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¿POR QUÉ EL 18 DE JULIO?
     
 
Gabriel Rodríguez Pérez
(Publicado en el Nº 1341 de Fuerza Nueva - Julio/2007)
 
 
 
   En esta frase, pueden verse dos preguntas distintas: ¿por qué se hizo el alzamiento contra el gobierno de la República? y ¿por qué se hizo el día 18 de julio?     
 
   Para encontrar la contestación a la primera pregunta, basta dar un repaso a los periódicos de Madrid, entre el 17 de febrero y el 17 de julio de 1936. Como resumen, pueden verse los datos contenidos en los informes leídos en las Cortes por los diputados D. José Calvo Sotelo (asesinado poco después, por agentes de la Dirección General de Seguridad) y D. José María Gil-Robles Quiñones (que no fue asesinado porque huyó a tiempo). Como escribe Ricardo de la Cierva, en El 18 de Julio (Edit. Fénix, Madrid, 1999), Gil-Robles y Calvo Sotelo recurrieron al único medio legal para informar a toda España de la situación: denunciar tales desmanes en el Parlamento, ya que lo que se registraba en el Diario de Sesiones estaba excluido de la censura. En resumen, las elecciones del 16 de febrero de 1936 habían sido un gran fraude, muy hábilmente preparado y violentamente apoyado. Y entre esa fecha y el 13 de julio (cinco días antes del alzamiento), hubo 330 muertos; 1.511 heridos; 178 explosiones de bombas; 160 iglesias totalmente destruidas; 261 iglesias asaltadas, incendiadas o con destrozos; 155 atracos consumados; 79 centros políticos o privados asaltados; 128 huelgas generales; 357 huelgas parciales; y una multitud de agresiones, bombas recogidas sin estallar, tentativas de atraco, destrozos, incautaciones, detenciones ilegales, etc.      Sobre la impresión que daba España en el extranjero, puede dar una idea la circular del Real Automóvil Club de Inglaterra, en que advertía a sus socios que no se garantizaba a ningún vehículo que entrara en territorio español.     
 
   Están claras las razones del “18 de Julio”, corroboradas por el Dictamen sobre la Ilegitimidad de los Poderes Actuantes el 18 de Julio de 1936, al que Ricardo de la Cierva dedica un interesante capítulo en su obra citada. Tan importante documento contiene las conclusiones del riguroso estudio llevado a cabo por una comisión, formada por juristas de reconocida solvencia intelectual. Entre sus miembros, figuraban dos magistrados del Tribunal Supremo, uno de los cuales la presidía; tres miembros de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, entre ellos su presidente; los presidentes de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, del Consejo de Estado y de la Unión Nacional de Abogados; seis catedráticos de Derecho; un abogado del Estado; un letrado del Consejo de Estado y otros juristas de prestigio. Algunos habían sido ministros, senadores o diputados, con la Monarquía o con la República.     
 
   Pero la pregunta que puede suscitar más atención, incluso más dudas, es la referente a  la fecha. El estudio del desarrollo del alzamiento en toda España, con tan desigual resultado, puede hacer pensar que fue un fracaso, al menos parcial, por falta de preparación. De la competencia organizadora y coordinadora del “Director”, el general Mola, no podemos dudar. A su indudable preparación militar, unía una notable experiencia política, pues fue el último Director General de Seguridad de Alfonso XIII, cargo que desempeñó con notable eficiencia. Todos habremos oído o leído que el alzamiento se empezó a preparar en marzo, cuando al mes de las elecciones, la tensión social y los desmanes aumentaban, sin que el Gobierno impusiese el orden; según se ha contado, la fecha en que empezó esa preparación fue inmediatamente después de la quema de la iglesia de San Luis, en plena Gran Vía de Madrid, incendiada a unos quinientos metros de la Dirección General de Seguridad, sin que interviniera la fuerza pública, y rodeada para que no pudieran llegar los bomberos. Se pensaba en una fecha hacia primeros de octubre. No parecía lógico pensar en julio ni en agosto, cuando los escasos efectivos militares se reducían a la mitad, por los permisos de verano. Pero de pronto se dio la orden para el 18 de julio, en las guarniciones del Norte de África y Canarias, y para el 19 en el resto de España. Muy poderosos motivos tuvo que haber para ello. Y luego, razones muy conocidas lo hicieron adelantar al 17 en Melilla y al 18 en Sevilla, Cádiz, Córdoba, Burgos, Pamplona y Valladolid.     
 
