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SALVADOR DALI Y JUAN DE AVALOS

UN SIGLO DE DOS GRANDES ARTISTAS. UNA VOCACIÓN, DOS TRAYECTORIAS

Juan Avalos Carballo
 
Dalí Salvador Dalí Doménech nace el 11 de mayo de 1904 en Figueres (Gerona). Formado en los Hermanos de la Caridad Cristiana y posteriormente en los Maristas de Figueres a los diez años lo que le proporciona una sólida base religiosa cristiana.

Muy pronto el niño Dalí recibe clases en la escuela Municipal de Dibujo de su ciudad natal donde demuestra sus capacidades innatas. Con solo 12 años conoce en un veraneo en Cadaqués a Ramón Pichot, un pintor que conocedor de las tendencias vivas por entonces en París, le descubre la pintura contemporánea.

Con trece años le dibuja cuentos a su hermana enferma y su padre le organiza una exposición de dibujos al carbón en su casa, participando posteriormente en una en el teatro municipal de su ciudad natal, hoy Teatro Museo de Dalí.

Rodeado de un ambiente abierto a las influencias del pensamiento europeo de vanguardia, Dalí desarrolla una actividad cultural excepcional para su juventud dispersa entre la literatura, el dibujo y la pintura. Hace impresionismo, refleja influencias del dadaismo y del cubismo picasiano, y sus excepcionales dotes para el dibujo se concretan en excelentes pinturas academicistas.

Decidido a ser pintor, su padre le impone la obtención de un título de Bellas Artes y en 1.920, ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Mientras tanto en Mérida, el 21 de octubre de 1911, había nacido Juan Avalos García-Taborda, en el seno de una sencilla familia emeritense dentro de una casa con cimientos romanos.

Dos elementos marcan desde su juventud su vida artística dentro del aislacionismo cultural de la provinciana Mérida. El perfume clásico que se vive en las tertulias de la ciudad a las que su padre Juan asiste y donde se sigue con intensidad las excavaciones del teatro y el anfiteatro romanos y las lecciones de dibujo que don Juan Carmona, Párroco de la iglesia de Santa Eulalia, con el que copia decenas de motivos religiosos.

Ávalos con once años también dibujaba acompañando a su madre en los corros de las mujeres en el patio de la casa donde se repasaba la ropa o se tejía al atardecer, apuntes y retratos a lápiz de increíble realismo.

Tal era su vocación por el arte y su despego por otras actividades habiendo necesidades económicas en la familia, que teniéndose ésta que desplazarse a Madrid tiene que ponerse a trabajar en un taller de ebanistería lavando con 14 años muebles con sosa cáustica en la calle Santa Catalina. Allí cayeron en sus manos un juego de formones y gubias que le regala al comprobar sus habilidades su patrón, don Manuel López y comienza a restaurar los relieves de los muebles, tallando cabezas en los arcones, rehaciendo las manitas de los ángeles de los retablos y tallando casi a escondidas sus primeros Cristos que para ayudar en casa y en sus estudios vendía…¡A peseta el centímetro!

Su demostrado interés por el arte y sus demostradas capacidades, llevan a la familia a la misma decisión que a la de Dalí: “Te matricularás en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y obtendrás el título de profesor.”

Mientras que Dalí se expande culturalmente recibiendo las influencias de la avanzadísima cultura catalana tan interactiva con la parisina y por ello con las vanguardias europeas del arte, Avalos se centra en el exhaustivo aprendizaje de las ciencias y los oficios artísticos tan necesarios para el desarrollo de las artes clásicas y así se perfecciona en Geometría descriptiva, tan necesaria para la estereotomía de la piedra, que le permitiría años después desenvolverse con facilidad en la construcción de las esculturas del Valle de los Caídos, en Anatomía, en Modelado el Dibujo y en el grabado y en todo aquello que le permitiera su diálogo artístico con los clásicos.

En 1926 Dalí es expulsado de la Academia de Bellas Artes por su innata rebeldía, que le llega acostar una temporada en la cárcel. Avalos todo disciplina y modestia en sus estudios, recibe una beca de la Diputación de Badajoz de 100 pesetas que le permitiría seguir estudiando y ayudar a la familia.

