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Verdad histórica del incidente Astray-Unamuno en Salamanca
 
 
Guillermo Rocafort
Profesor asociado de Derecho Económico y Social en la Universidad de Comillas
ABC 
 
 
   Ríos de tinta se han vertido sobre ese supuesto incidente y en todos ellos la figura del fundador de la Legión sale malparada, pues se le acusa de haber gritado un «muera la inteligencia y viva la muerte» en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el día 12 de octubre de 1936. Incluso una nueva película subvencionada del cine español para butacas vacías, «La isla del viento», reitera la condena contra el mutilado por la patria. Demasiada unanimidad en este linchamiento político y apenas voces discordantes que se oponen a la dilapidación del heroico militar que ya en 1924 disfrutaba de una vía pública en el callejero de la capital de España por su papel en las guerras por Filipinas, la creación de la Legión y sus cuatro mutilaciones de guerra. Ni siquiera Togores, en su magnífica biografía sobre el personaje, acierta a la hora de describir lo que sucedió aquel 12 de octubre.
 
   Pero, si vamos a las fuentes periodísticas de la época, nos llama primero la atención que hasta el 27 de enero de 1937, trascurridos cuatro meses, ese suceso no se menciona (página 8) en el ABC incautado por la II República, citando como fuente a un semanario frentepopulista, «Vendredi», del que Max Aub era corresponsal en España, y se hace bajo un barniz de propaganda comunista evidente, aderezada con unas referencias tragicómicas, como el desmayo de la esposa del general Franco allí presente, o incluso abiertamente falsas, como cuando fija dicho incidente de forma equivocada el 1 de octubre del mismo año.
 
   Por su parte, el ABC de Sevilla, en fecha 14 de octubre, mucho más reciente, en su página 7 no cita dicho incidente, lo cual da a entender que la referencia frentepopulista estaba «cocinada» por el agitador Max Aub. El mismo Millán Astray, en sus propias memorias, recogidas mucho más tarde en el semanario «El Figaro Magazine» (nº 51, octubre de 1995), ya anticipaba que sería víctima de una gran mentira tejida por la propaganda enemiga. Si el general, que era un hombre de honor, niega que dijera el «muera la inteligencia y viva la muerte», cabría aplicársele el principio general del Derecho Romano del in dubio, porque al carecer de testimonios definitivos o documentos sonoros o gráficos que lo corroboren, no puede mantenerse una tesis como la actualmente aceptada por la «historio-politografía» actual.
 
   Además, en un documento gráfico, consistente en las notas manuscritas del propio Unamuno en dicho día, no cita a Millán Astray, a diferencia del resto de intervinientes, como Pemán o Maldonado, ni tampoco se especifica el presunto grito del «viva la muerte y muera la inteligencia»; y en cuanto al «venceréis y no convenceréis», este se reduce a un simple «vencer y convencer» que nada tiene que ver con el sentido de la primera frase.
 
   Por otro lado, no hay duda de que Unamuno presidía aquel acto académico en representación del general Franco, y también está recogido que iba a dicho acto académico con la intencionalidad de provocar. Nadie se acuerda hoy de los artículos de Unamuno en el diario «El Socialista» contra los legionarios, repletos de insultos y de difamaciones. El hombre subido al pedestal de la inteligencia académica se creía con la autoridad moral para difamar a los soldados que estaban muriendo en África. Por eso llama poderosamente la atención la grandeza del fundador de la Legión cuando se preocupó en persona de proteger la integridad física de un hombre hundido moralmente como Unamuno a la salida de dicho acto del Paraninfo.
 
   Recientemente, el pasado 12 de octubre, tuvo lugar en la Universidad de Salamanca un acto contra Millán Astray y de ensalzamiento de Unamuno, y algunos veteranos legionarios con el rango de doctores universitarios solicitamos a los organizadores del evento la posibilidad de participar en la mesa redonda organizada a tal efecto, pero nuestras peticiones no fueron atendidas. En dicha mesa redonda sí que participó, en cambio, el catedrático Octavio Ruiz Manjón, miembro del Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid.
 
   La política y la docencia más sectarias han entrado a saco en el campo de la historia, sumiendo en el frío y estéril invierno del desconocimiento y la falsedad a los españoles más jóvenes. Millán Astray y Unamuno fueron dos colosos de su tiempo, pero ensalzar en exceso al segundo y hundir a los infiernos al militar no es más que un acto de falsedad histórica que no se sostendrá indefinidamente, porque está escrito que la verdad prevalecerá y también que «la mentira tiene las patas muy cortas».
 
 
 


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