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Santa Teresa de Jesús
 
 
 
 
 
   Hoy celebramos a Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia. Santa Teresa es recordada por fundar las Carmelitas Descalzas, así su liderazgo en la Contrarreforma.
 
   Teresa de Ahumada, como fue conocida en vida, fue la hija de Alonso Sánchez de Cepeda y Doña Beatriz Dávila y Ahumada, bisnieta de los señores de Navarmorcuende, perteneciente a uno de los linajes más importantes de la ciudad de Ávila, misma en la que nació Teresa en el año 1515.
 
   La familia de Teresa era extensa, pues su padre había traído a casa dos hijos habidos de un matrimonio anterior, sumándose a los diez hermanos del segundo. La infancia de Teresa se llevó acabo con total normalidad, dentro de un ambiente de relativa comodidad, entregándose a los juegos y al aprendizaje. Teresa mostraba especial interés en los cuentos de caballeros, que valerosos dejaban sus hogares para ir a luchar contra los moros, o contra algún rival detestable.
 
   Impactada con tantas historias, entre ellas de mártires perecidos a manos de los musulmanes, Teresa y su hermano Rodrigo decidieron huir de Ávila para “buscar la gloria del martirio” en tierras musulmanas, pero sus infantiles pretensiones fueron frustradas por un tío suyo que encontró a los dos niños divagando del otro lado de la muralla.
 
   La Reconquista de España había ya finalizado para cuando nació Teresa, sin embargo, en esa época comenzó un nuevo impulso a lo largo y ancho de la península, marcado por las aventuras de hombres de igual valerosidad, que partían a las guerras de Flandes, así como a la conquista del Nuevo Mundo, del cual se contaban sorprendentes y, en ocasiones, exageradas historias. Cuentos de hidalgos de empobrecidas arcas que volvían a Castilla con tesoros incontables suscitaron todo tipo de fantasías en las lecturas habituales de las jóvenes de la época, y Teresa no fue la excepción entre las que soñaba con verse rodeada de riquezas, perfumes y belleza.
 
   La muerte de su madre en 1528, hizo que Teresa se encontrara muy pronto al cuidado de su padre, quien no veían con beneplácito el cortejo que uno de sus sobrinos estaba haciendo a su hija. Doña Beatriz Dávila, madre de Teresa, había encomendado a su hija a la Santísima Virgen antes de morir, pidiéndole a Ella que asumiera el cuidado y maternidad de Teresa, esperando así que su hija entrara en la vida religiosa. Teresa se resistía, pero tuvo que asumir la decisión de su padre de internarla en el Colegio de Gracia, para así alejarla de su sobrino, decisión que Teresa acató y asumió en el año 1531, contando con 16 años de edad.
 
   Con el tiempo, Teresa se encontraría muy bien en la clausura, lo que la llevaría a ingresar al convento de la Encarnación en el año de 1535, a pesar de la oposición de su padre. En 1537, una dura enfermedad consiguió sacar a Teresa del convento, pensando su familia que sería tan solo para vivir sus últimos días. Sin embargo, dos años más tarde, y totalmente recuperada, Teresa vuelve a la Encarnación, a pesar de necesitar otros tres años para poder recuperarse por completo.
 
   En 1544, Teresa sufre la muerte de su padre, marcada por la ausencia de su hermano Rodrigo, su más cercano amigo, que había partido a América.La situación de los conventos en la época de Teresa, era muy distante a la que podemos imaginarnos hoy en día. Muchas mujeres entraban por cortas temporadas, quizás para alejarse de problemas en sus familias, o para pasar una temporada en la tranquilidad de la clausura. No eran todas monjas perpetuas que vivieran con radicalidad su compromiso con la vida consagrada y que realmente se esforzasen por la santidad. Teresa estaría acostumbrada a esta visión de los monasterios, pero poco a poco comenzó a entender, a medida que se acercaba más a Cristo, que en esas circunstancias era difícil comprometerse en una búsqueda seria y dedicada por la santidad.
 
   En 1554, contando con 39 años de edad, comienza la vida mística de Santa Teresa, marcada por una entrega absoluta a la oración y al encuentro con el Señor. En torno a esa época, Teresa le pide a Jesús, representado en un Crucifijo, que le dé fuerzas para nunca ofenderlo, a partir de ahí, recibe una serie de visiones místicas por gracia de Dios, que fortalecen su cercanía con el Señor, y la animan a cumplir con la misión por Él encomendada.
 
