Cultura
 
 
 
Libros: La economía fingida, de José M. Cansino
 
 
   El lector cierra las páginas del libro La Economía Fingida del Dr. José M. Cansino, y se pone a pensar en la claridad de la exposición y en la audacia de las soluciones. Recuerda las palabras del líder soviético Gorbachov:
“Tengo mil economistas y uno tiene razón pero no sé quién es”. Aquí, en el solar hispano, ya sabemos quién es uno de los que tienen razón.
 
   A la postre, la política no hace nada o no sabe qué hacer con la crisis económica. Para pagar lo que debemos se carga contra las clases medias pero no contra los gastos enloquecidos de un Estado con diecisiete administraciones y sus respectivas diputaciones. La sociedad española tiene todo el derecho del mundo a cuestionarse si es racional la organización del Estado que paga con sus impuestos. Desde luego no parece sensato haber clonado diecisiete veces el Estado nacional para replicarlo a nivel regional y, a veces, local.
 
   Ante que en la Moncloa se dieron cuenta las grandes empresas. No pocas multinacionales, con delegaciones en distintas provincias, están replegándose a una única oficina en Madrid o Barcelona. Hoy, la economía española junto con la italiana y la griega, son las que mayor tasa de economía sumergida tienen. Hasta un por 23,3 ciento. Casi uno de cada cuatro euros que se producen no tributan.
 
   En España falta conciencia de ciudadano. Como dijo la socialista Carmen Calvo,  “el dinero público no es de nadie” y el Estado sigue metiendo la mano en el bolsillo del contribuyente, que tampoco tiene conciencia de serlo en cuanto a fiscalizar qué hacen con su dinero. Más aún, el gobierno estuvo fingiendo que no había crisis y millones de compatriotas lo creyeron. El resultado son centenares de miles de españoles que carecen ya de lo esencial.
 
   La burbuja inmobiliaria, un gobierno manirroto y vivir por encima de las posibilidades reales han sido los pecados de una nación que creía ser rica. Hasta un 10 por ciento del crecimiento del último decenio lo fue por el boom inmobiliario. La burbuja fue posible por la complicidad del sector financiero, así que si aplicamos el ecologista “el que contamina paga” para quien emite CO2 pues también para quien vendía activos tóxicos.
 
   El resultado son las colas en los comedores de Cáritas, ya tan numerosas como las del paro. Hoy todo lo soportan las familias, la solidaridad natural más antigua, pese a los intentos legales de triturarla. Pocos son los que introducen la cuestión demográfica cuando se analiza el futuro de las pensiones. Los “expertos” en la materia guardan silencio ante la baja natalidad en España. Es como si, en el fondo, desconfiaran en que hubiese trabajo para todos los niños en el futuro. Si rejuveneciéramos la sociedad española volveríamos a una pirámide demográfica natural y a un sistema de pensiones sostenible.
 
   ¿Cómo ir solucionando esto? Comencemos por modificar el IVA haciendo que se pague por facturas cobradas y no por emitidas. Luego usemos los créditos ICO para que las administraciones salden sus deudas con las empresas a las que deben dinero; luego apostemos por la inversión agrícola. Con una demanda creciente de los países emergentes y la presión de los biocarburantes, la agricultura tiene posibilidades y, además, puede emplear a mano de obra que antes trabajaba en la construcción. Sigamos por la obra civil; tenemos buenos ingenieros que ganan proyectos gigantescos en Panamá, Reino Unido, etc. Pero hay que coger la maleta. Hoy la élite de la albañilería está levantando rascacielos en los Emiratos Árabes. Encontrar empleo pasa por moverse.
 
   La evidencia empírica arroja resultados muy discretos sobre la empleabilidad y los salarios de quienes siguen cursos para desempleados. Sin formación de calidad no puede haber empleos de calidad. No cualquier formación mejora la empleabilidad. En España se decidió que buena parte de esta formación se impartiera en centros gestionados por sindicatos y organizaciones empresariales; el Tribunal de Cuentas ha sido claro en la valoración de cómo se ha gestionado este dinero. Ha sido terreno abonado para el abuso. Los perdedores han vuelto a ser los trabajadores españoles.
 
 


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