Cultura
 
 
 
Presentación de libro: Palabras en azul, de Mª del Pilar Pérez García

Crónica del acto
José Alfredo

En la tarde del día 1 de diciembre se presentó en la sede nacional de la Hermandad de la Vieja Guardia un nuevo libro editado por Ediciones Barbarroja.

Marco incomparable, dónde se respira camaradería por todos los poros, destacando el despacho imperecedero que como jefe nacional de Falange ocupó hasta su encarcelamiento José Antonio Primo de Rivera.

Los motivos falangistas decoran todo el piso, prevaleciendo en el salón de actos una gran placa en mármol con el juramento falangista.
El volumen presentado lleva firma de mujer, de una chica comprometida con el pasado, presente y futuro, bajo el prisma del nacional sindicalismo. Su título resume bien a las claras las ideas que se intentan plasmar en el mismo; Palabras en Azul; Aportes para un diccionario Falangista.

Mª del Pilar Amparo Pérez García es una chica muy joven, sin embargo a pesar de contar con tan sólo 23 años tiene un currículo como Historiadora y Escritora realmente extenso, contando con varios libros y ensayos publicados. En todos ellos deja su impronta, con unas ideas claras y limpias como el cielo azul de Castilla. Proviene de una gran familia falangista, comenzando con ella la cuarta generación de falangistas. De pluma fácil, mente rápida y oratoria brillante, a todo ello debemos sumar su gran personalidad. Todas estas cualidades se pusieron en práctica durante la presentación de su última obra delante de gran cantidad de asistentes.

Introdujo el acto a modo de moderador el miembro de la Hermandad Nacional de la Vieja Guardia, y jefe nacional de las juventudes de La Falange, William Martín Morales, con unas breves palabras de bienvenida. A continuación Enrique Uribe Lacalle de la editora del libro tomó la palabra para realizar una sencilla pero emotiva semblanza sobre Pituca.

Finalmente la autora de la obra se dirigió a las personas que abarrotaban el salón de la Vieja Guardia. Comenzó explicando el porqué de su libro, destacándolo como una obra de consulta para todo buen falangista o con reminiscencias nacional sindicalistas. A continuación realizó un diagnostico de la situación actual española, denunciando los males del sistema actual con gran precisión, mediante un discurso perfectamente trenzado, con una elaboración exquisita. Fueron unas palabras que abarcaron veinte minutos, pero dónde al auditorio estuvo atento ante las verdades y afirmaciones dichas. Puso el dedo en la llaga ante la historiografía actual aportada por muchos seudo-historiadores, habló de la importancia de honrar a los falangistas de primera hora encabezados por José Antonio finalizando con un diagnóstico de los diferentes problemas que asolan a la sociedad española, sobre todo a la juventud. (palabras íntegras adjuntas).

Mª del Pilar, más conocida como “Pituca” en la actualidad trabaja de un modo desinteresado en la Fundación Nacional Francisco Franco, realizando una labor inmejorable. Además de ofrecerse para todo cuánto se le demanda, es uno de los pilares del equipo de redacción de la Fundación. Falangista hasta la médula, pero también admira al anterior Jefe del Estado, Francisco Franco, ya que piensa como muchos otros pensamos, que la Falange discurrió a lo largo de los años gracias a la labor de Francisco Franco. Por ello en la presentación de su libro, en primera fila a continuación de sus padres y el resto de su familia, se encontraba una nutrida representación de la Fundación Nacional Francisco Franco, encabezada por su vicepresidente ejecutivo, Jaime Alonso y su secretario general, Ricardo Alba.

Al concluir el acto, se entabló un coloquio entre asistentes y autora, realmente productivo. Fue una presentación de un libro, pero sin lugar a dudas las palabras que allí se dijeron traspasaron el umbral de presentación para convertirse en flechas de haz. 

