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Las espigas verdes, si surgieran...
 
 
Honorio Feito
 
 
   El concepto que deben tener los suizos de los españoles rondará el 10. A tenor de las cuentas abiertas en aquel país, por muchos de nuestros compatriotas, esta práctica parece la confirmación de que España es un país lleno de triunfadores que ponen sus ahorros a buen recaudo, en el país de los verdes cantones y las blancas montañas, y afamado sistema bancario. El problema es que ese dinero proviene de negocios sucios, comisiones ilegales, prebendas que da la poltronita(más o menos importante según las circunstancias, pero siempre proveedora de estos parabienes reñidos con la legalidad). El problemano es que fulano, zutano o merengano, se lleven ese dinero sucio, que es de todos los españoles, a Suiza, Andorra, las Islas del Canal, El Gran Caimán o cualquier otro paraíso fiscal, sino que el soporte que genera estas fortunas de varios millones de euros sucios e ilegales, es el sistema político que padecemos desde hace treinta y tantos años.
 
   Que no exista un órgano superior que supervise las gestiones, ni dentro de los partidos, ni dentro del Estado o, que si existe, se pasen sus observaciones por el arco del triunfo, es algo que va más allá que el engaño a los españoles. Es un misil a la misma línea de flotación de la democracia. En definitiva, del sistema que sirve de red a este edificio huero.
 
   El cinismo que acompaña a los miembros de la “casta” les hace víctimas de la torpeza, porque también cabe más torpeza en sus desarrollos. Cuando el punto al que estamos llegando, aún sin haber acabado de limpiar las cloacas en las que habitan los corruptos, invita a una profunda reflexión personal y colectiva dentro de cada formación política, el señor Pedro Sánchez, que parece recorrer el imperio sideral, como su antecesor en el Partido, Rodríguez Zapatero, se dedica a lanzar acusaciones al partido del Gobierno, que es su partido opositor, entregado a la política del y tu más y tu más… como si los asuntos de corrupción no afectaran también, y en qué medida, a su casa.
 
   El panorama está mal porque no es un caso, o dos, o treinta más, es todo el sistema es que sostiene un tejido de corrupción cuyo final se vislumbra aún lejano, o sea que nos quedan sorpresas por conocer.La regeneración, de producirse, tendrá necesariamente que brotar en esta tierra enferma, de este ambiente. Y tendrá como principal tarea, y urgente a la vez, la de convencer al electorado de que la corrupción fue una pandemia ya controlada, contra la que se han fijado protocolos eficaces. Vamos, agua pasada. Aquellos que lo consigan serán las espigas verdes nacidas en el hediondo ambiente que dejaron algunos de sus predecesores, si es que en este estercolero en que han convertido la política los del trinque, cabe aún alguna espiga verde.
 
   Desde su aparición en la escena política, he sido crítico no tanto con la presencia de Podemos, sino con quienes han aprovechado esta formación para meter miedo escénico, haciéndonos creer que Iglesias y su gente vendrán a poner a cada uno en su sitio. He tratado de ningunear esta propuesta por la sencilla razón de que no creo en ella, ni en ellos. Representan la anti-casta, pero formando su propia casta, o sea, que estamos donde empezamos. Las ilusiones de muchos de los que ocuparon la Puerta del Sol, y fueron miembros del movimiento 11 M, han sido superadas por el fenómeno Pablo Iglesias. Pero no dejo de reconocer que ante el panorama que nos han traído, Podemos ha sacudido, por la izquierda, las conciencias de muchos electores.
 
   No ocurre así en la derecha, donde la desertización ha sido más efectiva, y se ha hecho más a conciencia, a pesar de la sistemática “huida” del partido que dirige don Mariano Rajoy a posturas más liberales, y menos identificadas con su propia esencia ideológica. Su mejor carta de presentación, como ha dicho doña Esperanza Aguirre, ha sido la limpieza de sangre, la honorabilidad, que algunos de sus barones ya le han ensuciado. El Partido Popular pagará, seguramente, con la falta de apoyo su añagaza. Y, de surgir el Podemos por la derecha, la desafección de muchos de los que ahora le votan como mal menor, porque se pondría en evidencia la falta de identidad de un programa político con los deseos de su electorado.
 
 
 
 
 
 
 


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