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Tropos y tropiezos
Juan Carlos Girauta 
 
 
El separatismo convergente tiene mal final por muy diversas razones de índole legal, comercial o sentimental, pero no olvidemos su afición a la metáfora plana, que también puede llevarle a la perdición. Si pronuncias palabras para el mármol, déjalas ahí, no te entregues al cambio semanal de alegoría porque acabarás aburriendo a las cabras. Ojalá tuviera razón Jorge Luis Borges al afirmar que el número de las metáforas es limitado. Artur Mas y Jordi Pujol han explorado los tropos de tipo naval y ferroviario, mitológico y geológico: somos un barco, somos un tren a punto de chocar, somos Ulises de vuelta a Ítaca, y ahora somos un pueblo en mitad del pedregal que, merced a la independencia, alcanzará la tierra fértil. 
 
 
Puesto que prefieren captar la atención y prender el ánimo con la variedad antes que porfiar en una sola imagen, mejor sería que publicaran la lista entera de una vez y dejaran de marearnos. Una cosa es aguantar el separatismo y otra muy distinta soportar la mala literatura. Hala, suéltenlo todo: somos la flor que se abre, el huevo que eclosiona, la princesa dormida, San Jordi ante el dragón, el rocío, el trueno, el musgo en la roca, el payaso listo del circo, el amanecer, el atardecer, el solsticio, la nube preñada, el gato con botas, Hércules, el pueblo elegido, lo que quieran, pero dejen de dar la murga con la chorradita ya, hombre.
 
Tengo para mí que tanta tontería tiene más que ver con el impostor en falso que con el líder visionario. Al margen de la falta de pericia para la frase histórica que exhiben estos esforzados metidos a padres fundadores, está la preocupación por lo que se les viene encima. No creo que esté para parábolas un partido que tiene su sede puesta como aval por la rebatiña del Palau de la Música y a su secretario general metido en la trama de concesiones de la ITV. La mutación convergente al secesionismo explícito es una formaco mo o t ra cualquiera de buscar la impunidad, de colocarse más allá del bien y del mal para que a los jueces se les seque la pluma. Esconden lo venal tras su épica roma.
 
 
Ello no significa que no concurran más causas a su deriva. Citaré varias: el pensamiento grupal, que explica desde la psicología el alejamiento de la realidad de algunos políticos por efecto del refuerzo mutuo, propio de los círculos cerrados; la pésima gestión de la cosa pública, que consigue sustraerse a la crítica de la opinión organizando espectáculos de fuegos artificiales; la ocasión de cosechar por fin en votos el resultado de tantos años de adoctrinamiento educativo y de hegemonía mediática; la ruina literal de la caja de la Generalidad, monstruo burocrático que afronta, para más inri, el mayor endeudamiento autonómico de España y que carece de la posibilidad de colocar su propia deuda en el mercado, una vez ha sido calificada como bono basura; la oportunidad de hacer pasar los innumerables problemas con que topa cualquier gobierno –muy agravados aquí, como vemos– por un agujerito simplicísimo: todo es culpa de Madrid. O España nos roba, que es lo mismo.
 
Lo que tiene este tipo de estrategias es que exigen mucha sangre fría, asunción de riesgos crecientes e inflamación sucesiva del discurso. Sabemos que en las plácidas metáforas motivadoras no creen ni ellos, y al final no les queda sino porfiar en el error, a ver si alguien se asusta. De ahí la increíble llamada pregolpista del consejero de Interior ante la policía. De ahí que, ingenuos, inviten al sacrificio a los empresarios menos cobardicas. De ahí todo.
 
 
 
 
Fuente: Diario ABC, 21 de octubre de 2012 


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