Memoria Histórica para todos
 
 
 
Stanley G. Payne considera que "memoria histórica" no es un término afortunado
 
   El hispanista norteamericano llama "ególatra" y "exhibicionista" al juez Garzón. Además, le acusa de querer, por su cuenta y riesgo, cambiar "unilateralmente" la ley de Amnistía de 1977. El autor de "España, una historia única", pide un plan estatal para llevar a cabo las exhumaciones aprobado por el Congreso de "víctimas de los dos bandos".
 
   Stanley G. Payne no lo duda. El proceso al franquismo "no puede responder a la decisión unilateral y arbitraria de un solo juez que proclama anulada la ley de amnistía de 1977 porque sí. Es increíble. Algo que sólo puede suceder en España con un juez ególatra y exhibicionista como Garzón. Si se decide anular esta ley, debe ser, como es lógico en todo Estado de Derecho, en el Congreso. Y después aplicarla".
 
   El hispanista norteamericano fue tajante, claro y nítido. Payne, que publica "España, una historia única" (Temas de Hoy) -una última lectura a su visión de España: "Diríamos que aquí están las cuestiones que, desde que comencé a estudiar la Historia de España, más me han interesado"-, no se corta a la hora de juzgar la "memoria histórica", término que niega en sí mismo.
 
-Dice usted que "en España hay mayor controversia acerca de la Historia que en ningún otro país civilizado del mundo". ¿Por qué?
-Es evidente que España vive un proceso de "deconstrucción" de la Historia, azuzado por los nacionalismos, lo que ha originado una mayor conflictividad alrededor de la historia que en otros países. Cada nacionalismo, en cualquier país, mitifica su historia. Y lo que hacen a cambio de fragmentar la historia común. Y se ve perfectamente en lo que está sucediendo en España.
 
-Pero de ahí a no estar a favor de la "memoria histórica".
-No es un término afortunado. Es en sí mismo un oxímoron, una contradicción fundamental en los términos, algo que en estricta lógica no puede existir. Es un término que se impone por imposición política.
 
-¿Está usted en contra de las exhumaciones?
-Vayamos por partes. Rescatar los restos de aquellos que fueron enterrados de modo adecuado es casi una responsabilidad del Estado, pero hay que hacerlo de modo profesional y científico, abordando todas las fosas de modo sistemático, sin primar uno sobre otros, y de ambos bandos. Es una responsabilidad cívica. Lo que ocurre es que los criterios que se están manejando son más políticos que profesionales o históricos, son criterios sectarios que excluyen, y que se origina en la mal denominada "Ley de memoria histórica".
 
-¿Ni tampoco el de Lorca?
 -Vuelvo a lo dicho. La opinión de su familia es que siga enterrado en paz. Y a mí me parece loable, muy respetable. Si se hace, se debe hacer como parte, repito, de una campaña de excavaciones sistemática, con un proyecto serio aprobado y presupuestado por el propio Gobierno y aprobada en el Congreso.
 
-¿Entonces?
 -Yo distingo entre los que defienden las exhumaciones. No todos son iguales. El sector más serio era el representado por Emilio Silva y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que comenzó a excavar su primera fosa común en 2000. Fue una importante y loable iniciativa, que debería contar con apoyo público. Pero no todos son iguales. Hay quien sólo manipula políticamente.
 
-¿Hay que ponerle punto final al "pacto del olvido"?
-¿Pacto del olvido? Eso no es más que un lema propagandístico. No existió tal cosa. La Transición se caracterizó justamente por lo contrario, puesto que se basó en una profunda conciencia de los fracasos del pasado y en la decisión de evitarlos. De hecho, en realidad es imposible encontrar ningún otro caso en el que esa conciencia fuera mayor. No se acordó imponer el silencio, sino que los conflictos históricos quedarían en manos de historiadores y periodistas, y que los políticos no los utilizarían en la pugna partidista, que se centraría en los problemas presentes y futuros.
 
-Bicentenario. Concepto de nación...
 -En España, a pesar de todo, hay mucha gente que sigue creyendo en un destino común de España. Y creo que, por eso, precisamente, se pone tanto énfasis en la celebración de acontecimientos históricos, como se ha hecho con el bicentenario de la Guerra de la Independencia.
 
 
 
 
 


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