará más por IRPF y no menos.
 
   3.- Sociedades. La idea es la misma que en el IRPF, bajar tipos marginalmente, eliminar deducciones e ingresar más. ¿Qué se apuestan ustedes a que a las grandes apenas las tocan y las que acaban pagando el pato son las medianas y pequeñas?
 
   4.- IVA. De momento el tipo general no se toca, aunque pueden apostar su cabeza que, en cuanto se den cuenta que los ingresos siguen siendo insuficientes, saldrá Mariano diciendo: “Han cambiado las circunstancias y no tengo más remedio que adaptarme”. Pero lo que sí hacen es una canallada: suben brutalmente el IVA de los más pobres, el súper reducido y el reducido. No tienen ni vergüenza ni piedad.
 
   5.- IBI o impuesto de bienes inmuebles. Financia la mitad del gasto (despilfarro) de los ayuntamientos, otra canallada de primer nivel que destroza a los más débiles. Las viviendas han bajado de precio entre un 30 y un 50% en seis años, una caída que ha sido más fuerte en las viviendas humildes. El IBI lo han subido ya más de un 30% y ahora lo aumentan de nuevo. Colocarán a millones de familias al borde del hambre, porque si no pagan les quitan la casa y la subastan. Son unos auténticos desalmados.
 
   6.- Impuestos especiales, carburantes, alcohol y tabaco y medioambientales. Van a poner las gasolinas y los gasóleos por las nubes.
 
   7.- Barra libre a ayuntamientos y CC.AA. para subir los impuestos y tasas locales como se les pase por la mente, o a inventar otras nuevas: ya van 50 desde 2008. Aparte, el expolio es la auténtica maldad que subyace en este nuevo proyecto, que reducirá más aún la renta disponible de las familias y dejará intactos a los más ricos.
 
Las dos grandes falacias sobre la presión fiscal
 
   Existen dos grandes falacias sobre la presión fiscal en España, que, aparte de la ignorancia supina que demuestran sus defensores, llevan añadido un fuerte componente de miseria moral y perversidad por las consecuencias que estos indocumentados derivan de ellas. La primera, que la presión fiscal (ingresos impositivos/PIB) en España es baja comparada con la del resto de países desarrollados: un 32,9%, frente al 34,6% de media de la OCDE. Como consecuencia, nada más sencillo que elevarla para resolver todos nuestros problemas de déficit. Claro que, si en 2007 esta cifra era del 37,3% y después de haber elevado los impuestos al mayor nivel de nuestra Historia y de la caída del PIB por la crisis, es matemáticamente imposible que haya bajado. 
 
   ¿Y qué es lo que no encaja? Pues el PIB, que, como ya se ha explicado, es del orden de 800.000 millones, muy por debajo de los 1,02 billones oficiales. Si ponemos la cifra de PIB real, la presión fiscal es del 41,9%, cifra perfectamente coherente con el 37,3% de 2007, momento en que dicho índice todavía no había empezado a falsearse. Y con la brutal subida de impuestos experimentada desde entonces.  
 
   La segunda, que las bases imponibles son muy reducidas, algo cierto, pero no sólo por porque el PIB real es más bajo; aquí se añaden temas más graves porque existen enormes colectivos que escapan al pago de impuestos. Y eso no es una ficción, es una realidad derivada de la cobardía política, la connivencia con las élites empresariales y las grandes fortunas y la incompetencia o falta de medios.
 
   Respecto al primero, son las dos regiones más ricas de España, País Vasco y Navarra, que mantienen un concierto medieval, ingresan 10.000 millones anuales menos al fisco de lo que les correspondería si estuvieran sometidos al régimen general. Además, los impuestos del IVA y Sociedades de las empresas radicadas en estas regiones por productos vendidos o beneficios obtenidos fuera de ellos no se ingresan en el Tesoro, sino en las diputaciones forales. Mientras, con las grandes empresas, como Iberdrola o el BBVA, se aplica el principio de que se paga donde se produce. El hecho imponible con las medianas y pequeñas es que las diputaciones se quedan la parte del león o con todo. Como venden el 80% de lo que producen fuera de sus territorios, son otros 6.000 millones los que Hacienda deja de ingresar.
 
   Luego tenemos lo demás, los ricos en España no pagan impuestos. Las grandes empresas con una fiscalidad teórica en Sociedades del 30% pagan sólo el 8%; las grandes fortunas, gracias a las sicavs inventadas por el PSOE y mantenidas por el PP, están exentas de la mayoría de impuestos; las profesiones liberales, desde médicos a fontaneros, escapan en su mayor parte al IVA y al IRPF y hay actividades que tributan a base de módulos o similares que escapan a la mayor parte de impuestos. En España sólo pagamos impuestos la clase trabajadora y la clase media que cobra una nómina, además de las pequeñas y medianas empresas. Somos el limón que ahora volverán a exprimir
 
 
 
 
 
.


FUNDACIÓN NACIONAL FRANCISCO FRANCO // Avda. Concha Espina, 11, 2º - 28016 Madrid -
Tel. 91 541 21 22 - Fax 91 541 43 82 - secretaria@fnff.es
Powered by La Compañía