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La rotura del cerco de Oviedo
 
Honorio Feito  
 
 
 
 
   El 17 de octubre se cumplen78 años de la liberación de Oviedo, o, si prefieren, de la ruptura del cerco a que la capital del Principado fue sometida tan pronto como el comandante militar de Asturias, el coronel de E.M. Antonio Aranda Mata, anunció que secundaría el golpe militar del 18 de julio. Oviedo pasó a convertirse, como otros escenarios de la misma (La Defensa del Alcázar de Toledo, o la de Santa María de la Cabeza, en Jaén, por ejemplo), en una prioridad para los dos bandos más que por la estrategia de la recién comenzada guerra civil, por el prestigio para el Frente Popular de recuperar una plaza que era suya, y por el prestigio, para los sublevados, de hacerse con una plaza enclavada en pleno territorio frentepopulista.  
 
   Como es ya sabido, la primera reacción de lo que luego se llamó el Alzamiento Nacional tuvo lugar, en Melilla, la tarde del 17 de julio. Al día siguiente, se extendió por la Península y el día 19, un día después, sucedió en Asturias. El retraso se debe a la situación interna que vivía en aquel tiempo el Principado que, ante las noticias que llegaban de Madrid y otras regiones, vivió momentos de extrema tensión  y revivió el espíritu revolucionario de Octubre de 1934. El propio coronel Aranda Mata había ya avisado a las autoridades de la República[1] de la situación tensa que, con frecuencia, se apoderaba de la capital asturiana durante una reunión que mantuvo en Madrid. El día 18 de julio, se calcula que por la capital asturiana circulaban entre cuatro mil  y seis mil personajes, procedentes en su mayoría de las cuencas mineras, dispuestos a defender la República con las armas. En muchos casos, se trataba de antiguos combatientes de la Revolución de Octubre de 1934.  
 
EL CORONEL ARANDA Y LAS DUDAS  
 
   El coronel Aranda Mata era, el 18 de julio de 1936, Jefe de la Sexta Sección de E.M. Central y Jefe en Comisión de la  Comandancia Militar Exenta de Asturias. Mandaba el Regimiento de Infantería Milán número 3. Era, no obstante, un hombre gris que no inspiraba mucha confianza a la mayoría y que, a pesar de su comportamiento durante la contienda, algunos círculos monárquicos asturianos, y socialistas,[2] trataron de eclipsar su fama anteponiendo la figura del comandante Caballero, sobre los sucesos vividos en Oviedo aquellos meses. Lo que parece innegable es que el coronel había previsto el Alzamiento y al acercarse el día, había dado órdenes de concentrar en sus cabeceras a las ocho compañías de la Guardia Civil para el día 18, cada una de las cuales contaba con un total de 180 hombres. En la madrugada del día 18, el coronel Aranda tiene noticias del levantamiento en África. A las dos de la madrugada, el líder socialista Ramón González Peña visitó al gobernador Civil, Isidro Liarte Lausin, para transmitirle una orden de Indalecio Prieto de que se entregaran armas a las milicias obreras[3]. Punto este también de controversia porque parece ser que el coronel Aranda no era partidario de entregar armas a los mineros y fue presionado, desde Madrid, por el propio Prieto y el general Miaja, según otras versiones.    
 
LA CONFUSIÓN DEL DÍA 18  
 
   A lo largo del día 18, Oviedo es presa del caos. Mientras el coronel Aranda ordena a la Guardia Civil que se traslade a Oviedo, comprueba sobre el terreno la disposición del resto de las fuerzas disponibles y observa que no puede contar más que con las que dispone en la capital y con el regimiento de infantería Simancas número 40, acuartelado en Gijón, cuyo coronel, Antonio Pinilla Barceló, estaba dispuesto a secundar el golpe militar. No así el coronel de Artillería Franco Musió, director de la Fábrica de Armas de Trubia, que disponía, además, de una compañía de Infantería perteneciente al regimiento Milán número 3, de Oviedo, que Aranda no pudo rescatar. El mismo día 18, el coronel Aranda dispuso, finalmente, la entrega de armas a las milicias obreras y les facilitó trenes y camionetas  para trasladarse a Madrid, consiguiendo que, en número aproximado de unos 2000 combatientes, tomaran las armas y emprendieran una marcha hacia la capital de la República. Al mismo tiempo, había dado órdenes al coronel Pinilla de salir del acuartelamiento y situarse en lugares estratégicos de Gijón, cosa que no hizo el coronel del “Simancas” “para evitar fuertes disturbios”[4].  
 
