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Motor inútil, por "von Thíes"
 
 "Von Thíes"
 
 
 
   Hace algún tiempo leímos un cuento en el que los vecinos de una urbanización denuncian a la policía a uno de ellos porque oían por la noche el apagado ruido de un motor procedente del sótano de dicho vecino y sospechaban alguna actividad delictiva. Se persona la policía, y el vecino denunciado los lleva al sótano donde ven un hermoso motor, grande, limpio, majestuoso, con los metales bruñidos… “¿Y esto qué es y para qué sirve?”, pregunta uno de los polis. “Es un motor, responde el denunciado, y no sirve para nada”. Pero como ve que la respuesta ha hecho fruncir el entrecejo del policía, que en estos casos suele ser un mal presagio, añade: “es un motor perfecto, quizá el más perfecto que nadie haya construido jamás, pero le aseguro que no sirve para nada, sólo para mi”. Y les explica a los sorprendidos oyentes que el motor es limpio, gasta poco, no poluciona, su ruido es suave y casi musical, se lubrica solo, se suministra de gasoil cuando lo necesita sin que nadie intervenga, periódica y automáticamente pasa el control de un muy exigente y personal ITV, cambia piezas cuando son necesarias de forma también automática, aunque anota en una pizarra el consumo de ellas por si es necesaria su reposición en el almacén particular… Pero no mueve nada, no transmite nada, sólo limpieza y un trabajo bien hecho pero, eso sí, funciona. Se marchan policías y vecinos, poco después llega una ambulancia, y unos hombres de batas blancas se llevan al fabricante de motores inútiles a un centro psiquiátrico.
 
   El Ejército no puede ser un motor inútil, porque es caro y su mantenimiento, quizá sin la perfección del que hemos visto en el sótano del vecino denunciado, representa un gravamen para el paga-impuestos que ha de sumar a los que ya paga a la infecta TVE, a las embajadas autonómicas en Shangay, o al señor Cayo Lara para que siga diciendo tonterías a cargo del erario público. Tampoco puede ser un motor que se emplee para una finalidad ajena a aquella para la que fue concebido. Un reactor de un “Jumbo”, aunque pertenezca a una Compañía de Bajo Coste (el “Low Cost”, que se lo metan donde les quepa) sólo sirve para impulsar el mastodonte y lanzarlo al aire, si se utiliza uno de sus reactores como secador de pelo, ventilador o como concierto de música “heavy metal”, se está empleando mal, y el reactor es caro.
 
   El Ejército tiene unas  misiones muy específicas (que no son solo del español), cuales son defender a España de las agresiones exteriores, y la de estar ahí para prevenirlas, defender la unidad de España, además de otras como honrar la Bandera, defenderla de ataques y ofensas, desfilar de vez en cuando y ayudar a otros organismos e instituciones del Estado (policía, bomberos…) en caso de necesidad. Para ejercer sólo de bombero, de repartidor de bocadillos o para quitar escombros, no está creada esa institución tan profesionalizada ni tan cara.
 
   Tampoco puede volcarse sobre el Ejército lo que se almacena en el cubo de la “igualdad de género”, que traducido del inglés se dice “igualdad de sexo”. Se ha de ser tan duro y exigente en este campo como en el del atletismo, donde una nadadora no compite con un nadador, ni una moza boxeadora se lía tortazos con mozo de las mismas aficiones deportivas. El motor del Ejército ha de tener sus piezas bien elegidas y no todas sirven para lo mismo.
 
   Se habla de un proyecto para suprimir el Ejército (ponen como fecha del ”evento” el año 2023) y dejarlo en algo parecido a lo que hay en Costa Rica o en Andorra. También se dice que ese proyecto para liquidarlo es una especie de banco de pruebas para hacer lo mismo en otros europeos. El desarme “occidental” es un proyecto que huele a diabólico porque no podemos olvidar que el Ejército, aquí y allá, guste o no a la “progresía”, tiene unas características que le distinguen de otras instituciones. Sí, nos referimos a que el Ejército, aquí, allá y acullá, es también la columna vertebral de la Patria. La lealtad, el espíritu de sacrificio, la disciplina, el valor…  tienen en el Ejército un peso mucho mayor que en otras instituciones.
 
   Por el momento, el Ejército español, sometido a las decisiones de un partido, el que sea, a través de eso que se llama ministerio de Defensa, se está pareciendo al motor del cuento por aquello de su inutilidad, aunque todavía funciona para algunas cosas; pero si calla y otorga, sin mover un dedo, en la maniobra bien planeada desde hace medio siglo para quebrar la unidad de España, el Ejército es un motor inútil si no sirve para su misión principal: defender a España de enemigos exteriores e interiores. Y si se convierte definitivamente en un motor inútil, no pasaría nada si se reconvirtiera en una especie de policía de caqui (hoy mimetizado), un organismo a caballo entre la policía (las múltiples policías), los bomberos y los repartidores de bocatas de salchichas de Frankfurt, también conocidos como perritos calientes.
 
 
 
 


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