 

Palabras de Pituca

          Buenas tardes:

          Quiero dar las gracias a todos los que estáis acompañándome, en este lugar tan entrañable y carismático. En esta Hermandad de la Vieja Guardia, sitio en el que estuvo el despacho de José Antonio Primo de Rivera, venía yo siendo tan solo una niña, y siempre fui recibida con todo cariño y amabilidad. Y aquí fue, precisamente, donde di una de mis primeras conferencias, con motivo de la presentación de mi libro Hacia el futuro. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer mismo. Fue el 13 de mayo del año 2003, y los camaradas de la Vieja Guardia me recibieron y me apoyaron en todo momento, con el estilo propio de los buenos falangistas y mejores españoles. Hoy, gracias a Dios, puedo volver después de más de ocho años, a encontrarme con todos vosotros, y puedo deciros sinceramente, que estoy muy contenta de que estéis aquí conmigo acompañándome en esta sede cargada de historia y llena de muy buenas personas.

      También, quiero agradecer a Ediciones Barbarroja y a mis buenos amigos y camaradas Miguel Ángel Vázquez y Enrique Uribe Lacalle, la confianza que han tenido conmigo y todo el trabajo que se han tomado para la edición de este libro, que se comenzó a fraguar en el verano de 2007, por un encargo personal de Miguel Ángel Vázquez. No voy a relatar todo el proceso de creación del libro, porque sería muy largo y farragoso, pero puedo aseguraros que ha costado muchas horas de trabajo y de esfuerzo. Muchas horas quitadas al ocio y dedicadas a intentar que el Nacional-Sindicalismo sea conocido por la juventud actual y que no se pierda toda la fuerza y la pujanza que tiene, en su mayoría todavía inédita.

     Es muy importante que seamos los historiadores falangistas y afines los que contemos nuestra historia, para que no sea tergiversada continuamente y llegue falseada al pueblo español, como tantas veces, por desgracia, ha sucedido.

      A los nacional-sindicalistas se nos ha presentado como fanáticos, como ultraderechistas, se nos ha presentado de todas las formas más abyectas que se puedan imaginar, para que el pueblo español nos rehúya y nos mire como a bichos raros. Y se ha hecho esto, porque los enemigos de Dios y de España, que son nuestros enemigos, saben que nuestra ideología y nuestra forma de ver la vida y afrontar los peligros, es la que les puede vencer en toda la línea. Nos temen, pero no por lo que dicen que somos, que es mentira, sino por nuestra ideología, que es superior y más moderna que todas las ideologías que hoy día se reparten el pastel del poder. Por eso es muy importante la labor de enseñar la Verdad, nuestra Verdad con mayúsculas, para que todos sepan cuál fue la verdadera Historia y lo que somos y pensamos en realidad.

          Es muy triste lo que voy a deciros, pero es cierto. Existen lugares, como tristemente, por ejemplo, el Monasterio de Montserrat, donde distintos estamentos oficiales, subvencionan a ciertos “historiadores”, o mejor decir juntaletras, para que manipulen y reinventen la Historia de España. Esa misma labor está fomentada por la televisión autónoma de Cataluña y sus colecciones de libros, con el mismo fin de intoxicar y falsificar la Historia de Cataluña y de España. La tergiversan y la retuercen para favorecer sus oscuros manejos antiespañoles. Y hay “historiadores”, como por ejemplo el tan aireado por todo el sistema, Tuñón de Lara, que cuando se cayó el Telón de Acero, se supo que era un agente de la terrible KGB soviética. No olvidemos que sus discípulos fueron Tusell, Preston y tantos otros. Todavía hay historiadores que siguen haciendo “propaganda marxista de guerra”, basada en la mentira y la falsedad más absoluta, en vez de estudiar y analizar, como es debido, la Historia. Muchos de ellos son comunistas o socialistas de salón y caviar, y masones, pero a los que hasta la prensa de derechas muchas veces les abre sus puertas y les da cobijo en sus páginas, para homologarse con la izquierda, por el complejo que siempre ha tenido la derecha, y colaborar así, directa o indirectamente, pero irresponsablemente, a que estos falsificadores continúen con la labor de cambiar la Historia de España.

