Negro sobre Blanco
 
 
 
Salvador Dalí, el Leonardo Da Vinci español del Siglo XX
PPG - FNFF
Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí y Doménech nació el 11 de mayo de 1904, en el número 20 de la calle Monturiol, en Figueras, provincia de Gerona, en la comarca catalana del Ampurdán. Era el primer Marqués de Púbol. En septiembre de 1921, Dalí es aceptado en Academia de Bellas Artes de San Fernando, y en la Residencia de Estudiantes. Si bien no aprendió mucho de sus profesores, como bien señala Dawn Ades, en su biografía, Dalí si que trabó amistad, sin embargo, con una serie de personajes que marcarían su manera de entender la vida, el arte y la política en estos primeros años.
 
   Salvador Dalí fue, además de un pintor extraordinario, un verdadero genio. Su vida y, sobre todo, su forma de pensar y sus ideales, están hoy en día ocultados y secuestrados el pueblo español. Pocos saben que Dalí admiraba profundamente a José Antonio Primo de Rivera y era un ferviente seguidor de la Falange. Dalí era muy español y  pro-España y contrario totalmente al separatismo, que consideraba cateto y sin horizontes. Igualmente era muy franquista y siempre defendió a Francisco Franco donde quiera que estuviese, por todo el mundo. El artista ya expresó su admiración por José Antonio en Las pasiones según Dalí, el libro de sus conversaciones con Louis Pauwels. Allí, aparte de hablarse del retrato del fundador de la Falange, Dalí expresó que: José Antonio tuvo el valor de presentarse tal como era, de hablar en nombre de lo que él consideraba la élite, y de proponer un programa que borrara todos los ¡Abajo! en un solo lema: ¡Arriba España! No estoy haciendo apología del fascismo español. Lo que admiro de este discurso es la voluntad de inversión de las ideas en sentido vertical.
 
   Dalí fue considerado el Leonardo da Vinci español del siglo XX y supo forjarse un halo de excentricidad y egocentrismo que marcaría el mundo de las artes del siglo XX. Dalí compartió vivencias con vanguardistas como el poeta García Lorca, Luis Buñuel, Pepín Bello y Eugenio Montes, que después sería uno de los intelectuales falangistas más allegados a José Antonio. Este grupo “estridente y revolucionario”, en palabras del genio Dalí, había heredado de la generación anterior, de la tradición ultraísta, (un movimiento fundado por Rafael Cansinos-Assens, opuesto al modernismo), y relacionado con el dadaísmo de Tristán Tzara. Salvador Dalí, a pesar de ser catalán, y de que su origen presidiera gran parte de su obra artística, nunca fue seducido por el fantasma fácil del separatismo. Dalí sostenía que había que universalizar lo local, haciendo él lo propio con la barretina catalana. Siempre fue embajador español en el extranjero, especialmente durante su estancia en Estados Unidos, en los años cuarenta. Sus primeras incursiones en política le llevan a una militancia anarquista. Hijo de padre ateo y republicano, y de una madre ferviente católica. Este manifestado anarquismo de Dalí le costó pasar un mes encarcelado en Figueras y en Gerona, al haber participado en la quema de una bandera española, en el transcurso de unos disturbios iniciados en la Escuela de Arte de Figueras, durante una protesta contra la Dictadura. En 1926 fue expulsado de la  Academia de Bellas Artes de San Fernando por sus continuos excesos e insubordinaciones.
 
   Dalí hizo incursiones en el cine, la escultura, la joyería y el teatro, trabajando como diseñador de vestuario y como escenógrafo. También fue escritor, destacando su obra Diario de un genio. Colaboró con Luis Buñuel en la película Un perro andaluz, estrenada en 1929, siendo uno de los máximos exponentes del surrealismo. Dalí se había sumado al movimiento surrealista, del cual sería uno de sus prohombres. No obstante, el descubrimiento entre 1929 y 1930 del “método paranoico-crítico”, favoreció la emancipación artística de Salvador, y su separación, a mediados de la década, del movimiento surrealista. Su ruptura con André Breton, el líder oficial del surrealismo, le desplazó de sus correligionarios. Bretón afirmaba que la obra de Dalí, desde 1936, carecía de interés para el surrealismo y en 1939, finalizada la Cruzada Nacional de Liberación, se apartó del grupo e inició un camino solitario, arrepintiéndose sinceramente de todo ese oscuro pasado. André Bretón era comunista y había ofrecido el apoyo del movimiento surrealista  a la URSS, en un telegrama reproducido en la primera página de SASDLR, cosa que favoreció la salida de Dalí. Los intentos de sovietización del movimiento artístico produjeron ácidas discusiones entre Dalí, André Bretón, Louis Aragón, y André Crevel.
 
