Sobre Francisco Franco y su tiempo...
 
 
 
Primero de Abril, la verdadera victoria

En el día de hoy, Cautivo y Desarmado el ejército Rojo,

Las tropas nacionales han alcanzado

Sus últimos objetivos militares

La Guerra ha terminado

 

José Alfredo García Fernández del Viso

HISTORIADOR

  Con este parte, concluía la guerra civil española, nuestra última Cruzada, el último intento de salvación nacional.

Previamente habían transcurrido casi tres años de dura lucha contra un enemigo fruto del odio más visceral inamigable, basado en esa doctrina contraria al ser mismo del hombre, el comunismo.

La consecuencia fue la liberación del mismo ser humano, el triunfo de la verdad y del patriotismo, la reconquista de los genuinos principios y valores perdidos por años de oprobio, libertinaje y desmembración nacional.

Años difíciles acompañaron la victoria nacional, meses realmente complicados con una nación sumida en una destrucción palmaria y con una situación social altamente complicada, debido a los efectos de la lucha. No podemos olvidar como el ejército nacional al mando de Francisco Franco con mucho esfuerzo liberaba zona tras zona de nuestro territorio patrio, intentando restablecer la normalidad bajo una anormalidad flagrante. Numerosas ciudades fueron destruidas con sus principales monumentos por las huestes izquierdistas en su huída, ahí tenemos los ejemplos de Oviedo literalmente incendiada con su cámara santa mientras la universidad era convertida a cenizas, o Belchite convertida en una población fantasma tras el paso y combates frente populistas.

Sin embargo, Francisco Franco consigue una victoria primorosa, no sólo ya desde el plano militar sino lo que es más importante desde el civil, sin distinciones de bandos ni de clases, considerando a todos por igual, logra la victoria de todos los españoles.

Esa victoria que con la ayuda de todos levanta a una nación desde unas cenizas para a través de una buena cimentación situarla a la cabeza del mundo. Es esa victoria la que logra situar a España en lo alto del escalafón mundial, la misma que consigue trabajo, paz y prosperidad para todos los españoles sin hacer distinciones de región o comunidad.

Por medio de la cual se incrementó el tejido productivo hasta límites insospechados, al abrigo de la misma se crearon grandes empresas españolas muchas de ellas fenecidas o a punto de serlo, tal es el caso de ENSIDESA , IBERIA, RENFE o HUNOSA por citar sólo unas pocas.

Una victoria que pensaba única y exclusivamente en el español de a pie, con la construcción de miles de viviendas para los trabajadores de las diversas empresas estatales, todo ello aderezado con multitud de privilegios sociales como combustible gratuito para las calefacciones de esas viviendas, supermercados denominados economatos con precios simbólicos, colegio gratuito con transporte escolar para los niños de los trabajadores, etc., etc.

Victoria basada en no oprimir al ciudadano, sino en potenciarlo, fruto de ella fue un sistema financiero beneficioso para el bolsillo del contribuyente, de tal modo no existía la temida declaración de la renta, los impuestos eran mínimos, los precios de los carburantes ínfimos, y los productos de primera necesidad accesibles para cualquier español, y si con todo y ello la situación de la persona no era la adecuada, ahí estaba el Auxilio Social con cientos de voluntarias para hacer frente a situaciones no deseadas.

Victoria por medio de la cual se afianzó el sentimiento de orgullo patrio, ya que como decía José Antonio no existe nada más importante que sentirse español”.

Gracias a ella se volvió a honrar la bandera nacional, los principios morales e ideológicos que desde la Reconquista hicieron de España una gran nación, volvieron a encardinarse desde las altas esferas del Estado.

El cristianismo fruto de la enseñanza de Jesucristo, verdadera religión salvadora, encardinada en el nacimiento de España, no se puede entender España sin la religión católica, volvió a situarse en un lugar preponderante. Precisamente el catolicismo es el que trae la moralidad a nuestra nación, el que lucha ante un libertinaje suicida, ante un relativismo palmario y él que actúa como contrapunto al vaciamiento de la sociedad.

Victoria basada en una integración nacional sin parangón, dónde valía lo mismo la palabra de un gallego que la de un extremeño.

En definitiva el 1º de Abril de 1939, fue la verdadera victoria, constituyó uno de los hitos históricos más importantes. Los años posteriores son el mejor refrendo para ello.

Sin embargo esta victoria conseguida con el esfuerzo y la sangre de tantos, de miles de buenos españoles, fue traicionada a la muerte de su capitán, fue ultrajada y manipulada tras las desaparición terrenal de Francisco Franco.

Algunos seudo historiadores y personajes del momento hablan de la actualidad como la panacea de la historia, intentando olvidar el pasado, borrándolo incluso de los libros de texto que nuestros jóvenes estudian.

