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Tots som catalans. Un viaje temerario hacia lo (des)conocido, por Milenko Bernadic
Milenko Bernadic 
 
Sordos, oíd, y ciegos, ved. (Is 42, 18)  
 
 
 
La permanencia de un estado, o la independencia de una parte suya, no es la Palabra de Dios. No hay nada “definitivo” sobre ello, pero… 
 
Cuando durante siglos se forja una historia común, se estrechan los lazos hasta de parentesco y, y sobre todo, cuando durante dos milenios se recibe la misma sabia del Evangelio sobre un territorio geográficamente muy compenetrado, cuando durante siglos se forja una mentalidad muy similar… decir “que me voy” me atrevo a decir que ataca tanto a la fe, como a la razón. 
 
¿Pero a dónde vais? Os queréis ir, los que lo hacéis, en el peor momento histórico. Sois débiles, sin una identidad nacional clara, es más bien artificial. ¿Es que los turbantes son lo vuestro? Os habéis vuelto locos. 
 
Como consta en mi biografía, desde finales de 89 vivo en España. Cuando volví en verano del 90 a mi tierra, y cuando vi los tambores de los movimientos independentistas, les hice la misma pregunta a mis amigos: ¿os habéis vuelto locos? ¿Qué precio estáis dispuestos a pagar? ¿50.000 muertos por cada lado, 100.000? ¿Cuál es vuestro límite? Se quedaron pensando un momento, pero me respondieron: “exageras como siempre, esto aquí no pasará”. Algunos no viven para contar lo que pasó después. 
 
Mis cuatro hermanos en la trinchera, todos. Uno por poco tiempo, pero todos. El resto, durante todo el tiempo de la guerra, que eran años. Gracias a Dios ninguno falleció, uno solamente fue herido en el brazo, pero no demasiado. Nada más que de la trinchera de un hermano mío sacaron veinte cadáveres. 
 
Parece mentira que no podían entender que a la mentalidad balcánica, apacible en tiempos de paz, como le toques las narices, explota como un barril de pólvora, como con razón llamaron a nuestra región. 
 
Yo, a muchas de mis incomprensiones por parte de ciertos lectores, añado también esta: siendo croata declarado, no comunista por supuesto (un buen número de croatas sí lo era), era pro Yugoslavia. Porque era hermoso sentarse en un coche y poder plantarse en cualquier punto de ese bello país tal sólo con el documento de identidad. Desde la cercanía de Tesalónica hasta los Alpes, desde el Adriático hasta la Panonia húngara. 
 
Tenía un hermoso país, ahora tengo un basurero. Welcome to banana country!, es la letra de una canción bosnia de ahora. Me siento en el coche en Mostar, y a media hora estoy en la frontera como un tonto, esperando… 
 
¿Por qué les molestaron los serbios con los que me llevaba yo tan bien? Eran para mí más cercanos que los croatas de Zagorje (noroeste Croacia), a los que veía con bastante influencia germánica, mientras nosotros éramos más eslavos. Y por lo que nos miraban un tanto por encima del hombro. No me molestaban tanto hasta el punto de que visitaba a un pope ortodoxo por si podíamos hacer alguna actividad juntos. 
 
Con los musulmanes otro tanto. Mientras estaban vigilados con la dura mano de Tito, eran muy secularizados; lo cual a ellos le sentaba el mar de bien. 
 
Naturalmente que éramos distintos, pero se podía vivir. Es falso cuando se diga lo contrario. 
 
Empezaron entonces a venir aquellos “defensores de los derechos de los pueblos”. Los albaneses a la par con eslovenos, croatas y serbios por otro lado, luego se apuntaron también los musulmanes; vamos, que no falte nadie en la fiesta. 
 
Que si los derechos históricos, que si nos derrumban los monumentos, que si esto, que si lo otro… No era fácil quedar inmune a tanta propaganda. Después de una década de la promoción nacionalista que seguía la muerte de Tito (especialmente en ese periodo, antes era muy difícil), entró el odio entre la gente. El odio y la no tolerancia. Todo molestaba, que si nos va mal porque los otros gastan demasiado, si estuviéramos nosotros aparte, ya verías lo bien que iríamos. 
 
Han pasado más de veinte años. Croacia todavía no ha igualado su PIB del año 90. Sí, guerra de cuatro años y todo lo que tú quieras, pero es que ahora tienes tu ejército, tu policía, tu sanidad, tu educación… todo tuyo,… pero no aguantas. No tienes cuerpo para encajar golpes de contrariedad. Te has quedado muy flaco y cualquier cosa te perturba, te sirve de lastre, te cansa. Un incendio, y lo tienes que apagar tú. Una inundación desastrosa, y le tienes que hacer frente con una migaja de cuatro millones y medio de habitantes. No eres nadie. 
 
Ni siquiera en deporte ya podemos hacer gran cosa. Antes Jugoplastika sufría más para ganar a Partizan de Belgrado, que ganar la Eurocopa de baloncesto. Y viceversa. Ahora juega en la final, para entendernos, Barcelona contra Badalona, y ninguna hace gran cosa ya. 
 