   En espera de una oportunidad, el coronel Aranda se dispuso a no desvelar sus verdaderas intenciones. Abrió el Gobierno Militar dejando que cuantos curiosos entraran y salieran en el edificio y se reunió en una sala grande para procesar las informaciones recibidas desde Madrid y otras capitales españolas, al tiempo que sus hombres iban tomando posiciones en las calles. Una descripción detallada de lo ocurrido ese día se la debemos al doctor gijonés Carlos Martínez[5], diputado a Cortes por el partido Radical Socialista y ex gobernador civil, entre otros cargos. A las seis horas y diez minutos, el general Mola telefoneó a Aranda para comunicarle que la sublevación en Marruecos ya había comenzado y que otras provincias se habían sumado ya, contestando el coronel que él lo haría tan pronto tuviera la oportunidad[6].  
 
EL CERCO DE OVIEDO  
 
   El día 20, una compañía del regimiento de Infantería Milán número 3, al son del Himno de Riego, llegó a la calle Uría donde colocó un bando en el que Aranda se declaraba sublevado y declaraba el estado de guerra. En Oviedo se produjo la lógica desbandada y los líderes socialistas formaron, en Sama de Langreo, el Comité Provincial del Frente Popular. Ese día, fue detenido el rector de la Universidad de Oviedo y ex diputado, Leopoldo García Alas y García Argüelles, hijo de Clarín, que sería fusilado poco después en el que se ha considerado un error grave de los sublevados, o una ejecución estratégica como demostración de fuerza.  
 
   La diáspora de milicianos desde la capital asturiana provocó, de forma inmediata, el cerco en torno a la capital del Principado de Asturias. Los tres o cuatro mil milicianos que salieron de la ciudad, ante la declaración del coronel Aranda, a los que se sumaron los que habían partido para Madrid en los trenes y furgones, que son derrotados en Benavente y retornaron al Principado, formaron a esas horas ya un cinturón de acoso sobre la capital de Asturias.  
 
   Según las estimaciones, el coronel Aranda contaba para la sublevación con un contingente de aproximadamente 3.200 hombres distribuidos de la siguiente forma: El Regimiento de Infantería de Simancas, en Gijón, con unos 550 hombres; el del Milán, en Oviedo, con un solo batallón en armas con unos 460 hombres de los que 60 estaban en Trubia Un grupo de dos baterías en Oviedo, con otros 200 hombres. Un batallón de Zapadores en Gijón, con 180 hombres. Ocho compañías de Guardia Civil, con un total de 1300 guardias. Cuatro compañías de guardias de Asalto, una de las cuales estaba en Gijón formada por 140 hombres, y las otras tres en Oviedo, con otros 270 hombres. Una comandancia de Carabineros con 300 hombres[7]. No obstante, los mandos de esta fuerza obedecían ideológicamente, a todas las tendencias. Como ya hemos dicho, el Simancas no pudo salir de su acuertelamiento y tuvo que resistir, hasta donde le fue posible, las acometidas de los milicianos, hasta que el coronel Pinilla avisó a los mandos del de la marina nacional para que abrieran fuego sobre el propio cuartel, ya invadido por los frentepopulistas[8]. El coronel de Artillería, Franco Musió, director de la Fábrica de Armas de Trubia, tampoco secundó las órdenes de Aranda y se mantuvo fiel a la República. Según Aranda, en su obra citada, en Oviedo había 42.000 paisanos de los cuales 8.000 estaban en disposición de coger las armas.  
 
   De los diversos planes barajados inicialmente por el coronel Aranda para la defensa de Oviedo y el control de la provincia, la realidad los redujo al establecimiento de un cinturón de defensa de unos 16 kilómetros, que tuvo cinco lugares principales, contando para ello con un total de 3.200 hombres. Fueron estos: Cementerio, con 250 guardias civiles; Buenavista, con 250 hombres entre guardias civiles y paisanos; Canto, el más abastecido, que fue incrementando sus efectivos; Pando, con 150 hombres del regimiento de Infantería Milán número 3 y Cadellada, con otro contingente similar. Más impreciso es el número de milicianos que formaron el cerco de Oviedo que los especialistas calculan entre cuatro o cinco mil combatientes.  
 
LAS COLUMNAS GALLEGAS  
 
   Ya explica el comandante de Artillería, José Manuel Martínez Bande[9] que la situación en el norte de España, esos días, era poco favorable a los nacionales. Aranda no pudo disponer de ayudas, por insuficientes, desde León que ya era territorio nacional, y así lo había contemplado el general Mola, y las ayudas desde Galicia no se pusieron en marcha hasta unos días más tarde. La ayuda fue en forma de columnas de composición variable, formadas por no más de cinco compañías, una sección de Artillería, o a lo más, una batería, y algunos servicios muy elementales. Se conocieron como las famosas columnas gallegas.  
 
