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Libertad marxista
 
Daniel Juesas
 
 
   Hablar de libertad marxista es hablar de algo que no existe, de algo imposible. Libertad y marxismo son términos incompatibles, es como hablar de fuego helado, hielo caliente, noche soleada…, suena ocurrente pero no es real. Ofrecer libertad con marxismo es como querer iluminar una habitación poniendo en la lámpara una bombilla fundida.   Si el marxista quiere algo, lo impone; si al marxista no le gusta algo, lo prohíbe. Es así de simple y así de triste. Unos ejemplos pueden ilustrarnos:                          
 
   Si al marxista no le gustan las corridas de toros, en vez de no ir a ellas, las prohíbe; si no le gustan las procesiones (o no cree en ellas) las impide; si no le gusta un político, lo asesina (como a Calvo Sotelo); si le molesta la Cámara Santa, la vuela con dinamita; si no le gusta la biblioteca de la Universidad, la incendia; si le disgusta lo que dicen los medios de comunicación, los censura; si le molesta un monumento o un monolito, lo destruye o retira (generalmente con nocturnidad y alevosía); si le ponen una multa, desaparece el expediente; si le gusta viajar en clase preferente lo hace durmiendo a boca abierta y si otro viaja en preferente es un capitalista.   
 
   Esos ejemplos (unos del pasado, otros muy recientes) deberían servir para aleccionar al pueblo. Al famoso pueblo del que no callan y al que pretenden “liberar”. Todo por el pueblo…¡¡ya!! Pero sin el pueblo.   En fin, cuando alguien te ofrezca libertad con una hoz y un martillo no esperes más que una coz y si te opones…en la nuca un gatillo.
 
 
 


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