Sobre Francisco Franco y su tiempo...
 
 
 
La sedición socialista en Asturias

 

José Alfredo García Fernández del Viso 
 
 
Revolución de Octubre de 1934

Asturias - El Principio del Fin


   En 1931 cae la Monarquía Borbónica en España, capitaneada en ese momento por el rey Don Alfonso XIII, instaurándose a continuación la II República Española.

   Todo ello sucede tras unas elecciones municipales ganadas, en algunas ciudades, por una coalición republicano-socialista, formada por diferentes grupos, siendo las cabezas visibles de los mismos el PSOE y el partido de Manuel Azaña Acción Republicana.

   Sin embargo lo que en un principio algunos pensaron que sería un sistema político nuevo, basado en caracteres intelectuales y modernos, rápidamente deriva en un sistema PRE-revolucionario, buena prueba de ello son los acontecimientos de “Casas Viejas”, en agosto de 1932, que acabaron en una masacre sobre anarquistas.

   Este hecho junto con otros no gusto para nada al PSOE, un partido que no hacía mucho tiempo no tenía gran peso en la sociedad española, pero que desde la Dictadura de Primo de Rivera fue acrecentándolo paso a paso.

   Por ello en 1933 el PSOE abandona la coalición gubernamental y se convocan elecciones anticipadas para el 19 de noviembre, dónde la profusión de siglas constituye un torrente enorme. Ante ello se forman coaliciones de derechas y de izquierdas, mientras surge una vertiente centrista encabezada por Alejandro Lerroux con su partido Radical Republicano.

   El resultado constituyó un varapalo para la izquierda, ya que la coalición de Derechas, denominada CEDA, Confederación de Derechas Autónomas, dónde se integraban partidos católicos y derechistas como Acción Católica, Renovación Española de Goicoechea o el más destacado Acción Popular de José María Gil Robles, gana las elecciones, obteniendo también gran número de escaños el partido Radical de Lerroux. Sin embrago, las izquierdas obtuvieron unos pobres resultados, ahí están los escasos 58 escaños del PSOE para testimoniarlo.

   Pese a su victoria electoral, los dirigentes de la CEDA conscientes del clima pre-revolucionario que se vivía en aquellos momentos en España, decidió cederle el puesto de gobierno a los Radicales de Alejandro Lerroux.

   Rápidamente se derogan algunas de las Leyes creadas por los republicanos y socialistas en la anterior legislatura, intentando calmar todos los ánimos, tanto de la izquierda como de las derechas. Ante ello, tras discurrir varios meses de lo que se denomina como “el bienio radical-cedista”, el líder de la CEDA, José María Gil Robles, solicita a comienzos de octubre de 1934 la entrada de tres de sus diputados como ministros en el Gobierno Republicano. El Presidente de la República de entonces, Niceto Alcalá Zamora, en un principio se niega, a pesar vuelvo a indicar de ser el partido más votado en las elecciones, sin embargo al ser constantes y justas, las peticiones por parte de la derecha, no le queda más remedio que ceder, y nombrar a Rafael Aizpún, José Oriol Anguera de Sojo y Manuel Jiménez Fernández como ministros.
 

   Un acto de legalidad democrática, es entendido por la izquierda, principalmente por los socialistas como un desafío a la República, así es como el PSOE retira la confianza al gobierno de Alejandro Lerroux, no sin antes afirmar como hizo el diputado socialista Fernando de los Ríos, que su partido no toleraría bajo ningún concepto la entrada en el gobierno de ningún miembro de la CEDA.

   A continuación, sin más dilación estalla la denominada “Revolución de Octubre de 1934”.  Sin tiempo que perder, el día 4 de octubre de 1934, el sindicato socialista UGT lanza un llamamiento a toda la población para una huelga general revolucionaria, llamamiento no secundado por la CNT, salvo en Asturias, mientras el PCE todavía en aquellos momentos era un partido sin demasiada fuerza.