Dalí viaja a París, conoce a Picasso y conoce el Museo del Louvre y se sumerge en 1.927 en el torbellino del final del dadaísmo y las primeras influencias claras del surrealismo, un ismo al que en la España del interior aún no sabían si traducirlo literalmente del francés como “sobre realismo” o “Sobrerealismo”.

A la extraordinaria personalidad de Dalí le viene como anillo al dedo el nuevo movimiento pues ese “Funcionamiento real del pensamiento, con ausencia de toda vigilancia ejercida por la razón, donde todo límite está en la imaginación del autor y en sus sueños”, necesitan de una excepcionalidad en las condiciones artísticas para exponer esos sueños con claridad lo que era una de las características fundamentales del dibujo hiperrealista de Dalí.

Él se define como: “Perverso, polimorfo, rezagado y anarquizante” y también como: “Blando, débil y repulsivo” nada más lejos de una realidad que le capacita para explorar continuamente los movimientos de vanguardia que surgen a su alrededor.

Mientras Dalí se va forjando su escandalosa personalidad con una intuición increíble para el marketing y la publicidad, Avalos, prosigue el estudio de los conocimientos para su emulación personal de los clásicos con gran modestia y sencillez.

Pero la formación religiosa de Dalí y su insatisfacción ante la posición moral del surrealismo lo van separando del bloque de André Bretón y de su fundamentalismo izquierdista, que critica a quienes no apoyan la revolución marxista.

Dalí se encuentra suficientemente libre para expresarse dentro de alguna de las dos corrientes surrealistas, la primera identificada con el partido comunista francés y la segunda encabezada por Bretón de tendencias troskistas y sigue su camino…Pero sus silencios y ambigüedades ante tanto sectarismo le delatan y es acusado de fascista y expulsado del movimiento surrealista.

En 1939, Dalí reconoce su admiración por el Führer y realiza en 1939 su obra “El enigma de Hitler”.

No podía ser de otra manera. En el surrealismo de Dalí no existe solo la influencia de ese tratar de plasmar el mundo de los sueños y de los fenómenos subconscientes. Bretón intenta descubrir las profundidades del espíritu y allí Dalí siente, por su formación religiosa, la necesidad de de la trascendencia y se encuentra solo en la interpretación, la hace suya, se ve con un campo infinito de posibilidades y proclama:” El surrealismo soy yo”.

En 1940, después de estallar la segunda guerra mundial, Dalí huye a los Estados Unidos y después de ocho años de estancia vuelve a abrazar la fé católica de su infancia.

A Ávalos sin embargo le toca de lleno la contienda civil y su adscripción juvenil a las juventudes socialistas y su cercanía a los gobernantes republicanos que patrocinaban su trabajo en Mérida le hacen fácil blanco del sectarismo y es detenido y puesta en peligro su vida. La intervención de un personaje querido por toda la ciudadanía, el doctor Muñoz Calero, le salva la vida y es incorporado al ejército nacional. En el frente de Andalucía escapa milagrosamente a la muerte y herido, es internado en un hospital de Córdoba. En el 39 se casa en Pontevedra y en el 41 nace su primer hijo.

Las necesidades económicas no le permiten desarrollar su arte con plenitud, la escultura es mucho más compleja de elaborar que la pintura, y vive de ser delineante proyectista de motores eléctricos en Cenemesa (Westinghouse).

Mientras tanto el desarrollo de la exótica personalidad de Dalí es frenética, abarcando además de su pintura, el cine, los figurines y decorados teatrales y publicando artículos contra la facción surrealista comprometida políticamente con el comunismo y apoyando a Franco en la guerra civil española.

Mientras en el 48 vuelve a Europa y se establece definitivamente en Cadaqués, a Ávalos se le abre un expediente que le purga de todos sus cargos públicos y le inhabilita para la enseñanza cortándole definitivamente su carrera académica. La Familia Avalos tiene que emigrar a Portugal donde junto a un grupo de artistas, Anjos Teixeira, Correia, Ferreira, Bonifacio Lázaro aprovechan el impulso que Salazar ha dado a las artes forzando a que todo edificio de cierta categoría en Portugal, lleve incorporada pintura y/o escultura.

