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¿Qvo Vadis, España?
 
 Alborán
 
   España ha enviado a desguace a su único portaaviones. Hemos dejado de pertenecer al selecto grupo de naciones de tener un portaaviones.
 
   Bueno, el “Príncipe de Asturias”, que inicialmente se iba a llamar “Almirante Carrero”, y unos cuantos barcos más, entre ellos la corbeta “Diana”, los patrulleros “Dragonera” y “Conejera” (cedidos a Mozambique y Senegal, respectivamente, por 100 euros cada uno), el patrullero de altura “Chilreu”, el buque de desembarco “Pizarro”, el submarino “Siroco”, y puede que dos de lasseis fragatas de la clase Santa María (F-80). A ellos hay que añadir, presumiblemente entre 2014 y 2016, los patrulleros “Cazadora”, “Infanta Elena”, “Infanta Cristina” y “Vencedora”, los patrulleros “Tagomago”, “Tabarca” y “Medas”, el buque de salvamento “Neptuno”, y los buques hidrográficos auxiliar “Antares” y “Rigel”.
 
   Al “Príncipe de Asturias” le quedaban cinco años de vida útil, estirables a diez, y era (ya no lo es) un autentico portaaviones, no como el BPE “Juan Carlos I”, un híbrido de buque de desembarco y de lanzamiento de medios aéreos y otros muchos propósitos, el cual está en gira comercial por Australia y, además, no es completamente operativo por varios motivos. Ni siquiera servirá de museo y centro de enseñanza, como se había propuesto desde medios no oficiales.
 
   La excusa para defender este desguace es que tenemos un buque de mayor tonelaje y multipropósito. Es decir que sus capacidades son limitadas para cualquier propósito previsto; excepto, en todo caso, para operaciones anfibias, que por definición supone desembarcos en fuerza en costa hostil, horizonte no previsto ni a corto, medio ni largo plazo.
 
   El presupuesto para el mantenimiento del portaaviones es de 10 millones de € (30 con reformas incluidas). Menos de la mitad de muchos casos concretos de evasión de capitales al extranjero y de los ocho que va a gastar en 2013 esa “autoridad” nacional que se llama Arturo Mas, de los impuestos de todos los españoles gracias al “rescate” del Gobierno central, en contratar agencias que organicen sus viajes institucionales y comisiones de servicio en el extranjero para exportar la causa independentista. Incluso Bárcenas podría pagar de “su” bolsillo, holgadamente, varios años de portaaviones. El año pasado gastamos seis millones de euros en el mantenimiento de los vehículos de… ¡la policía palestina! Los liberados sindicales cuestan 3.000 millones. Un organismo dependiente del Ministerio de Cultura convocó”ayudas a la danza, la lírica y la música” por valor de5’2 millones de euros. El Instituto de la Mujer, dependiente del Ministerio de Sanidad, ha destinado este año, para financiar los estudios “de las mujeres y del género”, más de 600.000 euros. El Consejo de la Juventud se gastó 900.000 euros en viajes entre 2011 y 2012… Y esos ejemplos no agotan la especie: añadan ustedes las infladas administraciones autonómicas y locales, con sus innumerables “subvenciones” de todo tipo, “consejeros”, “agencias”, “empresas”, “televisiones” e incluso “embajadas”.
 
   Por si fuera poco, la mayoría de nuestros buques de guerra no desguazados están amarrados, con gran perjuicio para su operatividad y el adiestramiento de las dotaciones. Situación que recuerda mucha la de los prolegómenos de la batalla de Trafalgar. Y el que tenga alguna duda que consulte la obra La Campaña de Trafalgar, de J. Ignacio González-Aller Hierro, editado por el Ministerio de Defensa en el año 711.
 
   Marruecos, en contrapartida, está potenciando de forma rápida sus capacidades aeronavales. Es evidente que este enorme esfuerzo presupuestario tiene algún objetivo militar o estratégico. No tiene ninguna amenaza que proceda del Atlántico o del Estrecho de Gibraltar, pues estas capacidades militares no son aptas para su conflicto en el Sahara, eminentemente terrestre. Es evidente que sus objetivos estratégicos, proclamados abierta y reiteradamente, están en los ricos yacimientos petrolíferos en aguas discutidas de Canarias y en el Estrecho de Gibraltar, en la que ha potenciado su presencia con una excelente base naval, en Alcazarseguer, al lado de Ceuta, la cual, con una dotación de dos fragatas y una corbeta, puede controlar el Estrecho de Gibraltar.
 
   ¿Cuándo esta amenaza en nuestro flanco sur estará lo suficientemente desequilibrada para que le sea tentadora una solución de fuerza? Sencillo. Comparando la evolución de las capacidades de cada uno, no más lejos de cinco años. A partir de ahí, será cuestión de buscar la oportunidad política favorable, para lo que han demostrado incuestionables habilidades.
 
   Y los Ejércitos de Tierra y de Aire no van a la zaga. ¿Recuerdan el empeño del rey y del ministro en vender carros a Arabia, tradicional suministradora de Marruecos? ¿Saben que ya se habla del “ejército de los 10.000 -soldados-”? ¿Conocen los problemas y retrasos del caza “Tifón” (La mitad de la flota de cazabombarderos “EFA/Eurofighte” no sale a volar por problemas de configuración) y del transporte A-400?
 
   Mientras Marruecos se rearma, España se esfuerza en desarmarse, material y moralmente. La Memoria de Legislatura (2008 y 2011), además de estar repleta de frases ampulosas y huecas, presume de una reducción del presupuesto de defensa del 16%. Toda una hazaña después de tantos años de reducciones y desmantelamiento. Y eso que ya hoy en día ninguna nación del mundo de nuestra población y capacidades económico-industriales tiene un presupuesto tan ridículamente bajo como el nuestro. Con esas previsiones, que siempre cuajan en mayores recortes aún, difícilmente se podrá, no ya adquirir nuevos medios, simplemente mantener los mínimos actuales.
 
   Y, sin embargo, se prorroga y, amplia, la participación de las Fuerzas Armadas en el exterior, cuando todo el mundo se retira de Afganistán y apenas podemos cumplir nuestras misiones dentro del territorio nacional y aguas jurisdiccionales.
 
   La corrupción política, según los medios de comunicación y lo aflorado hasta ahora, supera en más del 35% el presupuesto de Defensa. Sin contar los gastos multiplicados innecesariamente por clonar instituciones (gobiernos, congresos, policías, defensores del pueblo, etc.), otros gastos y subvenciones superfluos.
 
   La situación estratégica actual, de indefensión en el Estrecho de Gibraltar, tiene muchos paralelismos con la situación del año 711, víspera de la mayor catástrofe en la Historia de España. Esperemos que el Rey D. Rodrigo no tenga imitador, porque “witizas” (y “elipandos”, no nos olvidemos) ya tenemos bastantes. Y, a ello, hay que añadir que como entonces no solo los “vascones” pugnan por independizarse, sino que el “conde Arturo” ya ha puesto fecha a su secesión… y aquí, “del rey abajo ninguno” ha chistado.
 
 
 
 
 
 


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