   Tras serle revelada en una visión la imagen del infierno, Teresa decide poner en marcha un proyecto bajo el cual se pueda asegurar la salvación de muchas almas, empezando por aquellas de sus hermanas del convento, a quienes anima a emprender una lucha seria por ganar la santidad.
 
   Durante ese tiempo, toma contacto con un sacerdote jesuita cuya fama ya había traspasado las fronteras de España, un duque que lo había dejado todo por seguir al Señor, recordado comoSan Francisco de Borja, o el Santo Duque de Gandía. Este sacerdote, ejemplo para muchos de renuncia a la vida del mundo para servir mejor a Nuestro Señor, inspiraría y animaría a Teresa a no titubear en la radicalidad del compromiso evangélico.
 
   La fama de esta religiosa abulense crecía día a día, por lo que no faltaron monjas que quisieran seguirla, así como sacerdotes y mujeres que admiraban la animosidad e ímpetu. La fundación de una nueva comunidad religiosa se consiguió con mucha dificultad, pues a pesar de que todos parecían aprobar la idea, hacían poco por apoyarla. Fue entonces una amiga de Teresa, llamada Doña Guiomar de Ulloa, quien apoyada en el Padre Ibáñez, consiguió la autorización de Roma para que se fundara la nueva comunidad, que pretendía renovar a la orden carmelitana, a la cual pertenecía Teresa en la Encarnación.
 
   En 1562, se funda el convento de San José, el cual atrae a un gran número de monjas venidas de todas partes, lo que evidentemente acarrea la envidia y comentarios de los conventos de los que salían las monjas, así como de aquellos que se sentían receptores de las críticas de Santa Teresa. La austeridad que se vivía en San José, contrastaba con la vida habitual de los conventos de la época, siendo tildada de exagerada e incluso negativa por mucha gente. Las monjas, a las cuales se les veía calzando no más que unas alpargatas en pleno invierno, se ganaron el apodo de “descalzas”, en contraste a las demás, cuyos buenos ajuares les ganó el apodo de “calzadas”.
 
   Las hijas de muchas familias prominentes de la ciudad abandonaban sus casas para unirse a las monjas de San José, y a un estilo de vida considerado todo menos convencional para la época. Muchas familias ardían en furia al ver las condiciones en las que vivían sus hijas, lo que unido a las envidias de los otros conventos, y demás habladurías, la fama de Teresa comenzó a volverse en su contra, consiguiendo que para 1562, se le obligara a abandonar su fundación y volver al convento de la Encarnación.
 
   Un año después, tras innumerables indagaciones por parte de la Iglesia y las autoridades, se permite a Teresa volver a San José. Es entonces cuando en oración, comprende que el Señor está necesitado de más religiosas que vivan el Evangelio con la radicalidad de Teresa, en un mundo desilusionado por la vida mundana de los consagrados, cuya incoherencia propiciaba a que muchos perdieran la Fe o surgieran herejías como el protestantismo.
 
   Comprometida con la misión que el Señor le había encomendado, se propuso a fundar más conventos, habiendo conseguido hacerlo en diecisiete ciudades españolas, las cuales recorría a pie, incluso en pleno invierno. Teresa no solo inspiró a mujeres en su compromiso con la vida consagrada, sino también a los sacerdotes del Carmelo, quienes guiados por un joven carmelita de veinticuatro años, recordado como San Juan de la Cruz, emprendieron el mismo camino, aunque adaptado a la vida sacerdotal.
 
   Teresa luchó incansable por cumplir con su misión, unida siempre en una profunda vida de oración, así como de amor y obediencia a la Iglesia. Sus fundaciones fueron motivo de muchos problemas, pero también de grandes actos de caridad que su ejemplo despertó, consiguiendo con ello la salvación de más almas para el Señor.
 
   Estando en Medina del Campo en 1582, decide volver a la fundación de Burgos, pero es requerida por la Duquesa de Alba, una de sus principales colaboradoras. Una vez en el Palacio de Alba de Tormes, la salud de Teresa decayó de manera estrepitosa, falleciendo en brazos de la hermana Ana de San Bartolomé, el 15 de octubre de ese mismo año.
 
   El cuerpo incorrupto de Santa Teresa fue objeto de muchos traslados, descansando finalmente en Alba de Tormes. En 1614, el Papa Pablo V ofició la ceremonia de beatificación, y finalmentefue canonizada el 12 de marzo de 1622 por el Papa Gregorio XV. En 1970, el Papa Pablo VI proclamó a Santa Teresa Doctora de la Iglesia Universal.
 
 
 


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