¿El turbante se va a integrar? Serás tonto si te lo crees. No, tonto no, lo siguiente. En un espacio reducido, jamás. En un espacio reducido le das la oportunidad para que eso mañana sea suyo. En un espacio más amplio, tienes más recursos, más reservas. De la otra forma, no. 
 
En Yugoslavia los musulmanes eran minoría más bien humilde que esperaba algún favor. En Bosnia-Herzegovina son luego a luego jefes que no quieren otra cosa que mandar. Estamos a punto que sea así del todo. Y eso le espera a Cataluña, según la ley de gravedad. 
 
Cuando ya empezó la guerra, y los morteros serbios caían sobre Mostar debido a la fuerza de la pólvora y de la gravedad, los croatas fueron los primeros que se organizaron y les hicieron frente, no había otra ya. A los musulmanes también se les ofrecieron las armas y formaban parte de las unidades croatas de HVO. Una noche, en la guarnición norte de Mostar, unos soldados musulmanes les abrieron la puerta de la guarnición a los combatientes musulmanes independientes. Estos entraron y degollaron, es que degollaron a 99 croatas. Degollaron a los compañero de armas de los que abrieron la puerta. Un primo mío huyó a nado cruzando el río Neretva, con el cadáver de un amigo a sus espaldas. Lo trajo lleno de balas, resulta que muerto le salvó la vida. 
 
Desde entonces no les doy la espalda a los musulmanes nunca. No quiero. Vosotros haced lo que os plazca, pero a mí dejadme en paz. 
 
Cuando las tensiones nacionalistas en Yugoslavia alcanzaron niveles preocupantes, Juan Pablo II mandó a un cardenal, no recuerdo cuál (el hecho está narrado en un libro de Weigel), a que le transmita su opinión sobre el terreno respecto a lo que ocurre en Yugoslavia, y al mismo tiempo que intente promover el clima de la conciliación. El cardenal le contestó al volver: “Santo Padre, al bajar del tren en Zagreb, me parecía estar en Viena; en cambio en Belgrado, me parecía que estoy en Estambul.” ¡Qué opinión tan pobre y superflua. Se daba por hecho que la independencia de ciertas regiones es inevitable. 
 
El estado de Vaticano fue el primero en reconocer la independencia de Eslovenia y Croacia. Se creía que eso va a contribuir a terminar con el conflicto, ya guerra abierta que asolaba a Croacia a finales de 91, pero no fue así. Luego le esperaba el turno a Bosnia-Herzegovina con sus casi dos millones de desplazados forzados, decenas de miles de muertos (hablan de hasta 200.000 en toda antigua Yugoslavia, la gran mayoría en BH). ¿Y los católicos de Bosnia-Herzegovina? De los 850.000 han reducido su presencia a la mitad, siendo el grupo poblacional más sufrido y desplazado proporcionalmente. Ahora mismo, como una muestra, he oído (y fácilmente podría ser verdad) que hay más chinos en Sarajevo que croatas. Mira como nos comprenden:  
 
 
 
[Una pelota hecha en China, con un escudo croata y nombre: Serbia. Un insulto a la inteligencia y a nuestras tradiciones. De allí la respuesta debajo de la foto: ¡Chinos, largo a Japón! 
 
Aquí reproducida en cirílico en una pared: 
 
 
 
Una respuesta sarcástica y de pena negra, tan común en los Balcanes, los dos países están en un peligro de guerra inminente: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/54066-ejercito-chino-alerta-tensiones-japon
 
Si, el Vaticano fue el primero, junto con Alemania (Nota: Debo aclarar que sí en el 90 estuve en contra de la independencia, en el otoño-invierno del 91 sí la apoyaba, al ver machacadas ciudades croatas.)
 
El hecho es que desde esta perspectiva se ve más fácilmente que la concesión de la independencia a Croacia y Eslovenia no contribuyó para nada al desarrollo posterior de la situación. Eso es lo que hizo preguntarse al mismo Juan Pablo II si el reconocimiento fue prematuro o acertado, por lo que por todas las fuerzas intentó promover la reconciliación y convivencia entre las naciones de la ex Yugoslavia.).
 
Si fuera el último, cuando ya lo ha hecho todo el mundo y no hay otra, bueno, pero así… Creo que debe servir de lección para que en estas cosas la Iglesia se mantenga al margen, sirviendo solamente como la levadura de salvación y consuelo para las gentes. No entrar en juegos independentistas.
 
Recordadlo bien. 
 
El concepto cristiano es de la universalidad, no de la globalización. Una familia humana unida en la diversidad, no una aldea global, superflua e inculta. Os recordaré una observación de Messori respecto a que, por orden del Rey, ningún seminarista se pudo ordenar en Lima en 1595 sin hablar quechua. La opresión administrativa y un estado no tolerante con la diversidad es una idea napoleónica, no tradición cristiana. 
 
Bien, ahora os toca jugar a vosotros.
 
Y a mis hijos. 
 


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