Actualidad
 
 
 
Los alemanes y la política española
 
Honorio Feito 
 
 
   En mis manos, un ejemplar del periódico El Siglo Futuro, correspondiente al lunes 30 de diciembre de 1889, en el que se lee: “La Hacienda está destrozada, las fuerzas de los contribuyentes agotadísimas hasta el extremo, los gastos son superiores a los ingresos, las deudas y los compromisos financieros crecen y los hombres que dirigen los negocios del Estado no presentan solución a tanto conflicto…”
 
   No habla de la prima de riesgo, pero describe la situación real de hace nada menos que 124 años, análoga a la actual. Tal parece que esta crónica tuviera correspondencia con un informe reciente en manos de la canciller alemana Ángela Merkel, porque el artículo reproduce a su vez otro publicado en el periódico alemán Nueste Nochristen, del que se hacen eco los rotativos españoles de aquellos tiempos. 
 
   La opinión de la canciller alemana y muchos políticos de aquel país sobre España no es buena. O sea, toman a todos los españoles por vagos, amantes de la siesta, amigos de fiestas laborales y juergas, y poco dados al trabajo y a la disciplina. Pero no es de ahora. Cuando ese enjambre de avispas, que es la crisis económica, decidió posarse sobre España, tras haber libado los campos griegos y portugueses, Merkel y muchos de sus colegas aventaron soluciones drásticas para devolver a España la confianza de los mercados y reducir la prima de riesgo. Yo mismo fui crítico con ese protagonismo alemán, que seguramente desconocía la realidad española, y puse ejemplos de otras épocas de nuestra Historia reciente en la que España había conseguido situarse en lugares de privilegio en esto de la economía y la confianza de los mercados. Y he criticado la sumisión del gobierno del señor Rajoy cuando anunciaron la reforma laboral, con la que abrían legislatura. 
 
   La evidente cascada de corrupción de los políticos españoles y los privilegios de la llamada “casta política” (todavía hay quien me reprocha utilizar este término), ambos con intereses frontalmente contrapuestos a las economías domésticas y al comportamiento de la mayoría de los españoles, así como algunos reportajes publicados en la prensa alemana sobre la realidad española, parecen haber considerado que no es nuestro carácter el culpable, sino el comportamiento de algunos políticos y privilegiados personajes que han hecho de su capa un sayo, y de su situación un privilegio. 
 
   Pero volvamos a la fecha del aquel lunes 30 de diciembre de 1889 porque los paralelismos con la actualidad parecen calcados. Este mismo periódico que hemos citado asegura que “en la clase media y en los trabajadores, y hasta el la más alta sociedad, desaparece el interés por los debates del Parlamento. Estos encuentran cada día más adversarios; va creyendo la opinión que los intereses del país no están representados en los Cuerpos Colegisladores…” o sea, que lo que hoy llamamos Opinión Pública, en general, ha dado la espalda al Parlamento porque la partitocracia se ha adueñado de la cosa pública y las Cámaras sólo son escenarios donde los partidos, especialmente los dos grandes, echan un pulso sobre cuestiones banales para la sociedad, pero importantes para sus intereses.
 
   Seguimos: “En España no se va a las Cámaras para arreglar los asuntos del país, sino para luchar por el poder, y esto de una manera poco común, pues no se repara en los medios por malos que sean. A la mayoría ninguna censura le parece bastante para abandonar su sitio y todos los discursos y ataques de la oposición no consiguen convencer al gobierno ni dar un resultado satisfactorio para el país”.
 
   Pues, conclusiones personales al margen, esta conducta de la mayoría parlamentaria es lo que muchos años más tarde los cronistas de Cortes han etiquetado como “el rodillo”, que igual lo pasan unos que otros, sin distinción de colores porque conviene saber que en el tiempo en que se escribieron estas crónicas en la prensa alemana, gobernaban los fusionistas, con Sagasta a la cabeza, que era la izquierda del momento. 
 
   Para otros periódicos germanos, Sehlesische Zeitung y el Breslawer Zeitung, la gran preocupación de los corresponsales alemanes, a los que La Época tacha de graves y sesudos, es la corrupción política que coaccionó las elecciones municipales últimas dando origen a escándalos mayúsculos, con gran ventaja para el partido gobernante, que ponen en entredicho a la democracia española de la época.
 
   O sea, que la fama la traemos de atrás. 
 
 
 
 
 
 


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