Actualidad
 
 
 
Todos fuimos un poco Barea
 
Joaquin Juan Dalac
8-9-2014
 
 
 
   La manipulación mediatica de los políticos llega a extremos que no habíamos imaginado a pesar de las más tenebrosas predicciones. El periodo 1936-1975 ha sido objeto de dos técnicas: a) Ocultar al personaje (Peman, entre miles); b) Modificarlo para: b1) Llevarlo a la izquierda (Ridruejo). b2) Sacarlo de tal periodo (Juan Carlos).            
 
   A D. José Barea, le han aplicado esta segunda. Así, todas las loas y referencias arrancan de los años en que lo nomina Aznar. Pero lo más rastrero es que le niegan su curriculum anterior. No existió porque trabajó para los gobiernos de Franco. Solo hacen referencia a sus 16 últimos años de vida profesional. ¿Qué fue de los otros 50 años de actividad? Pues un donnadie. Así vemos que en Mentipedia, en la biografia de D José, se pasa directamente de la fecha de nacimiento al nombramiento de 1998. En esa línea continúan los Losantos, Vilas, Manglanos, Schwartzs. Tienen que elogiarlo ya que lo contrario es imposible; pero situan los éxitos en el periodo que beneficie a los políticos. Milagrosamente no lo han hecho correr delante de los grises. De la Caja Madrid de entonces nadie habla.
 
   En la explosión del desarrollo de los años sesenta y setenta, era un controlador rigurosísimo del gasto público. Sus famosas tijeras. Por un lado estábamos los Ministerios que queríamos que España creciera y creciera. Y por otro, él. Si. Pero que todo encajase. Como Subdirector del Puerto de Barcelona (en los momentos del boom del tráfico de contenedores; del gas licuado de Argelia; de la Zona Franca; y del concierto con el Banco Mundial) ya empecé a enfrentarme. Bueno. No con él. Con sus huestes: Los Interventores del Estado. En el de Tarragona, como Director (cuando la gran petroquímica; el tráfico de cereales; y la expansión hacía el Sur) me tuvo más de dos años sin aprobar presupuestariamente una ampliación de la plantillas y, con ello,  que 60 eventuales no pasaran a fijos. Él sabía, como buen tecnócrata, que así el Estado ahorraba. Pero yo tenia que vérmelas con los sindicatos (¡verticales!), cada vez que regresaba de Madrid.            
 
   Era un hombre enormemente riguroso y sin concesiones, como todo su equipo. Como muchos de la Administración del Estado entonces. El Comandante de Marina y el Administrador de la Aduana (ni un átomo de corrupción jamás) formaban con el Ingeniero Director del Puerto, los tres poderes que se sumaban; pero que eran independientes, sin sometimientos políticos, y que, por ello, se vigilaban.   
   
   A finales de los cuarenta se produjo un desfalco en el Puerto de Barcelona. Tres empleados crearon con testaferros una sociedad comercializadora de hierros que se convirtió en el principal proveedor para la reparación anual del Dique Flotante. Se llevaban la chapa clandestinamente  del Almacen General y después se la vendían al Puerto. Enseguida los cogieron. Su Director, el Ingeniero de Caminos Don P.M.M., considerándose culpable de ello por su falta de vigilancia y celo, se quitó la vida en el despacho.
 
Reges Fecit 
 
 


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