           Aquí está sucediendo lo que en la Unión Soviética de Stalin, que tenía su propia enciclopedia, a la que se le iban quitando o añadiendo páginas y cambiando las cosas y los hechos históricos, a gusto del padrecito Stalin. En España se están arrancando también páginas de libros y haciendo desaparecer gran cantidad de obras y documentos en muchas bibliotecas oficiales de algunas autonomías. Y de la mismísima Biblioteca Nacional. Es algo esperpéntico, pero que no hace más que demostrar la terrible actuación de muchos políticos sin escrúpulos.

           Y esto está a la orden del día en toda nuestra nación. Igualmente todos sabéis la cantidad de millones que se han dado últimamente para este fin de cambiar la Historia, con la envenenadora ley de Memoria Histórica. Por cierto, supongo que todos os habréis hecho eco de que, ya después de las últimas elecciones, Zapatero y sus secuaces, han dado casi cinco millones de euros para estos menesteres, para sus amiguitos de la ceja y para los sindicatos, sin consultar con nadie, ni siquiera con el próximo gobierno entrante. Así está nuestra Patria, en manos de “personajes” que son enemigos declarados de España y que subvencionan la anti-España y el separatismo y son compañeros de viaje del mismo.

           Por todo esto, debemos ser nosotros los que contemos la genuina y verdadera Historia, y los que nos ayudemos los unos a los otros. Por eso hay que apoyar y ayudar a la Hermandad de la Vieja Guardia y a la gran labor que realiza. Y hay que ayudar a Ediciones Barbarroja. Y la mejor manera es comprar y divulgar sus libros. Y si se puede, comprar en vez de uno, dos ejemplares, para regalar al hijo, al amigo o al indocumentado de turno que todos conocemos, para que la labor sea completa.

           La realización de Palabras en Azul ha sido para mí una fuente inagotable de aprendizaje, ya que cada una de las entradas con las que cuenta las he realizado con todo cuidado e intentado ir a las máximas fuentes posibles. Sé que cuando lo leáis me podréis decir que falta “tal o cual entrada” o que en las ya realizadas falta algo o que no estáis de acuerdo con todo lo expuesto. Pero las críticas, siempre que sean constructivas, son necesarias para mejorar las siguientes obras.

           Hoy, más que hablar de lo que contiene este nuevo libro, ya que para eso está el adquirirlo y leerlo, quiero homenajear a tantos hombres y mujeres, conocidos y desconocidos, que contribuyeron a que se haya podido realizar la presente obra. Personas que lucharon y hasta dieron su vida por una España mejor y más justa.

           En este estado de cosas sería bueno fijarse que el Nacional-Sindicalismo es una doctrina viva y por desarrollar, en donde se encuentran la mayoría de las soluciones a los graves problemas que tenemos. Solo hace falta dejarse de monsergas, de mirar al pasado, de personalismos egoístas y de pugnas anacrónicas, y ponerse a la tarea de actualizar el mensaje y trabajar por llevarlo al pueblo español, tan huérfano de soluciones eficaces.

            El Nacional-Sindicalismo propugna una España con moral y sentido nacional, defendiendo y distinguiendo la verdadera propiedad privada, que es la relación del hombre con las cosas, del capitalismo, verdadero enemigo de esa propiedad privada y del que siempre hay que estar en guardia. Sobre el capitalismo nos dejó dicho José Antonio  que: “Cuando se habla del capitalismo no se hace alusión a la propiedad privada; estas dos cosas no solo son distintas, sino que casi se podría decir que son contrapuestas. Precisamente uno de los efectos del capitalismo fue el aniquilar casi por entero la propiedad privada en sus formas tradicionales”

             Las crisis son la expresión más patente de la incapacidad de un sistema de organización política, de su agotamiento e infecundidad. Nos encontramos, con que, igual que antaño, España dispone de un sistema de gobierno agotado e incapaz, y como ésta es la causa de sus males, para remediarlos nos encontramos con los mismos dos caminos que proclamó Ramiro Ledesma Ramos: o el de la revolución proletaria o el de la revolución nacional. Ante esta encrucijada, España y los españoles no pueden dudar, y a la revolución de clase, marxista, hemos de oponer la revolución creadora y constructiva, que represente el triunfo de España y no el de una clase o un partido.