   El mando nacional estableció el envío de estas columnas en dos direcciones: siguiendo la carretera de la costa, discurriendo por la carretera nacional N-634, y otra ruta que, desde Lugo, por Ponferrada, accediera por Grandas de Salime para confluir en el puerto de La Espina. Esta sería la primera fase, la segunda consistiría en la llegada de estas columnas a los ríos Nalón y Narcea y la tercera, lógicamente, el acceso a Oviedo. La primera de las columnas, la del comandante Ceano, se puso en marcha el 28 de julio desde Lugo[10]. Por su parte, otra columna mandada por el comandante López Pita progresó por Ponferrada, Villamartín, Páramo de Sil y Villablino.  
 
   Mientras Oviedo aguantaba las embestidas de los frentepopulistas, y los ataques de la aviación republicana, las columnas progresaron su avance hasta la localidad de Grado, a la que llegaron el día 11 de septiembre. El gran escollo había sido salvar el alto de Cabruñana, donde Martínez Bande calcula que entre cinco mil y seis mil milicianos del Frente Popular defendían esta posición.  
   
   A partir de Grado, los nacionales fueron rechazados en San Martín de Gurullés en su intento de llegar a Trubia. Cambiaron de rumbo, tratando de forzar el paso a Peñaflor, lo que suponía un auténtico suicidio. Sin embargo, los nacionales consiguieron llegar al puente de Peñaflor y cruzar el Nalón. Hoy nadie se explica cómo el Frente Popular pudo no haber sido capaz de contener este avance de los nacionales, y sólo el hecho de haber sido este puente el único que no fue volado, probablemente por un error de cálculo, parece ser la causa. Los nacionales, llegados a esta situación, cruzaron el río para ocupar la margen derecha del Nalón.  
 
EL PASILLO DE GRADO  
 
   Los especialistas en esta etapa de la guerra conocen como El Pasillo de Grado, la franja que separa a la villa moscona de la capital Oviedo, desde la ruptura del cerco. Fuertemente protegido, la derrota de los milicianos en Cabruñana, entre los días 16 y 20 de septiembre, fue un duro revés para el Frente Popular, y como consecuencia del mismo cambiaron la táctica hostigando los flancos de las columnas gallegas. Los comandantes Teijeiro y López Pita tomaron la Sierra Sollera, donde rechazaron el avance del brigada Esteban López Condominas[11], de Carabineros que, al frente del Batallón de Cazadores número 2, había cruzado el río Nalón por la localidad de San Tirso. Esos días, la lucha se centraba en el control del llamado Monte de los Pinos y las localidades de Gurullés y Báscones. Todas estas operaciones se realizaban en medio de fuertes ataques de la aviación de cada bando. Los últimos días de septiembre, y primeros de octubre, la lucha se centró en el control del llamado Monte de los Pinos. Los destructores Lepanto y Almirante Valdés, de la armada republicana, bombardearon Luarca, Navia, Tapia de Casariego y Puerto de Vega el 27 de septiembre, y los republicanos contaron con un importante contingente de refuerzo de tropas llegadas de Santander y Bilbao.  
 
LAS TROPAS DE ÁFRICA  
 
Detenido el avance de las columnas, por la dificultad de avanzar hacia Trubia, el coronel Martín Alonso buscó una nueva ruta para el avance de los nacionales. Una carretera más al norte que llevaba al Escamplero, en el concejo de Las Regueras, ya cerca de Oviedo.  
 
   Desde agosto de 1936, el general Franco esperaba el momento oportuno para pasar parte de un fuerte contingente de tropas, calculado entre quince mil y veinte mil hombres, para cruzar el Estrecho y unirse a los  nacionales. Era gente bien preparada, aguerrida y dispuesta, que el general Orgaz Yoldi, Alto Comisario, había supervisado para la ocasión aprovechando el reclutamiento de indígenas marroquíes. Y el momento llegó cuando Indalecio Prieto, en una probablemente precipitada decisión, trasladó la armada republicana al Cantábrico donde, según él esperaba, tuviera lugar la gran batalla naval. Fuerzas de La Legión y de los Grupos de Fuerzas Indígenas Regulares alcanzaron la Península y, en trenes, por la ruta de la Plata, llegaron a Lugo, uniéndose por carretera en Grado a las columnas. Era el atardecer del 11 de octubre. Destaca la presencia, entre las tropas Regulares de Alhucemas número 5, del capitán Fernández-Capalleja, por el protagonismo que alcanzaría días más tarde.  
 
   La táctica nacional era el asalto a las posiciones del monte Naranco, para facilitar el acceso de las columnas a Oviedo.  
 
