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Reinauguración de la estatua del Gral. Yagüe
 
   Palabras de Mª Eugenia Yagüe Martínez del Campo, hija del General Juan Yagüe Blanco, el día de la reinauguración de la estatua dedicada al General Yagüe, el 19 de julio de 2013 en Melilla, a cargo de la Fundación Yagüe y de Gaselec. 
 
Mª Eugenia Yagüe 
 
   En mi estado de ánimo en estos momentos se alberga una indignación contenida, satisfacción plena y orgullo de estar entre vosotros, en esta ciudad española por excelencia.   Ante el acto vandálico y sin razón, cometido en la madrugada del 12 de octubre de 2008 al monumento del General Yagüe, que fue levantado en el año 1958 como prueba de gratitud de un pueblo al hombre que quiso a los suyos como nadie, contestaron con indignación los vecinos de San Leonardo, que guardan un gran cariño y respeto a la memoria de mi padre.  
 
   La Fundación Yagüe, envió a los medios de comunicación una nota de prensa, en los siguientes términos:  
 
   “La mutilación de la estatua ha levantado una amplia repulsa tanto entre los habitantes del pueblo, como entre los miembros de la Legión y de las Fuerzas Armadas en general.   
   Este bárbaro acto supone una ofensa a los habitantes de San Leonardo de Yagüe, a nuestras Fuerzas Armadas, y a la memoria de este insigne soldado, así como a la pacífica convivencia, por lo que solicitamos la inmediata restauración del monumento.  
   La Fundación realizará, en fecha que se anunciará posteriormente un acto de homenaje y reparación al insigne General”.  
 
   Es de justicia reseñar el coraje y repulsa del alcalde de San Leonardo de Yagüe quien, crispado, manifestó: “quien no le guste este pueblo que no venga”, lo que todos aplaudimos, quejándose públicamente del silencio y del escaso apoyo de sus compañeros de partido, tanto los de la Corporación Provincial, donde es diputado, como de otros estamentos del mismo partido, el Partido Popular.  
 
   Este énfasis se disipó en menos de 24 horas y paso de ser aguerrido defensor de la memoria del General Yagüe y de su monumento a ser el brazo ejecutor de la demolición del mismo.  
 
   Hizo oídos sordos a la propuesta de la Fundación, que no era otra que la restauración del monumento, sufragando los gastos de dicha restauración.  
 
   Pero hay que hacer justicia y ha llegado el momento de que cada uno asuma la responsabilidad que tiene en este acto salvaje, y que tiene como fin arrancar parte de la Historia de España y que se vaya olvidando a los hombres que levantaron España después de una Guerra Civil y que si bien ganaron la guerra también ganaron la paz y la convivencia entre todos los españoles.  
 
   Con fecha 6 de abril de 2009, es decir a los seis meses del vandálico acto, escribo una carta al Presidente de la Junta de Castilla y León, don Juan Vicente Herrera Campo, donde manifiesto:  
 
   “Si algo tengo claro en mi vida es que puedo jactarme de lealtad al partido donde milito desde el año 1980, donde he trabajado de una manera eficaz y desinteresada. Los 13 años que estuve en el Gabinete del Presidente, mantuve la misma conducta intachable que ha sido mi norma de vida y por ello señor Presidente puedo exigirle respeto a mi persona y a la memoria de mi padre.  
   Chistecitos hechos en público y más aún al alcalde de mi pueblo, que es el único responsable de la situación tan desagradable que estamos viviendo en San Leonardo señor presidente ni uno.  
   El alcalde mantiene el monumento decapitado, no nos deja ni taparlo ni restaurarlo a la Fundación, conducta diabólica que demuestra una falta de sensibilidad, y de respeto y que nadie censura.  
   Los comentarios de mal gusto, hechos por usted, tomando a broma y de una manera gratuita, si se tira o no el monumento de mi padre, no se lo aguanto ni a usted ni a nadie.  
   El atentado al monumento de mi padre es un acto vandálico hecho a una persona que se le debe respeto y gratitud sobre todo los sorianos y burgaleses.  
   Fue inadmisible su silencio, debía haberlo censurado públicamente, y ya que no lo hizo en su momento, cállese, pero le repito de bromas de mal gusto, ni una sola señor Presidente."
 
   Pero por supuesto no termina aquí la lista de responsabilidades. La manera de proceder de los hijos del General que están convencidos que con la que esta cayendo es mejor estar calladitos, posturas que respetamos, pero que censuramos y censuraremos con todas nuestras fuerzas.  
 