           Mientras el sistema burgués, el sistema liberal, incluso el marxista, dividen y fraccionan a las gentes y, de un modo especial, a los más humildes, el Nacional-Sindicalismo quiere unir a todos en un apretado haz, para levantar a España y que ocupe su verdadero puesto en el orden mundial, y no como ahora que somos el “último mono”.

            La base del Nacional-Sindicalismo es el hombre como portador de valores eternos. La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores superiores. La defensa de la vida es la clave primera sobre la que han de asentarse estos valores. El Estado Nacional-Sindicalista se compromete a su protección y defensa.

           Frente a la consideración individualista del liberalismo y el colectivismo marxista, el Nacional-Sindicalismo propugna la postura personalista; es decir, el hombre “en relación con los demás hombres”, armonizando así su esfera individual y social. Este hombre, según la base cristiana, tiene, como características inalienables, la dignidad y la libertad, ya que no es una mera construcción biológica, sino un ser trascendente.

           A partir de esta consideración personalista, se articulan los cimientos de la doctrina Nacional-Sindicalista. Parte de la consideración cristiana de alma y cuerpo, de donde se derivan las características de dignidad y libertad. Por eso repudia el sistema partitocrático, como el que reina en nuestros días, que divide a un pueblo convirtiéndolo en una sociedad de multitudes mudas.

            La cultura y la educación tienen un papel fundamental. Una sociedad culta es la que puede ser verdaderamente libre. Los órganos de enseñanza deben ser vivos y de formación total. Toda esa enseñanza y, finalmente, la Universidad deben ser un verdadero “ayuntamiento de profesores y alumnos”, un centro de formación, de investigación, de cultura, de transformación y de avance social, estrechamente interrelacionada con la sociedad. Todo hombre, por el hecho de serlo, tiene derecho a recibir una educación, sin más límite que su propia capacidad personal. Se defiende la obligatoriedad de la enseñanza en sus primeros niveles y la gratuidad de la misma en todos ellos. Es importante contar con un Estatuto Jurídico propio de los estudiantes, que contemple sus verdaderos derechos y deberes, además de un sindicato. En la actualidad, se tiende a una educación cada vez más elitista y con una base mínima de conocimientos.

            Por otro lado, el Nacional-Sindicalismo recoge la concepción orteguiana de la Patria como proyecto de vida en común, que José Antonio lo convierte en unidad de destino en lo Universal. Una Patria no se justifica por tener unas mismas características lingüísticas, geográficas, ni siquiera culturales, sino por tener una misión en común que es la que une pueblos diversos, en una vasta tarea de integración.

           España debe proyectarse hacia sus propias áreas de universalidad, como parte de Europa, “Patria de las Patrias”, integrada por cultura y civilización, y como parte de la Hispanidad, como enlace decisivo entre la vieja Europa y la joven América. Esta concepción amplia del Patriotismo está sustentada en el interior por la diversidad regional, y aún comarcal, española, a la que debe darse todo su valor. Centralismo no es equivalente a Unidad,  España es varia y plural, no uniforme.

           El ideario del Nacional-Sindicalismo se puede resumir en las palabras del lema: “Patria, Pan y Justicia”, las cuales son una reivindicación de patriotismo pero, también y a la vez, una exigencia contra la injusticia que sufren los más necesitados. Se busca la superación de las diferencias de clase mediante la colaboración conjunta de las diferentes capas de la sociedad en un proyecto común: la Patria. El engrandecimiento y la mejora de la Patria deben repercutir de forma beneficiosa en cada uno de los hombres y mujeres  que la componen.

           La forma de organización del Estado tras una eventual Revolución Nacional, es el Sindicato Vertical, un sistema por el cual se organizaría  una democracia participativa o democracia directa que permitiría a  los españoles decidir a partir de la Familia, el Municipio y el Puesto de Trabajo o Gremio. De este modo, se apuesta por una forma de democracia encaminada a superar la falsa democracia: la partidista y parlamentaria, basada en la demagogia.

