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Lo que Vanessa vale
 
 
José Manuel Cansino Muñoz-Repiso
Profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla 
La Razón (23/12/2013)
 
 
 
   Bien porque se prevén unas grandes rebajas en enero y con ellas el retraso de muchas compras, bien por pintar de color el oscuro panorama, lo cierto es que el alumbrado navideño se adelantó este año.Y fue paseando envuelto por el frío, alumbrado por las guirnaldas y visitando Nacimientos cuando nos la encontramos.
 
   Tenía en su cara dibujada la felicidad y en los brazos a Vanessa; unos ojos azules que cabían en cuatro meses y que verán -Dios lo quiera- escribir su vida.
 
   La propuesta que le hicieron a la madre de Vanessa fue 700 euros y nueve horas al día, o a la calle. Es posible que tuviese más suerte que miles de madres a las que sólo les mostraron la puerta de la calle cuando todo empezó a derrumbarse en 2008, pero esas fueron las opciones en este caso.
 
   Los economistas llamamos 'salario de reserva' al salario por debajo del cual no aceptamos un empleo.
 
   El valor concreto del salario de reserva es diferente para cada persona pero la Ciencia Económica se basa en la Ley de los grandes números y, con demasiado desacierto, sólo aspira a calcular valores promedio o, todo lo más, valores promedio diferenciados por rango de edad, sexo o nivel de estudios.
 
   Hay varios factores que hacen que el salario de reserva suba o baje. Uno de ellos y probablemente el más discutido es la cuantía de la prestación por desempleo y la duración de esta.
 
   Una prestación por desempleo elevada y prolongada en el tiempo hace que el salario de reserva aumente respondiendo a un razonamiento inmediato que viene a decirnos, "por pocos euros más que me ofrecen en este trabajo, prefiero seguir en casa cobrando el desempleo”. Y es sobre este argumento sobre el que se apoyan quienes defienden tanto la disminución de la prestación como la duración de la misma. Con ello pretenden reducir el nivel de paro favoreciendo que los desempleados acepten nuevos trabajos por la perentoria razón de no tener otros ingresos.
 
   Los economistas, que también tenemos nombre para esto, lo denominamos transición del desempleo hacía el empleo, pero también podríamos llamarlo "procesión" hacia el empleo o principio de "quillo, no hay más remedio que ponerse a trabajar".
 
   Estimo que a la madre de Vanessa llegaron en los seis primeros meses de paro unos 653 euros mensuales. Si sigue sin encontrar un empleo que supere su salario de reserva, aún podrá cobrar unos 617,74 euros al mes durante otros dieciocho meses.
 
   De momento lo que podemos afirmar es que el salario de reserva de la madre de Vanessa está por encima de 700 euros y nueve horas de trabajo diarias, parte de las cuales se cobrarán en dinero B y, naturalmente, su empresa no cotizara por ellas.
 
   Así qué "sabes lo que te digo, José Manuel" que yo con mi paro y lo que gana mi marido me quedo criando a esta -ahí estaban los cuatro meses de ojos azules de Vanessa- y no la dejo con nadie. El profesor Rafael Sánchez Saus ha recordado estos días el problema demográfico escribiendo “sin merecer una sola portada de periódico, el problema demográfico se ha ido convirtiendo en la principal amenaza que gravita en el medio y el largo plazo sobre la sociedad española”.
 
   Estar con Vanessa cada minuto de sus primeros años le supone a la madre renunciar a 47 euros mensuales los primeros meses y 82,26 euros hasta que alcance los dos años. Habrá quien diga que criar a Vanessa vale la suma de todo a lo que renuncia.
 
   La madre de Vanessa seguirá figurando en la dramática lista de desempleados y las personas que trabajamos le financiaremos su prestación como ella hizo cuando trabajaba con quienes no tenían empleo.Conozco a esta mujer y no le teme al trabajo. Todo lo contrario. Anduvo peleando hasta el final incluso cuando sabía que su empresa se iba a pique porque la Administración no abonaba las facturas pendientes y el banco ya no renovó ninguna póliza de crédito más.
 
   Saldremos de la crisis y Vanessa verá a su madre encontrar un nuevo empleo y llegar tarde a casa con la espalda destrozada -su trabajo le obliga a pasar muchas horas de pie tras un mostrador-. Pero cuando llegue, le regalará el mejor tiempo del día. Era lo que estaba haciendo aquella tarde cuando su familia y la mía paseábamos visitando Nacimientos.
 
   Saldremos de esta. Siempre se sale. Pero cuando esto pase, no duden de que los que ahora se lamentan de las barbaridades cometidas en el tiempo de la burbuja, no tardarán un instante en volver a hacer lo mismo. Entre otras cosas, a cambio de pagar 700 euros mensuales por nueve horas al día.
 
 
 
 
 
 
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