   A partir de 1.945, Dalí comienza a pintar cuadros históricos. Fascinado por la Fe, por el mundo del Imperio Hispánico, cuadros como El sueño de Cristóbal Colón son, sin duda, temas estrictamente dalinianos relativos a la fe y a la fuerza de la tradición, bajo una clara intencionalidad épica.     
 
   Se había declarado joseantoniano en algunas ocasiones. Existen dos pruebas gráficas de esta declaración de principios, que son las dos fotografías de su despacho: una tomada en 1966 y otra tomada en 1974. Este retrato oficial de José Antonio presidía una de las habitaciones de su casa. Al morir Dalí, los derechos de autor fueron adquiridos por el Estado Español desde 1989 hasta 1994. Fue en 1995 cuando la Fundación Gala-Dalí se hizo cargo de ellos, así como de la gestión de la Casa-Museo Dalí, con la condición de no mover un ápice su disposición. Todo debía quedar tal y como lo dejó el artista antes de fallecer. Ni un solo cambio. Faltó tiempo para que se retirara el retrato de José Antonio vestido con camisa azul, del despacho del artista. Además, Dalí y Manuel Vázquez Montalbán realizaron juntos, en 1972, la ópera-ballet Étre Dieu en honor de José Antonio Primo de Rivera. Dalí elaboró el boceto del guión (apenas diez líneas) y Montalbán, ajeno a conjuras comunistas por aquel entonces, elaboró el libreto de la obra nunca representada, que habría sido dirigida por el compositor Igor Wakhévitch, y patrocinada por el mecenas catalán Oriol Regás, renovador cultural de la Barcelona de los setenta.  Dalí define a José Antonio en su obra como “nuestro gran héroe español y mártir” y pone en boca del Fundador ataques a “ese personaje funesto que se llamaba Jean-Jacques Rousseau”. En este sentido, el pintor declara en su ópera que la garantía más grande de corrupción y de equívoco pegajoso y abominable, es la democracia que todo lo aplasta. Es por esto que José Antonio Primo de Rivera se había sublevado contra el principio democrático y se había instaurado en su cerebro unos regímenes que garantizaban mucho más la libertad de cada individuo pues, en una monarquía absoluta, hay sitio. Y en su libro Las pasiones según Dalí (conversaciones con Louis Pauwels) habla del retrato fotográfico del fundador de Falange, hoy desaparecido de las paredes de Port Lligat. Hoy la ópera Étre Dieu es custodiada por la Fundación Gala-Dalí, con un hermetismo que ha vetado incluso a estudiosos de la vida del genial artista examinar tal documento. 
 
   Durante la Cruzada, apoyó al Bando Nacional y a Franco fervientemente, desde Estados Unidos. Un nutrido grupo de intelectuales que logró evadirse de la España roja o que no quiso regresar a ella, formó en el extranjero la agrupación llamada después la Tercera España, por su alejamiento de compromiso durante la Guerra Civil. Manuel Aznar, en Diario de la Marina (febrero de 1937) cita una impresionante lista de intelectuales huidos del caos y la barbarie roja lo antes posible, entre los que figuran Ramón Menéndez Pidal, los doctores José Sánchez Covisa y Gregorio Marañón, los profesores Gustavo Pittalunga, Blas Cabrera, Carlos Jiménez Díaz, Américo Castro y Ramón Gómez de la Serna, el arquitecto y político catalán Josep Puig y Cadafalch, el escultor Sebastián Miranda, amén de innumerables políticos presididos por don Niceto Alcalá Zamora y don Santiago Alba, tres presidentes del Consejo y catorce ministros de la República...
 
   Representante típico de la Tercera España es Salvador Dalí, que se marchó al poco de estallar la contienda, siendo uno de los pocos intelectuales españoles que desde el principio apoyó a Franco en la Guerra Civil española. El 7 de diciembre de 1936 llegó a Nueva York, apareciendo su fotografía en la portada del Times del día 14. El 15 expone en la galería Julien Levy. En esa exposición, entre otras obras, se cuelga el lienzo Premonición de la guerra civil. En marzo de 1937 publica Je défie Aragon, contra la facción surrealista comprometida políticamente con el comunismo.
 
   Dalí volvió a España y se instaló en Port Lligat. En 1949 causó impacto nacional el anuncio en el teatro María Guerrero de Madrid, de la versión de Don Juan Tenorio que iba a representarse, sobre figurines y decorados de Salvador Dalí, que produjeron una gran sensación por su extraordinaria belleza.     
 