           El Nacional-Sindicalismo es una doctrina política y económica que apuesta por la creación de un Estado Nacional y por la Justicia Social profunda, por un estado que se asiente sobre una forma sindical de entender la economía y sobre una estructura política en la que tengan representación máxima todos los trabajadores de la Nación.

             Es beneficioso y provechoso porque busca la Justicia Social y la igualdad de todas las personas ante las leyes, basándose en la Doctrina Social de la Iglesia que, si la estudiamos, parece que los postulados nacionalsindicalistas están sacados y calcados de ella. También busca mejorar las condiciones de vida y es respetuoso con la Religión y los valores morales, fomenta el amor a la Patria, no busca dividir a los españoles, sino unirlos en una tarea común llamada España, no olvidando su fuerte vocación europea y queriendo hermanar a los pueblos educados bajo el signo de la Hispanidad.

          Además, podemos decir que es actual. El marxismo ha demostrado su crueldad y fracaso en la Historia del Mundo y el capitalismo demuestra diariamente su perversión fomentando, por un lado, el que la clase política y sus afines se hagan cada día más ricos e influyentes y, por el otro, el hambre, la esclavitud infantil, la opresión entre personas y entre países al negar la libertad de cada individuo y fomentar las diferencias económicas y de clase. El Nacional-Sindicalismo aún no ha sido puesto en práctica en su totalidad, y lo que se materializó fue un éxito rotundo. No hacen falta recordar todas las conquistas sociales que hoy parecen normales, pero que existen gracias a esta doctrina.

          Lo que busca el Nacional-Sindicalismo es la implantación de la Justicia Social profunda; que los trabajadores participen en los beneficios de la empresa; que todo español, por el hecho de serlo, tenga derecho a un puesto de trabajo digno; un amor a España, su concepto y su Historia y una clara identificación con la Religión Católica. No es tan solo una manera de pensar; es, sobre todo, un modo de ser y de actuar. Es una doctrina política genuinamente española y, además, la más moderna de todas las ideologías, por encima del liberalismo, comunismo, socialismo y cualquier “-ismo” que se os pueda ocurrir, por muy de modernos que se disfracen.

          Cuando el fundador de la Falange denunciaba que: “España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos, y por la división engendrada por la lucha de clases. Cuando España encuentre una empresa colectiva que comprenda todas esas diferencias, España volverá a ser grande como en sus mejores tiempos”,  parecía vivir en el momento actual, e incluso hoy en día estamos peor. Como ejemplo tenemos el separatismo: el de entonces era un juego de niños comparado con el actual, al que ha dado alas unos estatutos que jamás hubiera concedido ni siquiera la República.

           Hoy es preciso movilizar la conciencia de los españoles, especialmente de las generaciones jóvenes, trabajadores y universitarios, a las que tratan de zarandear con su demagogia los grupúsculos más o menos numerosos, más o menos radicales, más o menos activistas de izquierda y de derecha. España está sumida hoy en una crisis total.  

            En tesitura semejante, José Antonio se dirigió a la juventud con palabra de exigencia. Con ocasión del discurso del 17 de noviembre de 1935 afirmaba:

           “Hay que proponerse, positivamente una tarea, la de dar a España estas dos cosas perdidas: primero una base material de existencia que eleve a los españoles al nivel de seres humanos. Segundo, la fe en un destino nacional colectivo y la voluntad resuelta de resurgimiento…”

             Que nadie escurra el bulto hoy en esta misión que vuelve a ser la recuperación física, económica, social y moral de España. Tenemos que dotarnos de armas para el combate ideológico, porque sin esas armas, pese al impulso inicial y romántico, lo usual es que se acabe devorado por el discurso “políticamente correcto” y por un mundo constituido para que seamos meros números de consumo. Sólo las personas formadas pueden luchar contra este estado de cosas y es nuestra labor y nuestro deber el conseguir la victoria, recuperar el orgullo de ser español y ser un revulsivo contra un sistema injusto y demagógico. Hay que tener ideales, porque una persona sin ideales es una persona muerta espiritualmente. Tenemos que aportar, con fe e ilusión desde la Tradición más genuina, el sentido nuevo y revolucionario que el mundo requiere y demanda. Si el futuro no se apoya en el pasado –tradición- y el presente –tradición histórica- los españoles sólo seremos riada dirigida por el capitalismo y el marxismo, disfrazado de diferentes cosas, y eso no lo podemos consentir.