Mientras que en el 52 Dalí, en la célebre conferencia “Picasso y yo” dijo aquello de Picasso es un genio y yo también. Picasso es comunista y yo tampoco” entre los aplausos del público, Avalos desplazado a Portugal seguía dolido de la terrible confrontación y enviaba a la exposición nacional de Bellas Artes del Retiro su triste grito de dolor expresado en su grupo “El Héroe Muerto” en el que un hombre sujeta a al hermano muerto en la contienda.

¡Quien le iba a decir a Ávalos que esa obra crítica con la violencia le iba a proporcionar la admiración de Franco y la oportunidad del encargo de las esculturas monumentales del Valle de los Caídos!

Mientras que Dalí se incorporó entusiasta al Movimiento Nacional, Ávalos luchaba para interpretar la reconciliación en Cuelgamuros.

Su soterrada labor en pro de la representaciones religiosas dentro y fuera de la Basílica, obtuvo que las ideas de aquellos que pretendían que en aquellos espacios se representarán escenas bélicas de las batallas como “El paso del estrecho”, “El Alcázar de Toledo” o “Badajoz”, fueran finalmente sustituidas por hermosos tapices de la Real Fábrica, lo que le proporcionó más de un enemigo en el entorno del Generalísimo.

Tras una entrevista en el palacio de El Pardo de una duración prevista de un cuarto de hora, donde Ávalos expuso con vehemencia sus ideas sobre la estatuaria y representación escultórica en el Valle y que se alargó más de una hora, se estableció un respeto mutuo por encima de las diferencias ideológicas.

En un momento de la conversación, cuando se trató ligeramente la política, Franco llegó a decirle al escultor: “No se preocupe por eso, Avalos, yo también era republicano”.

Por aquella época, en el 56, es recibido Dalí en el Pardo y posteriormente condecorado con la Gran Cruz de Isabel La Católica. Por el contrario, a Ávalos le siguen persiguiendo los fantasmas de la guerra, y a pesar de haber dado su sangre en el ejército nacional, no es ni tan siquiera invitado a la inauguración del Valle de los Caídos.

Dalí cuyo surrealismo brota de las raíces del más rancio comunismo se integra en la España de Franco de manera asombrosa, el camino humanista del socialismo cristiano de Ávalos encuentra el camino minado por ambos bandos, hasta el punto que desesperado por la falta de trabajo, pide una entrevista en El Pardo para anunciarle que ha decidido abandonar España, donde la vida se le hace imposible y que va a aceptar la propuesta de la Universidad de Nueva York.

Le rogó que se quedara y nunca más le faltó trabajo en vida de Franco, tal era la admiración que sus esculturas del Valle habían suscitado en él.

Dalí, a pesar del rechazo de la izquierda por su adscripción al franquismo tuvo dos enormes ventajas sobre la figura modesta y sencilla de Ávalos:

La primera: su sensacional promoción mediática y la expansión de su obra en Estados Unidos.

La segunda: su origen catalán y el apoyo decidido de la burguesía de su tierra.

Meses antes de su muerte, tremendamente preocupado por la deriva de la España de Zapatero, mi padre me decía al conocer la aprobación del Estatuto de Cataluña:”Hijo estáis en el treinta y uno” A lo que respondí: “No te preocupes padre, ahora no hay una sociedad empobrecida y menesterosa como la de la España del 36”

“La crearán”. Me contestó…Y tengo que reconocer que en eso estamos.

Dalí, a la muerte de Franco, lloró largamente. Mi padre, sin que mi madre se enterara, ella nunca se reconcilió con la Mérida del 36, acudió ante su túmulo.

 

 

Madrid 6 de mayo de 2.012

 

 

José Antonio era un genio. Aparte de su actuación política, José Antonio Primo de Rivera ha sido una de las personas más importantes que ha tenido España.

 

Salvador Dalí



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