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Las prisas de Pablo Iglesias
 
Honorio Feito
 
 
 
   Se advierte cierta prisa, por parte de Pablo Iglesias Turrión, en celebrar unos comicios electorales. Tal vez, provienen de la situación que, por momentos, se ceban en la estructura de su partido.
 
   Podemos (We can), es el partido político que destaca en las encuestas sobre intención de voto, pero también en el centro de todas las miradas, en el objeto de muchas críticas, por la actitud de algunos de sus líderes de hacer lo contrario de lo que se predica; la andanada de acusaciones hacia algunos de los principales personajes de este partido salta a la vista que era de esperar. Lo que tal vez no era tan de esperar, precisamente, es que estos líderes nacidos en el seno de la Universidad Complutense (que debería tener más control sobre su personal docente, y ver en qué andan ocupados cuando no se ocupan de nada relacionado con la docencia), es que mostraran evidentes muestras de incumplimiento como ciudadanos, desatendiendo sus obligaciones con Hacienda y manejando suculentas cantidades de dinero de oscura procedencia, sin declarar.
 
   Las prisas de Iglesias Turrión por alcanzar los comicios electorales se pueden interpretar como un síntoma de debilidad de sus argumentos, o una falta de confianza en sus propias fuerzas, para mantener el pulso político que, en su caso, sería mantener la esperanza para los que no tienen otra esperanza.
 
   El tiempo puede ser un factor decisivo. Porque de la misma manera que la influencia de Iglesias y su partido subieron como un meteorito, para alcanzar la suficiente popularidad, para que su discurso llegara a las capas más afectadas de la población, dejándose llevar por ese puñado de reivindicaciones algunas de las cuales rayan en la utopía más tierna, el tiempo ahora puede convertirse en un factor capaz de producir el desencanto de los que esperan, el nubarrón de la esperanza.
 
   A la vista de lo ocurrido en los últimos días, el número tres del partido, Juan Carlos Monedero, sobre el que se han centrado muchas críticas últimamente, y sobre todo después del desafío que lanzó al ministro Montoro, parece una mosca atrapada en un panal de miel, y su continuidad en este proyecto, para bien del mismo proyecto, invoca un Alea iacta est, como la que Cayo Julio César pronunció al cruzar sus legiones el río Rubicón, pero al revés. Tratándose de Monedero, al revés.
 
   O sea, que a diferencia de César – no sirven las comparaciones- Juan Carlos Monedero no es que cruce o cruzara su Rubicón particular, no, es que el camuflar unos setecientos mil euros en sus cuentas bancarias, supuestamente cobrados de un país que roza la pobreza, como es Venezuela, donde faltan hasta los enseres más elementales para la vida diaria (y no me refiero a los condones, que han alcanzado un precio récord), la filigrana legal con la que Monedero intentó no declarar ese dinero, le ha empujado a él hacia atrás, a cruzar sí, su Rubicón, pero camino de vuelta. En los mentideros políticos se da por hecho que el profesor está políticamente suspenso.
 
   Las prisas de Iglesias tienen su explicación. Porque el caso Errejón, y el asunto de la Universidad de Málaga, es otro punto conflictivo en la imagen del partido. Por otra parte, para los espectadores que siguen los espacios televisivos de debate político, el mensaje de Pablo Iglesias empieza a ser cansino, incluso para los que confiaron en él; la forma, basada en la demagogia, empieza a representar un hartazgo, y la meticulosa formalidad del a mi no me interrumpas, que yo a ti no te he interrumpido, suena a hueco, a soso, a una artimaña de quien no tiene nada nuevo que decir. Algunos utilizan estas formalidades tras provocar la interrupción de su interlocutor, para prenderse como una garrapata al discurso de éste, a falta de argumentos con los que mantener su postura. De ahí las prisas.
 
    


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