            Las cosas, grandes o pequeñas, hay que realizarlas, con el firme convencimiento de que obramos en conciencia, no dejándonos llevar por los mercaderes y voceros de la panza llena, los cuales quieren convertirnos, a base de repetir mil veces las mentiras, en borregos.

            Tengamos siempre presente el ejemplo de hombres como José Antonio y los demás fundadores, que lo dieron todo por su Patria. Seamos merecedores del sacrificio que realizaron y actuemos en consonancia con el pensamiento y manera de actuar que nos legaron. No seamos borregos teledirigidos y démonos cuenta y asumamos que estamos en una de las peores dictaduras, por cierto, término satanizado por este sistema: la dictadura de los partidos o partitocracia. Unos partidos corruptos que nos llevan a la aniquilación y desmembramiento de España y que, por desgracia, hacen buena la idea de que las urnas, con un pueblo descerebrado y manipulado, son los ataúdes de la Patria, de la Verdad, de la auténtica libertad y de la decencia.       

           La España de nuestros días no está mucho mejor que la España en la que vivieron nuestros fundadores y la que quisieron mejorar y engrandecer. Hoy en día, se nos habla de que vivimos en una democracia ideal, que tenemos una  libertad que nunca antes había disfrutado nuestra Patria en toda su historia, que existe una igualdad de oportunidades sin parangón y que todos los españoles somos iguales ante la ley. Y los hechos nos están demostrando, cada día más, que todo es falso, y que se ha seguido aquélla máxima que dice:

 “Toda mentira repetida mil veces se convierte en verdad”

           Padecemos una clase política que es distinta y superior al resto de los ciudadanos, por sus grandes ingresos, por su poder e influencia nunca antes ni parecido, por su vivir de espaldas al pueblo y a la realidad y por no representar a nada ni a nadie, sino a ellos mismos, gracias a la maquinaria de los partidos políticos que nos los imponen, los queramos o no. Una clase dirigente que no tiene ningún oficio conocido, donde no se exige ningún tipo de estudios, y donde, verbigracia,  para ser ujier del congreso de los diputados hay que pasar unas oposiciones durísimas, mientras que para ser diputado o, simplemente, político, no se exige nada de nada.

           Una nación donde ni en el congreso de los diputados, ni siquiera en el mismísimo y autodenominado partido obrero, hay ningún diputado ni ningún dirigente que sea obrero y que “ejerza” como tal, y en el que el partido de la derecha no cree ni en él mismo, ni en la ley de Dios ni en la Historia  de su Patria y condena, por complejo y cobardía, a sus propios padres y abuelos.

           Una nación donde se practica legalmente el mayor genocidio de la Historia de la Humanidad, el aborto, genocidio que las generaciones futuras juzgarán más duramente que, por ejemplo, el de la esclavitud, por lo que tiene de egoísta, cruel e injusto con seres indefensos, y donde, también por egoísmo materialista, cada vez se aprobarán más leyes para asesinar, legalmente eso sí, como la eutanasia o el aborto libre.

           Una nación donde ya no existe la Justicia, porque es manipulada por los partidos, que se reparten en cuotas la misma, y han hecho que desaparezca su independencia.

           Una nación donde los españoles pagan más impuestos que nunca antes en su historia, donde sus políticos ganan más que nunca, y donde no se construyen viviendas sociales, ni pantanos, ni se hacen carreteras modernas y gratuitas, donde el agua, el pan, la luz, la gasolina, la cesta de la compra, etc.… cada día son más caras.

           Una nación donde los políticos y algunos jueces hacen de historiadores y cambian y tergiversan la Historia a su capricho, donde se dictan leyes represivas contra situaciones pasadas y personas ya fallecidas que no se pueden defender, donde se cuenta todo al revés, se ensalza a criminales, se niega la justicia impartida y se criminaliza a héroes.