   La persecución contra las personas “de derechas” e incluso “de izquierdas” de actitud moderada, con encarcelamientos sin justificación y atentados; la drástica censura, que llegó a ser realmente una verdadera persecución contra los órganos opuestos al Frente Popular; la clara incitación a la revuelta armada, en la prensa socialista o comunista; las maniobras para deshacerse de los dirigentes socialistas moderados y sustituirlos por los de la línea revolucionaria; la clara preparación de una insurrección marxista, a imitación de la rusa, es decir de otra edición de la de octubre de 1934, estaba en el ambiente, sin ningún disimulo. Entre los alardes de masas de las juventudes socialistas, es de recordar la concentración de 20.000 de sus miembros uniformados, ante los que su dirigente Carlos Rubiera dijo: ”El proletariado mundial tiene fija su mirada en España, que será el segundo país donde se instaure el régimen soviético”. Y para redondear este conjunto de datos, recordemos la reunión celebrada en Valencia, con vista a ese movimiento revolucionario, a la que asistieron un delegado de la tercera Internacional, dos de la Central del Comité Revolucionario de España, tres delegados franceses, representando al Partido Comunista Francés y a la C.G.T., y los rusos Limovieff y Turachoff, por la Unión Soviética. La apertura de los archivos de la Unión Soviética ha revelado datos muy interesantes y el historiador Pío Moa ha dado a conocer muchos de ellos.    
 
   Entre los mandos militares, se decía con preocupación: “esto va muy de prisa”. Y así era efectivamente. El asesinato de Calvo Sotelo; el atentado frustrado contra el diputado D. Melquíades Álvarez, presidente del partido liberal-demócrata, y la huida de Gil-Robles, que lo libró de ser también asesinado, junto a todos los demás atentados, demostraban que no eran hechos aislados, sino un plan de eliminación de quienes pudiesen oponerse con eficacia a sus propósitos. Especial saña manifestó la persecución contra la Falange, que les disputaba con éxito el terreno en el mundo laboral. Hablando en términos comerciales, les hacía la competencia y les quitaba la clientela.     
 
   Y finalmente, hablemos de la cuestión clave; la que puede explicar la elección de los días 18 y 19 de julio. Que el ambiente era claramente preinsurreccional, salta a la vista con lo expuesto. Que las razones para adelantar la fecha tenían que ser muy graves, está fuera de duda. Y de lo expuesto se deduce que esas razones eran el adelantarse al golpe contrario e impedirlo. Tal como se estaban produciendo los hechos, parecía claro que la fecha ya no podía estar muy lejos. La citada frase de “esto va muy de prisa” tenía que estar en la mente de todos.     
 
   Para completar el cuadro expuesto, surgió la “Olimpiada Roja”. Para agosto se estaba preparando la famosa Olimpiada de Berlín, la que ha pasado a la historia como la más brillante y mejor organizada. Y en la Unión Soviética se decidió de pronto no participar en la misma y organizar paralelamente la citada “Olimpiada Roja”, en Barcelona. Con ese motivo, o con ese pretexto, empezaron a llegar a España individuos de distintas nacionalidades, que podríamos considerar como una avanzada de lo que después serían las “Brigadas Internacionales”. En buena lógica, había que pensar que el golpe rojo estaría unido a la “Olimpiada Roja”, es decir que podría estar previsto para principios de agosto. Ese parece ser que fue el convencimiento de muchos. Luego vino a saberse, por una filtración o una confidencia, en Valladolid, que iba a ser el día 29. Venía a resultar que, al efectuar el alzamiento el día 19, sólo se adelantaba en diez días al golpe rojo. Así figura en la monumental Historia de la Cruzada Española, en el capítulo dedicado al alzamiento en dicha ciudad.     
 
   A primera vista, nos tiene que parecer extraño que la Unión Soviética, que tanto cultivaba la propaganda y aprovechaba todas las ocasiones para hacerla, dejara de participar en un evento internacional tan resonante, en el que sus atletas habrían dado una buena imagen ante el mundo. Las razones para desperdiciar esa ocasión y organizar la citada “Olimpiada Roja” debieron de ser muy importantes para los dirigentes soviéticos. ¿Y qué podía ser más importante en aquel momento que apoderarse de España y dejar a Europa encerrada entre dos espacios “rojos”? Fuera o no cierta la fecha del 29 de julio, de lo que no puede caber duda a nadie es de la relación entre el golpe rojo y la “Olimpiada Roja”. Parece inexplicable que, entre tanto como se ha escrito, apenas se encuentre nada sobre ello. Hay que tener en cuenta lo difícil que es que los investigadores encuentren algún documento, cuando se trata de acciones en que el secreto necesario obliga, en general, a prescindir de las comunicaciones escritas o a limitarlas a expresiones en clave. Así se ordenó por el Comité Revolucionario, en 1934. Y lógicamente esas precauciones tuvieron que extremarlas en 1936.     
 
   Ahora, un reto para los investigadores especializados es el encontrar pruebas escritas. No las van a encontrar en forma de planes, órdenes o instrucciones, salvo de las dadas al más alto nivel, pero sí podrían encontrarse testimonios en declaraciones, memorias o documentos de archivos particulares. Es de desear que se investigue rigurosamente y se publique. Eso sí sería servir a la Memoria Histórica. 
 
 
 
 


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