Intentan ya no olvidar, sino borrar de la faz de la tierra la gran Obra de Francisco Franco, plasmada entre los españoles de un modo sobresaliente.

Ante ello debemos rebelarnos, y mostrar a los españoles su tremenda equivocación en apoyar un sistema que no protege al hombre, sino que lo desprecia y lo utiliza como un pelele a su antojo.

Tenemos que enarbolar la bandera de la justicia social, esa justicia olvidada y ultrajada, pero que durante 40 años fue el buque insignia del estado español.

Son los mismos que cacarean la grandeza de la “actual democracia”, este sistema que padecemos dónde las conquistas sociales se van diluyendo cual azucarillo en un vaso, basándose en el capitalismo más feroz.

Fueron 36 años de bonanza los disfrutados, pero para ello hubo que obtener una victoria costosísima a todos los niveles, sin embargo poco ha importado. Es cierto que en la actualidad acudimos como un rebaño de ovejas a la llamada de las urnas cada cuatro años en sus diferentes vertientes, pero ¿cuál es el precio que pagamos por todo ello?

¿En qué ha mejorado nuestra nación?

Desde hace 37 años venimos padeciendo una sin razón, un no saber o no querer hacer las cosas, y sobre todo asistimos impertérritos a una obra de desmontaje del sistema franquista descabellada y sin ningún sentido.

Las empresas públicas han desaparecido para dar paso a la iniciativa privada, parte de su desaparición se logró mediante prejubilaciones que han resultado ruinosas para las arcas del Estado.

Tenemos “democracia”, pero ¿cuántos parados estamos soportando?

Los principios sustentadores de nuestra nación se pisotean continuamente sin el menor decoro, no existen los valores, la disciplina ni la moral, todo ello brilla por su ausencia, haciéndose aún más notable con el paso continuado del tiempo. Un principio notabilísimo de cualquier nación es el respeto, antaño existía de un modo notable para todos y entre todos, sin embargo nos hemos olvidado de la victoria del 1º de Abril y con ello del respeto.

Antaño, un hombre un trabajo, ahora lo han substituido por la frase “un hombre, un voto”. Nos encaminamos a los 6 millones de parados, casi dos millones de personas no tienen ya ningún tipo de prestación social, la situación es ruinosa sin atisbo de futuro. Esta es la realidad laboral del sistema “democrático”, mientras la del sistema franquista fue muy distinta, consumo por doquier gracias a una productividad intensísima, trabajo en todos los sectores económicos, y cifras prácticamente nulas de paro, debido sobre todo a que en aquellos momentos existía una magistratura del trabajo que impedía salvo caso de suma gravedad el despido del trabajador.

A los autodenominados “demócratas” se les llena “la boca agua” con la grandeza del estado de las autonomías, es su gran obra, realizada tanto por las derechas como por las izquierdas.

Dicho estado es sin lugar a dudas el causante de muchos de nuestros problemas actuales, con unos ingentes gastos totalmente injustificados, multiplicidad de cargos y ruptura total de la idea nacional. Los españoles lo han elegido así y refrendado por medio de una constitución altamente nociva.

Tras la victoria del 1º de Abril se vértebra una nueva concepción de estado, Francisco Franco se rodea de los mejores, y entre todos piensan en crear una gran nación que sea una, grande y libre. Este axioma que flanqueaba al escudo de los Reyes Católicos en la bandera nacional de antaño, se cumplió a rajatabla. España pasó de ser varios mini estados a un gran Estado central, dejó aparcado un empobrecimiento mayúsculo nacido con las Repúblicas encaramándose a una grandeza inigualable, para finalmente romper las cadenas de un país custodiado por entes extranjeros para convertirse en una patria libre sin condicionamientos de ninguna naturaleza.

Nos hayamos en un momento dónde las clases sociales cada día se encuentran más separadas y distanciadas, como en tiempos del feudalismo cada día existen más ricos y cada vez más pobres, esto es la “democracia liberal”. No hace tanto tiempo en esta nación existían los mismos condicionantes sociales que ahora, ante ello vuelve a emerger la figura de Francisco Franco para crear una nueva clase social, el mejor legado que pudo dejar “el caudillo” para España, la clase media. Una clase trabajadora, luchadora, pero ante todo, un segmento social digno del país al que representa, un estrato social con derechos, pero a la vez con deberes.

Esta clase media está siendo humillada y pisoteada por todas las tendencias políticas de la actualidad; la subida de impuestos, el descenso de los salarios, la escasa cobertura social por desempleo, el aumento de los precios, etc, etc.

¡Qué buen vasallo si tuviera un gran Señor! , dijo Rodrigo Díaz de Vivar “el Cid Campeador”.

Este puede ser el paradigma de la nación española, es un buen vasallo pero no tiene un gran señor. Tener lo ha tenido, pero se le desprecia y se le insulta, incluso tras 37 años sepultado cristianamente.