   En Madrid, los huelguistas se convierten como en toda España en revolucionarios insurrectos, así es como intentan el asalto al Ministerio de la Gobernación, sito en la Puerta del Sol, de esta forma intentaban neutralizar cualquier acción del gobierno republicano. Después de dos horas de disparos el intento fracasa en gran parte al descubrir a varios socialistas disfrazados de Guardias de Asalto, los cuales pretendían asesinar al Ministro de la Gobernación. Pese a ello las masas izquierdistas estaban en la calle, y los primeros incendios a Iglesias se estaban produciendo.

   Ya al norte de la nación, concretamente en las Vascongadas, la huelga derivó en un movimiento revolucionario pero separatista al mismo tiempo. La UGT ocupa paramilitarmente las zonas mineras e industriales, manteniendo la situación revolucionaria hasta el día 12 de Octubre en que el Ejército sofoca la sedición. Sin embargo los agitadores en este corto período de tiempo cometieron asesinatos como el del diputado tradicionalista Marcelino Oreja Elósegui.

   En Aragón, Andalucía y Extremadura los campesinos no secundaron apenas  el llamamiento revolucionario.

   Mientras en Cantabria, se desarrolla desde el día 5 al 16, centrándose en la zona industrial de Torrelavega y Besaya, produciéndose 11 muertos por parte de las izquierdas, algunos de ellos eran sacerdotes.

   Cataluña se alza en aras revolucionarias con Barcelona a la cabeza. La Generalidad presidida por Luis Companys, de Ezquerra Republicana, proclama en la noche del 6 al 7 de octubre el Estado Catalán dentro de una República Federal Española. Es un hecho gravísimo que es respondido desde el gobierno de la Nación, con la proclamación del Estado de Guerra y la consiguiente intervención del Ejército, mandado por el general Domingo Batet. Tras varias luchas, quemas de Iglesias de nuevo y cerca de 50 muertos, se sofoca la rebelión, no sin antes detener al presidente Companys, incluso fue detenido el propio Azaña, ya que se encontraba en Barcelona en aquellos momentos para asistir al funeral del que fuera ministro de su gabinete, Jaime Carner.

   El principio del fin, se produce en Asturias, es en esta tierra dónde con más virulencia se intenta romper con la legalidad republicana, destilando un odio casi visceral hacia todo lo que las izquierdas consideraban sus enemigos, véase; católicos, religiosos, derechistas, personas acomodadas, monárquicos, falangistas, etc. Realmente se produce el paso previo para una Guerra Civil, cosa que no tardará más de dos años en producirse.

   Precisamente en Asturias ocurre lo que no sucedió en el resto de España, aquí las izquierdas se unen en pos de la insurrección, socialistas, anarquistas y comunistas se unen en la denominada Alianza Obrera, la cual formaría diversos comités para controlar todas las actividades existentes en la región, ya fueran políticas, económicas o industriales.

   La Revolución estaba cuidadamente pensada y preparada desde tiempo atrás, no sólo las manifestaciones de determinados políticos de izquierdas lo indicaban como Largo Caballero en un mitin celebrado en Gijón el 2 de Enero de 1934 dónde dijo: ·”Ya en el último Congreso socialista en Francia, uno de los moderados dijo que frente al fascismo no le queda a la masa trabajadora otro camino que la violencia, y que si se sufre una derrota no sería tan grave como la que infringiría el fascio desde el Poder”. (El Noroeste)

   Sino que los hechos eran palpables en los primeros meses de 1934. De pronto desaparecían cientos de armas en las fábricas de las mismas, siendo detenidos por ello varios de los trabajadores de las fábricas de La Vega y de Trubia principalmente. Pero el hecho más relevante y delatador, fue la noticia que publicó el diario local La Voz de Avilés, dónde se daba noticia de la detención de varios dirigentes socialistas asturianos el día 11 de septiembre por encontrarse involucrados en el alijo de gran cantidad de armas desembarcadas por medio de un barco denominado “Turquesa” en el puerto de San Esteban de Pravia. Además el día 13 de septiembre el mismo diario informaba de la presencia del socialista Indalecio Prieto en Avilés.

