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Michael Seidman: "El franquismo asentó las bases para la transición democrática"
 
Peio H. Riaño
El Confidencial 
 
      La CNT reclamaba eficacia y rendimiento a sus militantes convertidos en empleados, durante la revolución obrera de Barcelona, en 1936. Más productividad, más trabajo, más revolución. Y como no lo consiguieron respondieron, como antes lo habían hecho los patrones a los que desbancaron, con más represión. Los que antes velaban y protegían la humanidad del trabajador recuperaron incluso la jornada estajanovista.
 
      Los activistas, rezan las actas de las fábricas, afirmaban que las huelgas hacían perder el gusto por al trabajo. Se lamentaban de la falta de compromiso de los trabajadores. Los nuevos dirigentes echaban en falta más revolución y menos reclamación. La tensión crecía, los trabajadores reclamaban una semana laboral de 40 horas, como hacía la revolución burguesa francesa. Pedían la supresión de la remuneración estajanovista. A cambio, las asambleas de las colectividades prohibían la impuntualidad, las enfermedades fingidas, el absentismo y cantar en horas de trabajo.
 
El historiador estadounidense Michael Seidman asegura que la represión volvió a las fábricas cuando los obreros dejaron de trabajar con entusiasmo
 
      El historiador estadounidense Michael Seidman ha bajado a las fuentes obreras para reconstruir un relato que, dice, se mantenía oculto. En el libro Los obreros contra el trabajo (Pepitas de calabaza), hace un profundo repaso a los movimientos revolucionarios en Barcelona y Francia del 36: “Es el primer libro que habla de la resistencia al trabajo de los obreros. En el relato se derrumban los mitos de los anarcosindicalistas, que creían que se podía democratizar la fábrica y se encontraron con que los obreros no tenían ese entusiasmo revolucionario, porque no querían trabajar. Eso está en los archivos, para ellos la revolución era eso, no trabajar”, afirma Seidman.
 
Unos obreros vagos
 
      A Seidman le interesa investigar a los obreros, no solamente a sus líderes y a sus partidos. Esto, precisamente es lo que recrimina a la historiografía española tradicional, que no se hayan preguntado por ellos. En esas actas el historiador ha encontrado falta de entusiasmo y no era, según su interpretación, porque los sindicatos traicionaran sus derechos laborales una vez en el control de la industria.
 
      "Yo creo que los militantes querían que los obreros trabajasen bien, pero los obreros no lo hicieron. Las nuevas leyes opresivas contra huelgas e indiferencia vienen por la resistencia al trabajo, no de la traición”, dice. “Cuando no trabajaron con entusiasmo, intervinieron para forzarlos y obligarlos. Pero no tenían intención represiva, es que los obreros trabajaban mal. Porque interpretaron que la revolución era trabajar menos. No exisitió la voluntad de trabajar duramente durante la revolución. Por eso los sindicatos volvieron a introducir el trabajo a destajo. Hasta el momento, los historiadores marxistas lo habían leído al revés”, explica consciente de la polémica que levantará esa interpretación.
 
El historiador asegura que entre el franquismo y el comunismo hay aspectos muy similares, como 'la seguridad en el empleo de los trabajadores'
 
      Pero no es la única. Ayer, antes de presentar la obra en la librería Traficantes de sueños, en Madrid, hablo con este periódico y aseguraba que“el franquismo tiene aspectos muy similares al comunismo”: “El franquismo dio seguridad en el empleo, como los bolcheviques. El franquismo temprano también fue un periodo de muy baja productividad y las reformas liberaron la economía para dar incentivos y aumentar la productividad”.
 
      Es decir, según Seidman, la liberalización animó a la inversión del capital extranjero en España. “El franquismo hizo una revolución industrial que no hizo la burguesía. Asienta las bases para la transición democrática. Franco, como neotradicionalista, no podía insertar el rechazo a la Iglesia, pero sí modernizó la economía. El franquismo ha hecho una industrialización capitalista que cambió la sociedad drásticamente”, añadió. Los obreros contra el trabajo es un estudio meticuloso sobre el idealismo fracasado, un duro golpe -por contrastar- contra el relato de una clase obrera luchadora. 
 
 
 
 


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