Sin embargo aún existen reminiscencias del sistema franquista, hoy todavía las rentas de ese sistema tan vilipendiado por algunos persisten.

He de decir que insultan, gesticulan y ladran, pero cabalgamos.

A día de hoy por increíble que parezca se siguen cobrando dos pagas extraordinarias instauradas bajo el franquismo, la del verano en Julio y la de Navidad. Es algo que al sistema no le debe importar.

Continuamos con un Jefe del Estado heredero del franquismo, llegando a jurar fidelidad a los principios del Movimiento Nacional, sin embargo tampoco es objeto de disputa.

Seguimos almacenando agua en la gran cantidad de pantanos construidos bajo el manto protector de Francisco Franco, pantanos de una capacidad sin igual, aprovechándose las obras de los mismos para construir nuevos pueblos en las cercanías de esos pantanos, substituyendo poblados obsoletos y arcaicos por poblaciones modernas, acordes con los tiempos.

De momento tenemos un seguro social que nos ampara, es él creado por Francisco Franco a través de la ingente obra de la Seguridad Social, él mismo puesto en tela de juicio hoy en día dónde ya se escuchan voces a favor de un “copago sanitario”. Seguro dónde no existían las distinciones, ni de edad, región o salario, todos éramos lo mismo, así sucedió durante todo el mandato del Generalísimo.

En la actualidad se oyen voces discrepantes, voces imperantes dónde se exige que no todos seamos iguales, sino que paguen los que más tienen, por lo que ese imperativo de justicia social como vemos brilla por su ausencia.

El sistema recorta derechos de un modo injusto, lo que fue una sola unidad productiva, quieren convertirla en varios apartados productivos. Durante el sistema franquista el obrero no se entendía sin el empresario, y viceversa, formaban un solo ente, una sola cadena de producción sin fisuras, de ahí el nacimiento del sindicalismo verdadero, limpio y puro, dónde no existían las “poltronas”, dónde se defendían por igual los derechos siempre pensando en el bien común de la patria. ¿Ahora? , disfrutamos de sindicatos de clase, tenemos a una clase sindical parada viviendo a costa de los impuestos de todos los españoles a través del invento de las liberaciones. Sólo defienden los intereses de su amo, el señor dinero, importándoles muy poco la situación de los sufridos trabajadores y de los empresarios.

No hace tanto, España funcionaba porque el trabajador luchaba por su empresa a sabiendas que repercutía hacia su patria, al igual que el empresario aglutinaba a sus trabajadores bajo una situación de protección. Hoy en día es cierto que existen las elecciones sindicales, la libertad sindical ahí la tenemos, pero ¿cómo están los trabajadores?

No es menos cierto tampoco la existencia de una revolución liberal palmaria, dónde no hay deberes ni obligaciones.

Tampoco se nos puede olvidar que estamos ante un mundo globalizado, dónde todo vale, existiendo una complacencia total hacia los que vienen y olvidando a los que ya están en nuestro suelo patrio.

Nos enfrentamos a unos momentos durísimos con una crisis galopante y feroz, nuestros jóvenes no tienen empleo y los pocos que lo consiguen es a costa de abandonar su patria para entregar sus conocimientos a otros países.

Tras la victoria nacional en abril de 1939 España también tuvo que hacer frente como en otras épocas a una gran crisis mundial, aderezado todo ello con una guerra civil más un conflicto bélico mundial asolador de Europa.

Sin embargo, Francisco Franco se supo rodear de los mejores, de aquellos patriotas sin otros miramientos que España, supo desterrar viejos vicios de nuestra tierra para incluir una política novedosa en todos los aspectos que hicieron de España una, grande y libre, el nacional sindicalismo.

Así el propio Franco decía en 1959; suele en las grandes crisis políticas de las naciones acudirse al tópico de los Gobiernos de unión nacional, en que se pretende unir temporalmente a las cabezas, dejando divorciados los cuerpos. Y así sale ello. Nosotros somos más sinceros: unimos los cuerpos en lo que nos es común para poder marchar más lejos bajo una dirección y una cabeza.

 

El 1º de Abril de 1939 se consiguió una victoria, la misma se desarrolló durante cerca de 40 años, pensando sólo en los españoles y en la grandeza de nuestra patria. Fue la verdadera victoria, sin distinciones, sin menoscabos y sin menosprecios.

Han transcurrido 73 años desde entonces, el pueblo español hace 37 años quiso y lo consiguió, sustituir un sistema por “otro” diametralmente opuesto. Los logros de uno y de otro son palmarios, por eso trascurrido este tiempo no debemos dejar de enaltecer los valores que nos condujeron a una victoria hacia el futuro más esplendoroso.

Intentan ganar lo que no pudieron ni supieron, enseñemos el camino de la verdad, la dignidad y la justicia social.

 



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