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Las razones maquinales de Susana Sumeizo
Honorio Feito 
 
 
 
Evaristo Fernández San Miguel, general, ministro en varias ocasiones, diputado e intelectual, un progresista destacado, venía a reconocer, en su trabajo sobre la vida de Felipe II, aquello de que con el tiempo se curan los pecados de juventud, o sea, nos habló de cómo el tiempo hace rectificar los radicalismos de los políticos jóvenes. Susana Sumelzo, joven, diputada en el Congreso por Zaragoza y exsecretaria de Administraciones Públicas de la Ejecutiva Federal del PSOE, en cambio, se ha reafirmado en el “no es no” que defenestró a Pedro Sánchez, por el momento, de sus ambiciones a ocupar La Moncloa, en un artículo publicado el pasado lunes 17 de octubre en el diario El Mundo. Esgrime la diputada socialista tres razones para reafirmarse en su postura, aunque la única aparentemente argumentada es la segunda, que obedece, según explica, al compromiso adquirido con sus votantes. Las otras dos son palabras hueras que distraen al lector a través de un laberinto que mezcla palabras e ideas. Algo fútil que se convierte en filigrana autocomplaciente.
 
La primera razón es que el Partido Popular no ha movido una ficha que haga pensar su disposición a cambiar su política, por ejemplo, empezando por el propio aspirante, o sea, a Mariano Rajoy; o el no haber anunciado medidas para evitar la caída de los salarios, mientras aumentan los beneficios empresariales (¿?); o no haber propuesto una reforma fiscal justa y progresiva que limite los beneficios de las rentas más altas y frene la caída de la recaudación (¿?); o que cambien la reforma laboral que desprotege a los trabajadores y preconiza el empleo (¿?), o, por citar alguna razón más, “poner fin a los recortes que han arrasado nuestro Estado del Bienestar”(¿?)…incluso llega a mencionar el “deterioro” de los servicios públicos…(¿?)
 
 Es más que seguro que la diputada socialista no ignora en qué país vive. Por lo tanto, es más que seguro que su artículo, en este primer punto, desgrana argumentos poco convincentes que se resumen en “no es no” y punto. ¿Cambiar a Mariano Rajoy como candidato pretendiente a la Presidencia del Gobierno?, pero si ha sido el más votado, nos guste o no. ¿Qué razones hay, entonces, para que el Partido Popular deba cambiarlo? Otra cosa son los resultados de Pedro Sánchez ante las urnas y la forma en que ha ido perdiendo votos… tema del que hablaremos más adelante. O citar el tema Gurtel, como si la única corrupción en España fuera la de los populares… además de la argucia de hablar de la caída de la recaudación, la desprotección de los trabajadores y otros argumentos mitineros…
 
Las supuestas razones que maneja la diputada Sumelzo, en su artículo, al menos en este primer punto, se reducen a su firme inmovilismo para mantener bloqueada la situación, ignorando que el Congreso de los Diputados, y el Senado, no son los foros donde los partidos tienen que dirimir sus diferencias, sino donde tienen que solventar los asuntos que afectan a la Nación, y que en ambas cámaras hay dos bandos indispensables y complementarios, el gobierno y la oposición.
 
No he sido yo, precisamente, un entusiasta seguidor de la reforma laboral aplicada por el gobierno del señor Rajoy (ni, en conjunto, por la gestión de este gobierno en la legislatura en la que tenía mayoría absoluta para hacer y deshacer a su antojo); pero discutir la reforma laboral exige moverse en un ámbito superior, si tenemos en cuenta las ponderadas declaraciones de los gerifaltes europeos que nos han visitado en los últimos años, acerca de las medidas aplicadas por Rajoy.
 
La segunda razón que expone Susana Sumelzo (para mí, sin duda, la primera y única entre todas), es su compromiso con sus votantes. Dice la diputada socialista que fue “un compromiso claro, directo y taxativo”…”adquirido en cada página del programa electoral, en cada mitin de campaña, en cada declaración a los medios…” Habla mucho en su favor esa lealtad hacia el compromiso adquirido con los votantes socialistas. Pero, estoy seguro que Susana Sumelzo no ignora, en este caso, que ese nivel de compromiso, “claro, directo y taxativo” comprometió la opción de un Pedro Sánchez poco flexible, y lo empujó a una postura implacable, ante unos resultados que exigían, al menos, un mínimo de talante negociador. Su compromiso fue tan “taxativo” que, ante la incapacidad para ser investido al frente de los partidos del cambio, como gustan decir, se vio obligado a pactar sus opciones con algunos de estos partidos, y el cambio planeó como una seria amenaza para el futuro del partido que fundó Pablo Iglesias Posse, y no el que quería hundir Pablo Iglesias Turrión.
 
Reconoce la diputada socialista que esta postura intransigente les hizo perder algunos votos, aspecto a lo que no da importancia, mientras valora los millones que sí votaron y eligieron a los 85 diputados electos. Sigo pensando que no ignora, la diputada, las consecuencias de perder votos, de forma sucesiva, en las dos consultas habidas con Pedro Sánchez y su “taxativo” compromiso que, al parecer, no era del gusto de muchos.
 
La tercera razón de la diputada Sumelzo viene a reafirmar el inmovilismo del equipo de Pedro Sánchez y cree que “con la abstención del PSOE, el manejo de los tiempos electorales quedaría en manos del Partido Popular, que aprovecharía para convocar las elecciones que ahora pretenden evitar…”
 
Como tengo la certeza de que Susana Sumelzo no es una ignorante, me parece que esta tercera razón es absolutamente pueril, y la utiliza para distraer el pensamiento de sus votantes y seguidores. Porque ella sabe que Rajoy está jugando con los tiempos electorales desde que empezó este episodio electoral, allá en diciembre próximo pasado. Que Rajoy diga, a estas alturas, que no hay que llegar a unas terceras elecciones no quiere decir que, si fuere necesario, estaría dispuesto a acudir de nuevo a las urnas sabiendo que el resultado aún sería para él más favorable, que es como decir que los socialistas pagarían este inmovilismo con más votos. Porque uno de los pecados que encarna Pedro Sánchez, y sus fieles, como Iceta y Susana Sumelzo, es, precisamente, el hartazgo que ha producido en los españoles, y porque, como defienden algunos de sus compañeros, abstenerse no significa ponerse en manos del partido contrincante, sino desatascar una situación tediosa que está costando un precio muy elevado a la sociedad española en general. Aún queda el juego en la oposición que luce más y desgasta menos. Es una cuestión de estrategias, y ella, seguro, lo sabe
 
 
 


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