           Una nación donde se secuestran y se queman libros, se multa y encarcela a libreros y editores. Donde se prohíben y reprimen símbolos históricos de partidos legales, donde se impiden las celebraciones de Misas y funerales por personas asesinadas o ya fallecidas, donde los cuerpos de seguridad requisan la Bandera Nacional y hasta los Crucifijos y Rosarios.

           Una nación donde no se pueden manifestar libremente partidos legales por las miles de trabas, prohibiciones gubernativas y hasta ataques físicos de grupos que actúan libre y violentamente como “policías” del sistema, donde la igualdad de los partidos para propagar su pensamiento al pueblo es totalmente nula. Donde se persigue, cada vez más descaradamente, a los católicos, donde se les insulta, se les calumnia, se les ridiculiza y se les reprime cada vez más, sin respetar lo más mínimo la libertad para ser creyente.

           Una nación donde se subvenciona a los amigos de los gobernantes con el dinero de todos los españoles, donde se subvenciona cierto “cine” y cierta “cultura” cada vez más cutre, desagradable, ordinaria, falsa y decadente. Donde también se subvencionan unos sindicatos sin apenas afiliación, que no hacen nada por el trabajador y que le han hecho perder derechos adquiridos de muchos años,  donde los partidos no son capaces de financiarse con las cuotas de sus escasísimos militantes y lo hacen de fuentes, llamémoslas, “oscuras” que no contempla la constitución.

           Una nación donde hay 17 parlamentos, con sus correspondientes parlamentarios, donde hay 17 gobiernos, además del central, con sus coches oficiales, sueldos, dietas, viajes, escoltas, secretarias, mientras cada vez hay más paro y más impuestos que paga el ciudadano de a pie.

           Una nación donde ser español ha dejado de ser algo primordial e importante, donde se reprime el patriotismo y se subvenciona, con el dinero de todos, eso sí, el separatismo, donde no se cumple ni siquiera la constitución y donde los ataques al idioma común son constantes y gravísimos. Donde la educación es cada día más deficiente y donde el pueblo es cada vez más inculto y maleable.

           Una nación que cada vez cree menos en ella misma, que permite la secesión y encima la financia, que no valora ni sus banderas, ni sus himnos ni sus símbolos históricos, en la que la apostasía religiosa, política e histórica está a la orden del día, en la que el pueblo cada día es más pobre e ignorante y sus “representantes” más ricos e influyentes.

           Una nación donde todo lo que hemos enumerado hasta aquí es ocultado, tergiversado y censurado por la mayoría de los medios de comunicación. Esto es lo que es nuestra querida España en la actualidad. Además, los enemigos de España, que son los de siempre, no lo olvidemos: el marxismo, la masonería y el separatismo, han conseguido constreñir de tal forma al Ejército español, que ya ha perdido, desgraciadamente, el norte y casi su razón de ser. Recordemos las palabras de advertencia dadas en el siglo XIX por el Comandante de Infantería Don Francisco Villamartín Ruiz de la Peña, pensamiento inmortal, transmitido antaño en las Academias Militares:  “Desgraciado País aquel que hace odiosa la Carrera de las Armas. Aquel que alquila los Ejércitos en los días de peligro. Aquel que los degrada nutriendo sus filas de hombres sin virtudes ni patriotismo. Aquel que con su menosprecio mata el Honor Militar y ahoga las nobles ambiciones”

            La mayoría de los jóvenes de nuestros días se han convertido en un gran rebaño de borregos que marcha por el camino que le marca el pastor de turno. Todos esos jóvenes se conforman con llevar una vida vacía, chata, alicorta, sin horizontes, sin nada importante y trascendente por lo que esforzarse y luchar. Justamente son el polo opuesto a lo que había soñado, por ejemplo, Ramiro Ledesma Ramos que fuera la juventud, y que plasmó en su ensayo Discurso a las Juventudes de España, uno de los textos políticos más importantes jamás escrito y una bandera que nadie ha podido arriar.     