   Formando parte de la columna de ya Tte. Coronel Teijeiro, el antes citado capitán Fernández-Capalleja, con el IV Tabor de Regulares de Tetuán número 1 (ya había tomado la iglesia de San Martín de Gurullés y la casa de La Tejera, días antes), se incorporó a la vanguardia de las columnas a dos kilómetros de la localidad de Balsera, muy cerca ya de Oviedo. Cargó contra el enemigo, bien atrincherado, los días 14 y 15 de octubre, sufriendo el tabor la baja de dos oficiales muertos, tres heridos, seis suboficiales heridos y 123 bajas en la tropa entre muertos y heridos.  
 
OVIEDO, LIBERADO  
 
   El 16 de octubre, en la vanguardia de la columna mandada por el comandante Rafael Gallego Sáiz, los hombres de Fernández-Capalleja pernoctaron en las lomas del Escamplero para iniciar de madrugada el ataque final sobre las trincheras del Frente Popular. A las diez horas, Fernández-Capalleja ocupó con el Tabor el Pico del Paisano, la cota de mayor altitud del Naranco, donde se fortificó. Esta acción, determinante en la apertura del cerco, tuvo su éxito por la sorpresa que supuso para los partidarios del Frente Popular, que huyeron sin resistencia, y permitió el contacto de las columnas con la ciudad de Oviedo, desde la carretera del Escamplero. Establecida esta posición, la columna mandada por el capitán Carlos Pérez López, cruzó el río Nora y ocupó la loma del Pando, y la mandada por el teniente coronel Teijeiro llegó desde El Escamplero a San Claudio. El cerco se había roto y el aviso fue el tremolar de las banderas nacionales desplegadas desde el Naranco, visibles para los defensores de Oviedo.  
 
   Los días previos a la ruptura del cerco, la artillería frentepopulista arreció sus ataques sobre la población de Oviedo, obligando a la línea defensiva a replegarse sobre nuevas posiciones de retaguardia. Hasta el 14 de octubre, los defensores de Oviedo creían no haber llegado el momento de entregar la ciudad. El coronel Aranda[12] asegura que el número de bajas en el enemigo ascendió a 14000 para un efectivo total de 26000 a 30000 hombres. Este mismo informe sostiene que las bajas entre las defensas de la ciudad ascendieron a 2300 hombres, de los 2800 con que llegó a contar, a los que habría que sumar otros mil paisanos, víctimas del tifus y otras enfermedades. Las líneas primitivamente marcadas para la defensa habían sufrido, en estos últimos meses, continuas modificaciones. Una de ellas sucedió el día 12 de octubre, cuando se ordenó el repliegue sobre el casco urbano. El 17 de octubre, cuando se estableció el contacto con las fuerzas de socorro, hacia las 18 horas, la guarnición cedió su comida y se negó a ser relevada.        
 
 
Notas: 
[1] Joaquín Arrarás, Historia de la Cruzada Española. También Juan de Lillo, en Oviedo, crónica de un siglo.  Tomo II, 1910-1960, dice que el día 16, el gobernador había prohibido las manifestaciones en las calles, en las carreteras y las reuniones al aire libre.
[2] La Voz de Asturias, edición del 24.III.2007, cita al vice director de la Fundación Barreiro, Adolfo Fernández, autor de un libro titulado La verdad del comandante Caballero.
[3] Javier Rodríguez Muñoz, La Guerra Civil en Asturias, Editorial Prensa Asturiana, Oviedo 2007.
[4] Antonio Aranda Mata, Sitio y defensa de Oviedo, Revista Ejército, núm. 7, agosto 1940.
[5] Carlos Martínez Martínez, Al final del sendero, Silverio Cañada Editor, Gijón 1990.Cuenta que aquella tarde del 18, reunidos en el gobierno militar, Aranda parecía fiel a la República. En grandes mesas desplegaba mapas y colocaba banderitas… asistían a aquella sesión según esta fuente González Peña, Amador Fernández, Belarmino Tomás, el alcalde de Oviedo, Miaja (se refiere a un pariente del general que había sido alcalde de Oviedo y era el segundo cargo del ayuntamiento aquel día)…
[6] Honorio Feito, General Fernández Capalleja, un soldado de Regulares. Ediciones Partenón, 2ª edición Madrid 2008.
[7] Honorio Feito, obra citada.
[8] El 21 de agosto de 1936, orden que no fue atendida por las unidades navales del bando nacional al considerar que era una estrategia del enemigo.
[9] J.M. Martínez Bande, Guerra de Liberación, Socorro a Oviedo (Julio-octubre 1936). Servicio Histórico Militar, Revista de Historia Militar, numero 1. Madrid 1957.
[10] El 3 de agosto, en Villapedre, a doce kilómetros de Luarca, tuvo un fuerte encuentro con el enemigo del que resultó herido el comandante, siendo evacuado a Santiago.  Le sustituyó el comandanteTeijeiro.
[11] Falleció en combate el 16 de noviembre de 1936, siendo evacuado un hospital de sangre de Gijón.
[12] Obra citada.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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