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Sobre la grandeza de España
En Cartas al director de Abc, el pasado 31 de julio, un lector contesta a la periodista Isabel San Sebastián que, a su vez, replicaba a José Utrera.


MARTÍN BRAVO NAVARRO
 
Lamento disentir de doña Isabel San Sebastián, cuya diaria colaboración en Abc es seguida por numerosos lectores, entre los que me encuentro. El tema que me mueve a escribir estas líneas se refiere al artículo «Esa España grande en libertad», que la ilustre escritora publica en el diario, en respuesta a una carta del señor Utera Molina. Estoy seguro de que doña Isabel, impulsada por su profundo y acendrado patrotismo, desea el máximo de bienestar y grandeza para España, lo cual pudiera ser el motivo que le llevara calificar como «pequeña» la regida por el general Franco. Pues bien, aunque mucho se ha escrito y habría que escribir sobre la auténtica grandeza de España, me permito afirmar que el «dictador» tuvo desde la Academia de Infantería «henchido de amor patrio el corazón», así como un inmutable y ferviente deseo de engrandecerla y defenderla, como lo demostró reiteradamente en Marruecos -siempre en primera línea de combate- y al liderar un alzamiento militar cuyo primordial objetivo fue llevarla a lo más alto, salvándola previamente de su proyectada aniquilación por el comunismo. Estos propósitos fueron los que -si mal no recuerdo- proclamó solemnemente al ser elevado a la Jefatura del Estado, y le sirvieron de norte y de guía hasta su fallecimiento. Doña Isabel: comprendo que por su edad no padeciera la guerra civil y las consecuencias en los años siguientes y, por tanto no pueda entender plenamente las medidas rectrictivas excepcionales que hubo que tomar ante una España absolutamente en ruinas y en la más lamentabílisma indigencia. Quienes, durante nuestra infancia y primera juventud, sufrimos aquella situación -muchísimo más grave que la actual- creo que contamos con más datos y vivencias para valorar la extraordinaria aportación del general para que España -con el esforzado trabajo y colaboración de todos los españoles- alcanzara un alto nivel económico-social e incluso en el campo de las libertades, tan desvirtuadas en la actualidad, tanto en temas informativos y de educación como en lo que respecta a la defensa de la dignidad de la persona, empezando por la vida del concebido y no nacido, cuyo fundamental derecho proclama Abc en uno de sus editoriales».
 
 
 
 
 


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