           Leyendo a José Antonio, a Ramiro, a Onésimo Redondo, a Julio Ruiz de Alda y a tantos otros, quizás encontremos las soluciones a los problemas que aquejan a nuestra querida España. Por eso sus libros fueron quemados en la transición. Sí, quemados literalmente, ya que el fondo de estos libros fue hecho desaparecer de esa forma tan “democrática” por los políticos chaqueteros del momento y sus compañeros de la anti-España. Debemos, por consiguiente, volver los ojos y hasta el Alma hacia nuestros pensadores, que fueron además héroes y mártires por Dios y por España, por más que les pese a muchos, y que se habían acercado a la política para Servir a la Patria y a sus semejantes, y no como los políticos de ahora, que lo hacen para medrar y forrarse de la forma más miserable y descarada.

           Debemos tener siempre presentes a nuestros mayores y a esa generación que supo vivir, luchar y hasta morir por España. Ellos son ejemplo de honorabilidad, su legado rezuma Amor por la Patria, Amor por el prójimo, Amor por nosotros mismos. Destila Autenticidad, Justicia Social profunda, Libertad verdadera, Vida fructífera y Progreso inmenso, tanto material como espiritual. No olvidemos que la Historia la hacen los hombres con la perseverancia de su voluntad.

            La frase de José Antonio: “Ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo”, es bien conocida, y se conjuga con la menos conocida de Ramiro: “Ser español no es una desgracia, sino un espléndido regalo de la vida”.  A este sentimiento de amor a España añado el impresionante pensamiento de un antiguo profesor de Historia de la Universidad Central de Madrid, al que José Ortega y Gasset hace referencia en el primer tomo de sus Obras Completas, y que en 1912 nos dejó dicho nada menos que esto:  “Yo quiero ser español y solo español; yo quiero hablar el idioma de Cervantes, quiero recitar los versos de Calderón; quiero teñir mi fantasía en los matices que llevan disueltos en sus paletas Murillo y Velázquez; quiero considerar como mis pergaminos de nobleza nacional la Historia de Viriato y de El Cid; quiero llevar en el escudo de mi Patria las naves de los catalanes que conquistaron a Oriente y las naves que descubrieron el Occidente; quiero ser toda esta tierra, que aún me parece estrecha, sí; de toda esta tierra tendida entre los riscos de los montes Pirineos y las olas del Gaditano mar; de toda esta tierra redimida, rescatada del extranjero y sus codicias por el heroísmo y el martirio de nuestros inmortales abuelos. Y tenedlo entendido de ahora para siempre: yo amo con exaltación a mi Patria, y antes que a la libertad, antes que a la república, antes que a la federación, antes que a la democracia, pertenezco a mi idolatrada España.”

           Hoy, en la presentación de este libro, quiero que siempre recordemos a tantos hombres y mujeres que se entregaron a la lucha por una España mejor y que, hoy en día, los quieren llevar al olvido y a la tergiversación de sus vidas y de sus obras. No lo permitamos y luchemos por España y su verdadera Historia. Rescatemos a los personajes, a los héroes y a los mártires, que los tenemos a miles, y hagámoslo con valentía y esfuerzo antes de que nos los roben para siempre. La tarea es trascendental y necesita nuestra dedicación con auténtico espíritu de Servicio y de Sacrificio. Hoy, más que nunca: Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente.

            Es de esperar que los españoles del siglo XXI lleguemos alguna vez a estar libres de odios, revanchas, complejos, intereses, mentiras, calumnias y prejuicios. Desde aquí, os animo a que, como en su día hizo el Ausente, “… seáis los aguafiestas de España, que cada uno os convirtáis en un aguijón para hacer ver a todos que no nos resignamos con semejante estado de cosas. Esta es nuestra tarea y para ella es preciso reclamar un primer puesto”.

            Por último, quiero terminar como en otras ocasiones, con una frase preciosa y muy especial para mí:  “No queremos que viva esta España triste, materialista y rota que padecemos; sino que suba, que ascienda que vaya…¡¡ARRIBA ESPAÑA!!”

                                                                  Mª del Pilar Amparo Pérez García (Pituca)

 

 

 

 



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