   San Esteban de Pravia y Avilés, se encuentran muy próximas en distancia, y las dos localidades son puerto de mar.

   El 19 de septiembre de 1934 otro diario asturiano, en este caso La Voz de Asturias, detalla como dos carabineros del puerto de San Esteban fueron detenidos así como cuatro funcionarios del Ayuntamiento de Oviedo suspendidos de empleo y sueldo, por colaboración con el desembarco del alijo de armas del Turquesa.

   El mismo día 5 de octubre, gran cantidad de mineros armados, ya que se les había entregado las armas por parte de los socialistas días antes, atacan los puesto de la Guardia Civil en las dos cuencas mineras asturianas, la del Caudal y la del Nalón, especialmente centran sus ataques en Sama de Langreo y en Mieres.

   El ataque es tan virulento que tanto la Guardia Civil como la de Asalto enviada para sofocar el intento sedicioso, tienen que retroceder. Ante ello, al igual que en Cataluña, la Republica declara el Estado de Guerra en Asturias.

   Una vez proclamado cuerpos de zapadores y el Regimiento Nº 3 toman posiciones en Oviedo y sus alrededores.

   Ese mismo día, 5 de octubre, Oviedo sufre un asedio por parte de las huestes izquierdistas brutal. Al mando del diputado socialista Ramón González Peña, lanzan una ofensiva desde el Monte Naranco para tomar la Estación del Norte (ferrocarril) y la Iglesia de San Pedro de los Arcos, ambas posiciones de enorme importancia estratégica. Los sublevados daban gran importancia a la insurrección en Oviedo, dada su condición de gran urbe asturiana.

   No sólo es Oviedo, a las tres días del estallido revolucionario, prácticamente toda Asturias se encuentra en manos de los mineros, incluidas las fábricas de armas de Trubia y de La Vega.

   A los 10 días constituyen 30.000 hombres el autodenominado “Ejército Rojo Asturiano”. Comienzan como en otras partes de la geografía española, actos de pillaje, robos, ocupaciones de propiedades privadas, amenazas constantes y lo que es más grave asesinatos de decenas de religiosos con la previa quema de iglesias.

   Se torturan y se asesinan a religiosos, sólo por su condición, ahí están los mártires de Turón torturados, vejados y asesinados, Los Pasionistas de Mieres, varios sacerdotes, monjas, monaguillos, o simplemente personas que asistían a misa[1].

   Ante la situación tan grave de total descontrol, el Ministerio de la Guerra ordena que salga desde León el Regimiento Nº 36 en dirección a Oviedo, y desde Palencia un batallón de apoyo. Sin embargo no consiguieron su objetivo y fueron retenidos por los rebeldes en Campomanes y Vega del Rey (Pola de Lena).

   La situación se agrava por momentos, a mediados de octubre la confianza de los sublevados es tal, que se plantean una marcha desde Mieres a Madrid, con la intención de trasladar la Revolución de nuevo a toda España.

   Los revolucionarios se centran en Oviedo, a la sazón capital asturiana, así es como ocupan el Convento de San Pelayo, con consecuencias para las religiosas gravísimas, el Teatro Campoamor, mientras la Real Audiencia y la Catedral con su Cámara Santa son hechas añicos, destruyendo tesoros de las antiguas monarquías astures de un valor incalculable. Pero los disparates continúan, así es como incendian la Universidad de Oviedo con su biblioteca y archivo, con lo que se han perdido para siempre libros y manuscritos de un valor académico sobresaliente.

