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Los juanistas pactaron con los ingleses ocupar Canarias
 
 
Pedro Fernández Barbadillo 
 
 
   En los años comprendidos entre la rendición de los franceses ante el Eje y el desembarco aliado en Normandía, el mapa de Europa se modificó varias veces. Los pequeños rondaron la mesa de los grandes para recibir las migajas. En la Conferencia de San Francisco incluso hubo una delegación de los que entonces se llamaban bosniacos para suplicar la independencia de su país. Francia y el Imperio británico, que habían ido a la guerra para defender la independencia de Polonia, aceptaron que Stalin se anexionase el territorio pactado con Hitler (más Lituania, Letonia y Estonia) y convirtiese el país en un satélite.
 
   Tanto el pretendiente a la Corona de España, Juan de Borbón y Battenberg, como sus escasos partidarios se acercaron a los Aliados y al Eje según la marcha de la guerra para buscar la restauración de la monarquía. Adolf Hitler aceptaba a los reyes siempre que cumpliesen sus órdenes y se sometiesen a la hegemonía alemana; mantuvo una excelente relación con el rey búlgaro Boris III y lamentó mucho su muerte. Después de la desmembración de Yugoslavia como fruto del sistema de Versalles, los italianos instauraron una monarquía en la persona de Aimone de Saboya, nieto de Amadeo II de España.
 
   En este juego, se realizaron maniobras con los dos bandos. El infante Juan no abandonó Italia por la neutral Suiza hasta entrado 1941. Tanto él como su madre, la exreina Victoria Eugenia de Battenberg, recibieron información confidencial de los Aliados por medio de sus familiares ingleses, como Lord Mountbatten. Al mismo tiempo, el pretendiente recibió una invitación para una montería con el mariscal del ReichHermann Göering.
 
En vez de Normandía, el golfo de Rosas
 
   Uno de los planes elucubrados por los aspirantes a cortesanos de don Juan fue el de establecer una junta monárquica en Canarias bajo protección británica en caso de invasión alemana de la Península.
 
   El primero en desvelar estos tejemanejes fue el periodista juanista Víctor Salmador (Don Juan de Borbón. Grandeza y servidumbre del deber). En 1942 los cortesanos se convencieron de que los alemanes iban a perder la guerra. "Un alto personaje de la diplomacia norteamericana" ofreció a un grupo de conspiradores el siguiente plan: el general Kindelán se haría con el mando militar en Cataluña y proclamaría inmediatamente la monarquía; los alemanes cruzarían los Pirineos para derrotar a los rebeldes y entonces los juanistas solicitarían "el apoyo aliado, facilitándose el desembarco de sus tropas en la histórica bahía de Rosas". Este plan, cuenta Salmador:
 
"...hubiera adelantado posiblemente un año el final de la guerra mundial en Europa. (…) Y la España monárquica, moderada y sin bandería, hubiera podido sentarse a la mesa de las naciones triunfantes en las conferencias internacionales posteriores a la guerra."
 
Aparte de consistir en una versión guerrera del cuento de la lechera, el precio habría sido la transformación de España en campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Y los muertos que se produjeron en Francia en 1944 se habrían producido aquí. Pero Salmador prosigue su relato:
 
   "El plan de Cataluña se abandonó, porque entonces, como siempre, lo mejor es enemigo de lo bueno. Y lo mejor parecieron las islas Canarias."
 
   Tanto los nazis como los aliados planeaban la ocupación de las Canarias para impedir o facilitar los desembarcos anglosajones en Europa y África. Los primates monárquicos relacionados con los servicios secretos británicos estaban dispuestos a trasladarse a Canarias en los buques de Su Majestad.
 
   Pedro Sáinz Rodríguez (Testimonio y recuerdos) cuenta lo siguiente:
 
   "Durante ese período [1942] continué desde Portugal mis gestiones con los ingleses para la tarea que ya queda expuesta, que era la formación de una junta monárquica que se situaría en Canarias en el caso de una invasión alemana de la Península, para constituir en las islas un Gobierno defensor de la independencia de España. (…) he de decir que Inglaterra tomaba tan en serio esta gestión que, cuando el desembarco americano en África, tuve a mi disposición en el Tajo un barco de guerra inglés que me trasladaría a Canarias."
 
   Una de las piezas capitales de esta conspiración era el general Francisco García-Escámez, al que Franco mandó en 1940 a Las Palmas como gobernador general y en marzo de 1943 ascendió a capitán general del archipiélago. García-Escámez estaba dispuesto a sublevarse contra su jefe y acoger a los británicos y los juanistas.
 
   Según Salmador,
 
   "Un gobierno monárquico en Canarias, con un statuscomo el de Chiang Kai Shek en Formosa, puede visualizarse como algo de más sólida arquitectura que los etéreos poderes de De Gaulle y de la Francia libre, que, sin embargo, se concretaron y materializaron como consecuencia de la victoria aliada."
 
   Cabe decir que Estados Unidos abandonó al generalísimo Chiang Kai Shek, aliado en la guerra y combatiente a los japoneses desde los años 30, ante los comunistas de Mao Zedong.
 
A Don Juan no le gustó el plan
 
   ¿Estaba el infante Juan al tanto de estos planes? Salmador afirma que sí y reproduce sus palabras.
 
   "La proposición para establecer ese gobierno allí aparecía rodeada de todas las lógicas, fuerzas y apoyos que son necesarios para viabilizar cualquier conspiración –me dijo don Juan-. Yo no actué en ningún instante como promotor, como inspirador de la conspiración, ni intervine directamente en ella. La conocí, sí, y el gobierno británico exploró mi actitud ante tal hipótesis".
 
   A don Juan, aquí más sagaz que sus consejeros, el plan no le gustaba:
 
   "... mostraba cautelas patrióticas ante el propósito de vincular la Monarquía al proyecto. (…) Que lo de Canarias no esté antes [de la invasión alemana] sino después; que no sea un factor desencadenante, sino una consecuencia."
 
   De estas palabras se deduce que los británicos estaban dispuestos a desembarcar en Canarias antes de que los alemanes pusieran un pie en la España peninsular y que algunos monárquicos estaban de acuerdo en participar en esa invasión, implicando a su rey. Con razón sostiene el historiador Ricardo de la Cierva que fueron los cortesanos los que le hicieron perder a don Juan el favor de Franco y, por tanto, el trono.
 
   El plan de estos monárquicos recuerda en mucho al del socialista Juan Negrín, presidente del Gobierno de la España roja, que quería alargar la guerra civil hasta que estallase la europea, porque entonces, pensaba, Inglaterra y Francia se unirían a la URSS para combatir al nazi-fascismo. Pero en agosto de 1939 la URSS y Alemania se convirtieron en aliados y se repartieron Europa Oriental.
 
   Por fortuna, la política exterior española la fijaban otras personas. En el mismo libro, Salmador reproduce lo que le dijo el infante sobre el comportamiento del Gobierno franquista con Hitler para evitar la entrada en la guerra:
 
   "Aquellas tan difíciles relaciones fueron bordadas por parte española. Habilidad, astucia, talento, paciencia… todo. Las divisiones alemanas estacionadas en los Pirineos igual que perros de presa; Hitler acuciando… Chapeau! Chapeau!"
 
 
 
 
 
 
 


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