   Lo honesto, lo honrado y lo lógico es haber subido al Ayuntamiento los seis hijos y comunicar a la Corporación Municipal que del monumento no se quita ni una sola piedra, la restauración de la cabeza, corre a cargo de los hijos y de no hacernos caso nos veríamos en los Tribunales.    
 
    Puede más la comodidad y la cobardía, que lo honesto y lo honrado y van a lo cómodo, no hacer nada.  
 
   La Fundación denunciamos el hecho ante los tribunales y llegamos a Estrasburgo, se nos desestima nuestras demandas alegando que la Fundación no esta legitimada para denunciar este hecho, en nuestro haber esta la satisfacción del deber cumplido.  
 
   Ante un acto de injusticia como este siempre surgen personas o entidades que reaccionan con honestidad, con honradez y recogen los restos que otros mal nacidos han escondido, entre chatarra, porquería y basura.  
 
   Gracias a la Fundacion Gaselec, a su presidenta María del Carmen Gutiérrez y a su hijo y vicepresidente Gustavo Cabanillas, por reconstruir el monumento a Yagüe, porque gracias a esta reconstrucción, precisamente en Melilla, que hoy admiramos, se mantendrá viva la figura señera del General Yagüe, preguntarán por él y la mejor definición que podéis dar es que fue un hombre que ganó la Guerra Civil, pero que su obsesión fue la reconciliación entre todos los españoles, por eso en el pedestal aparecen las palabras “Paz y trabajo”.  
 
   Gracias por este gesto pues con el nos inyectáis energía y optimismo para seguir nuestra tarea que, sin duda, es también la vuestra.  
 
   Y mis palabras son de orgullo, por estar con vosotros en este entrañable acto, que para mí es algo mas que ver reconstruida el monumento a mi padre, es el orgullo de sentirme miembro vivo de las Fuerzas Armadas, que sentimos como nadie, la Patria, la Bandera y a España.  
 
   No es fácil, más bien difícil, ser hija de un hombre de la talla de mi padre, esta dificultad nunca para mi ha sido una carga sino todo lo contrario, ha sido un orgullo, pero he tendido siempre presente que no podía crecer bajo su sombra, ni podía vivir de su prestigio.  
 
   Ha sido una constante en todas mis actuaciones ser yo misma y sin falsa modestia, creo que lo he conseguido.   He administrado con cariño y con energía la única herencia  que mi padre me dejo, que es un apellido limpio.   Creo en la persona por encima de todo, porque es el único ser de la naturaleza capaz de cambiar la faz de la tierra.  
 
   Creo en la persona como portador de valores eternos, frase joseantoniana que refleja lo que quiero decir.   Creo en la persona que posee y ejerce la honradez, el bien hacer, el trabajo, la amistad, el esfuerzo, el que mira hacia arriba para pedir ayuda y hacia abajo para ayudar a sus semejantes, esto son para mí valores eternos, porque cuando la persona físicamente deja de estar entre nosotros, sus virtudes y sus cualidades permanecen en la mente de aquellos que le conocieron, directamente o a través de sus obras.  
 
   Tengo la suerte de haber nacido en el seño de una familia, donde era artículo de fe lo que he manifestado anteriormente y de tener unos padres que, con su ejemplo y con sus escasas palabras, me inculcaron lo que para mí es artículo de fe.   Estas reflexiones que hago ante vosotros en voz alta, las repito todas las veces que puedo y sobre todo en estos momentos donde parece, que lo superficial y las cosas materiales, son las que predominan.   Aquellos que nos emocionamos oyendo el Himno Nacional, que inclinamos la cabeza al pasar la bandera de España; que respetamos las instituciones, nos llaman o nos califican de fachas, de antiguos, yo respeto a todos y a todo, y en justa correspondencia exijo el mismo trato que yo tengo hacia ellos.  
 
   Esto es lo que me enseñaron y esto es lo que defiendo. Me siento muy orgullosa de ser hija de quien soy y doy gracias a Dios de haberme concedido los padres que tengo.  
 
   Actos como este me afianzo más en mis creencias y me confirman que hemos elegido el camino correcto.   Gracias por este acto, vosotros estaréis siempre presentes entre nosotros.  
 
   Desde lo más profundo de nuestro corazón y con el orgullo de ser españoles    
 
   Gritad conmigo:         
 
 
VIVA MELILLA
VIVA ESPAÑA
 
 
 
 
 


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