   Ante todo ello el Gobierno republicano adopta medidas enérgicas, muchas de ellas se sucedieron debido a la presión que ejercían los ministros de la CEDA. Por ello, ante la petición de Gil-Robles comunicando a Lerroux que no se fía del Jefe del Estado Mayor, general Masquelet, los generales Goded y Franco son llamados para que pongan fin al episodio insurrecto. El general Francisco Franco, formaba parte ya de la elite del ejército español, con una gran experiencia acreditada a base de victorias en África, además había experimentado ya una experiencia similar en Asturias al haber participado en sofocar la huelga general desarrollada en 1917.

   Lo primero que hacen es ponerse en contacto con el General Eduardo López Ochoa, comandante de las fuerzas gubernamentales, para darle indicaciones y enviarlo hacia Asturias. Acto seguido recomiendan que entren tropas de la Legión y de Regulares al mando de Juan Yagüe, desde Marruecos. El Gobierno acepta el envío de las tropas, sobre todo le resulta una gran idea al Ministro de la Gobernación, el radical Diego Hidalgo. La entrada de las tropas el día 14 de octubre es meteórica, se produce el desembarco de dichas tropas en Gijón, ciudad anarquista asturiana por antonomasia, dónde el máximo dirigente de la CNT en Asturias José María Martinez había hecho hincapié para defenderla, su demanda no fue lo suficientemente atendida, ya que desde la Alianza Obrera dirigida por Belarmino Tomás del PSOE se tenía el convencimiento del éxito del proceso revolucionario en toda España, por lo que no temían una entrada de tropas y menos de lo más granado del ejército español, la Legión.

   Libran duros combates con multitud de mineros y de una muchedumbre izquierdista enfervorizada. Sin embargo las tropas de López Ochoa con el apoyo de Africanistas, toman la Fábrica de Armas y poco a poco con el discurrir de las horas van expulsando a los rebeldes de diferentes lugares.

   El día 11 de octubre se disuelve el Comité Provincial Revolucionario con sede en Oviedo ante la entrada de las tropas de López Ochoa. Sin embargo convencidos los revolucionarios del éxito en otras partes de España, forman un nuevo comité en Sama de Langreo con el apoyo total del PCE.

   Las comunicaciones son restablecidas con la capital asturiana el día 13 de octubre.

   Mientras en otros puntos de Asturias la revuelta comienza a decaer, así las tropas gubernamentales del día 14 en adelante toman Noreña, Trubia, y rompen el cerco de Campomanes y Vega del Rey, que constituye la salida natural hacia la Meseta. Gran parte de Asturias está destruida, sobresaliendo por encima del resto Oviedo, dónde los rebeldes ante el avance de López Ochoa con sus tropas, impartieron ordenes de quemar la ciudad mientras huían hacia las cuencas mineras. Era un odio visceral lo que destilaban, ya que en Oviedo se concentraba una gran parte de la oligarquía y de la burguesía astur.

   Finalmente acosado ya por todos los flancos y con numerosas bajas por la gran cantidad de detenciones efectuadas por las tropas de la Nación, el día 18 de octubre Belarmino Tomás, secretario del SOMA (Sindicatos Obreros Mineros de Asturias), entabla conversaciones con López Ochoa, para rendirse, cosa que sucede el día 19 de Octubre de 1934.

   La Revolución de Asturias, primer intento de deslegitimar el orden constitucional, fracasó, no sin antes dejar un gran número de muertos y heridos. Se han contabilizado; 1325 muertos, 2951 heridos, 935 edificios destruidos y 122.561 armas decomisadas.


[1] La Persecución Religiosa del clero en Asturias (1934,1936 y 1937). Ángel Garralda García

 
 
 


FUNDACIÓN NACIONAL FRANCISCO FRANCO // Avda. Concha Espina, 11, 2º - 28016 Madrid -
Tel. 91 541 21 22 - Fax 91 541 43 82 - secretaria@fnff.es
Powered by La Compañía