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¿Por qué Rajoy prefiere a Felipe que a Aznar?
 
Blas Piñar Pinedo 
 
 
   En secreto, como corresponde a la organización del poder en una auténtica oligarquía partitocrática, primero por intervención de un Rey convaleciente –y no sólo me refiero a su salud- que juega a la Transición y, después, de la mano de un Presidente tocado sobre todo por sus propios errores, han ido consolidándose una serie de pactos de Estado sobre graves asuntos –pronto los veremos aunque ya los intuimos-, en un intento desesperado de hacer un boca a boca a un régimen que lleva varios meses en coma cerebral.
 
   Han desfilado por la Zarzuela y por Moncloa Felipe González y Zapatero, logrando primero salvar a la joya del sistema, el Grupo PRISA, con ayuda del Gobierno, para luego intentar que sobreviva todo el poder que le rinde pleitesía. Que la izquierda siempre manejó bien la propaganda…
 
   Por  eso la explosión de Aznar de hace un par de semanas ha sido tan importante: no tanto por las críticas a Rajoy, sino por su valentía frente al Grupo que fundara Polanco gracias a los enchufes de un franquismo terminal que se conquistó desde dentro por esas cloacas que aún padecemos… Ha sido claro don José María: “espero que a PRISA, cuando quiebre, le quede dinero para responder por tantas infamias”. Y no creo yo que pensara en Gürtel o en Bárcenas, sino en ciertos desiertos remotos…
 
   Qué bien sigue de actualidad aquella portada del libro que mejor explica nuestro sistema, El negocio de la libertad de Jesús Cacho (1996)… Polanco, Felipe González, su Majestad…Sencillamente cambien a don Jesús por Juan Luis Cebrián, que hace unos días ha llevado de su mano a Rajoy a visitar al Gran Maestre Hollande cantando las bondades de Soraya (PP) en el periódico que siempre odia a los populares, salvo a ciertos elegidos…
 
   Que quieren mantener el sistema del que vive una inmensa casta política-sindical-empresarial con sus asesores, es evidente. Que por esa misma razón, no podemos esperar regeneración desde las anquilosadas y corruptas estructuras del Estado, es también cosa clara. Rajoy se ha convertido, por propia decisión –porque tiene una potente mayoría absoluta-, en un Presidente que dedica su mandato a consolidar el sistema como sea, pactando con quienes de verdad mandan –el PSOE y sus cloacas- y cometiendo la terrible traición a España –no sólo a sus votantes- de impedir las reformas que urgen para que podamos disfrutar de una democracia auténtica. Todo esto ya lo sabemos y no está de más denunciarlo.
 
   Pero lo que toca de verdad, lo importante, lo que cada ciudadano debe tener muy claro es que sólo la organización de asociaciones para la presión civilizada sobre los medios de comunicación y las instituciones –partidos, parlamento y justicia- puede cambiar las cosas. Urge un compromiso personal para denunciar cada injusticia y para hacer propuestas positivas. Redes sociales, artículos, cartas al director y a los diputados, quejas en los partidos políticos, presencia en las tertulias, denuncias ante la justicia… son instrumentos disponibles y debemos usarlos.
 
   Nadie desea que empeoren las cosas: tenemos que ser capaces de intentar poner remedio a ésta trágica situación nacional con cordura y con habilidad sin repetir la historia recorriendo los caminos de violencia de los últimos dos siglos. No es fácil, pero debemos hacerlo así. Hay algo que está cambiando y la sociedad es cada vez más consciente de que nadie nos arreglará las cosas desde arriba, sino que somos nosotros, los ciudadanos, desde abajo, los que debemos impulsar la regeneración.
 
 
 
 
 
 
 


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