   Emilio Romero, en su libro Testigo de la Historia, relata la célebre conferencia Picasso y yo, que pronunció Salvador Dalí en el teatro María Guerrero de Madrid, el 11 de  noviembre de 1951, ante la presencia de un numerosísimo auditorio. El organizador de dicha conferencia fue el profesor Manuel Fraga, y el acto se enmarcaba dentro de la I Bienal Hispanoamericana de Arte. Después de haberse retrasado cuarenta y cinco minutos, Salvador Dalí salió al escenario. Las ovaciones y los silbidos se mezclaron de manera horrísona. Dalí esperaba con impavidez desafiadora, el final de la tormenta. Cuando el público dio por terminado su caluroso recibimiento, se puso en pie como un autómata, puesto que el temporal lo había soportado sentado estoicamente. Sus primeras palabras fueron éstas: Picasso es español; yo también. Picasso es un genio; yo, también. Picasso tendrá unos 72; yo unos 48 años. Picasso es conocido en todos los países del mundo; yo también. Picasso es comunista; yo, tampoco. Aquí empezaron las primeras ovaciones. Dalí pronunció una breve, valiosa y españolísima conferencia. Se metió en el bolsillo a tirios y troyanos. Recabó para España todo, pero no caprichosamente; no por patriotismo ciego. Intentó hallar los motivos del “comunismo” de Picasso, y los halló, principalmente, en la devoción de éste por la miseria. Posiblemente, la representación más viva de la miseria es ese dibujo del propio Picasso que se encuentra en el Museo de Arte de Cataluña, en Barcelona. Es un hombre increíblemente harapiento, con restos de ropas que semejan una túnica corta, como si fuera un homenaje a la dignidad de la miseria.
 
   Dalí contó la anécdota de aquel requerimiento que se hizo a Picasso para ir a América, a través de un puente de oro. Picasso admitió en seguida la posibilidad de dormir debajo del puente. Finalizó Dalí su conferencia dando lectura a un telegrama que pensaba enviar a Picasso, solicitando también las firmas de los intelectuales españoles. El texto era otra prueba del talento del pintor catalán. Le decía que en Rusia se purgaba todo, hasta a la música. Pero que el espíritu católico español, que amaba la libertad, saludaba al genio anárquico de Picasso, y sentía el orgullo de saberlo español.
 
   Se incorporó con fervoroso entusiasmo al Régimen del 18 de julio. Admiraba al estadista Franco y Franco admiraba al pintor Dalí. Se instaló durante unos días en Cadaqués y allí recibió a Eugenio D’Ors, a Luys Santa Marina y a varios intelectuales catalanes, declarándose partidario del régimen franquista. El 16 de junio de 1956 es recibido por Francisco Franco en el Palacio del Pardo. El 2 de abril de 1964 el Gobierno de Franco le concede la Gran Cruz de Isabel La Católica. Una de las pasiones de Franco desde los años veinte fue la pintura. En una larga conversación mantenida con Dalí, éste salió maravillado de los conocimientos del Caudillo sobre Vermeer y su tratamiento de la luz.
 
   En el año 1972 hizo donación de su obra al Estado español. En mayo de 1973, Salvador Dalí da las últimas pinceladas al retrato que ha pintado a la Duquesa de Cádiz, María del Carmen Martínez-Bordiú y Franco, nieta del Caudillo. El acto tiene lugar en el museo del Prado, al pie del cuadro de Velázquez Las lanzas. Anuncia su intención de crear en Figueras un Museo sensacional, que quedó ubicado en el antiguo teatro municipal de su ciudad natal, siendo inaugurado el Museo Dalí en 1974.
 
   En agosto de 1969, el entonces joven periodista Antonio D. Olano entrevista en Cadaqués a Salvador Dalí, que con su habitual locuacidad y desparpajo dice cosas como estas: La instauración de la Monarquía en España es un gran paso, que sólo podía dar Franco, con su maravilloso instinto político. Además, Franco ha puesto en órbita a las Monarquías en Europa; aunque asombre a muchos, la próxima restauración monárquica tendrá lugar en Rumania [...]. Sólo los intelectualoides y los artistas, que caminan con 50 años de retraso, siguen creyendo en la vigencia del socialismo, que está desacreditado en todo el mundo [...]. El histerismo es nuestro gran mal; gracias a que, de vez en cuando, surgen españoles que no lo padecen, como Velázquez y Franco [...]. Felizmente, Franco es gallego, cualidades que se precisaban para dominar el anarquismo español [...].
 
   El libro Dalí. Las extrañas amistades del genio, de Antonio D. Olano, está lleno de revelaciones asombrosas gran parte de ellas relacionadas con el Generalísimo Franco a quien Dalí admiraba y respetaba en forma “escandalosa” para quienes consideraban “políticamente incorrecta” cualquier forma de adhesión al Jefe del Estado español. Olano deja escritas las horas felices de sincera y amistosa charla entre Franco y Dalí. Amistad que sólo fue vencida por la muerte.
 
   En una ocasión Dalí declaró: «Una de las grandes cualidades que yo he tenido en mi vida es la de haber tenido un Generalísimo Franco». Calificaba a Franco y a Velázquez como «el colmo de la calma». «Tengo enorme admiración por el Generalísimo Franco, que ha resucitado a España. Él proporcionó al país una enorme prosperidad económica».
 
   En su primera visita, después de la Cruzada, a Madrid manifestó: «Vine para visitar a los dos Caudillos de España. El primero, Francisco Franco. El segundo, Velázquez». Y tanto como admiraba a Franco despreciaba a los intelectuales: «todos de izquierda, todos rezagados en la Historia».
 
   Otras frases suyas sobre Franco son: "Antes de Franco, cada político y cada nuevo gobierno no hacían otra cosa que venir a aumentar la confusión, la mentira y el desorden. Franco rompe violentamente con esa falsa tradición instaurando la claridad, la verdad y el orden en el País y en los momentos más anárquicos del mundo. A mí esto me parece originalísimo"
 
   Un periodista del diario francés L´Express, enterado de que Dalí acababa de pintar un cuadro para Franco, preguntó al pintor: -“¿Cuál es su postura con respecto a Franco?”. El genio le respondió: -"Estoy convencido de que el Generalísimo Franco es un gran político. Hace unos meses tuve el honor de almorzar con él y he llegado al convencimiento de que también es un Santo. Es decir, un místico en la tradición de los grandes místicos españoles. Después del almuerzo, y ahí es cuando me di cuenta de que es un Santo, yo me dije: voy a echarme una siesta de media hora, como cada día. Él, en cambio, se fue a visitar una biblioteca de antiguos pergaminos y un museo. Luego, se cambió de traje para recibir a quince Ministros. No existe en el Mundo un hombre joven capaz de desarrollar tal energía. Sólo es capaz de ello un hombre que, como él, tiene fe en su misión. Es un ser absolutamente extraordinario”.
 
   Nos cuenta Antonio D. Olano en el libro referido anteriormente:
 
   «Dalí estaba tremendamente afectado por la noticia de la enfermedad de Franco. Se encontraba en Nueva York, como siempre ocupaba varias habitaciones del hotel St. Regis. Le llamé por unas cuestiones relacionadas con el teatro y me saludó con esta pregunta: « ¿Es cierto que Franco está muy grave?». Todos los días se ponía en comunicación con el palacio de la Zarzuela, en donde le informaban puntualmente.  Dalí, apartado de la práctica de la Religión desde hacía muchos años, decidió trasladarse todas las mañanas a la catedral de San Patricio. Se arrodillaba, hacía la señal de la cruz y oraba con gran recogimiento.  El 20 de noviembre fue informado, en el hotel, de la muerte de Franco. Pidió que le dejasen solo. Y lloró, lloró durante mucho tiempo, como no lo había hecho desde la muerte de su madre, como no lo volvería a hacer hasta la muerte de Gala».          
 
   Salvador Dalí forma parte de la trilogía de los grandes pintores españoles en la época del Régimen del 18 de julio. Fue el más perseguido por los pseudo intelectuales del marxismo por haber declarado su simpatía por Franco. Es curioso que los tres más importantes pintores tengan su museo en Cataluña, y los tres museos se crearon bajo el régimen de Franco. Como anécdota comentar que Dalí solía contestar al teléfono diciendo: “¡Viva Franco! ¡Arriba España!”.
 
   La muerte de Gala el 10 de junio de 1982 provocó el decaimiento de Dalí. En sus últimos años no dejaba de repetir insistentemente: "Me falta el fuego de Gala". Los últimos meses de la vida de Dalí, transcurrían en ser llevado de su cama a un butacón y del butacón a la cama. Eso sí: con música, el Himno Nacional de España. Esta anécdota la contó Antonio Pixot a Luis Racionero y éste la transmitió a Fernando Sánchez Dragó. Un poco antes de morir le dijo a Antonio D. Olano: "Antonio, no sabes lo difícil que es morir. Mucho más que vivir. Y yo estoy viviendo esta tragedia". El pintor de mayor notoriedad entre los de su siglo fallecía el 23 de enero de 1.989, escuchando Tristán e Isolda de Wagner.
 
 


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