Franco y la fundación de la Legión

04 de abril de 2018 por Redacción FNFF

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Juan Salafranca

Coronel (R)

         Pronto, dentro de algo más de un año, se conmemorará el centenario de la creación de La Legión. Ello fue posible gracias a la tenacidad y capacidad de organización de un gran soldado, el Teniente Coronel de Infantería Don José Millán Terreros que, posteriormente uniría los apellidos de su padre a quien admiraba profundamente, pasando a ser Millán-Astray, nombre que con el que por sus muchos méritos ha pasado a la Historia. Para formar parte de este glorioso Cuerpo y colaborar con él desde los primeros momentos, Millán buscó lo que él consideraba lo más selecto del Ejército, empezando por un entonces jovencísimo Comandante que, como él, tenía una más que probada experiencia en combate, habiendo obtenido los ascensos a Capitán y Comandante por méritos de guerra.

         Del 3 al 16 de octubre de 1918, Millán todavía Comandante asiste en Valdemoro a un curso organizado por la Escuela Central de Tiro del Ejército, allí coincide con el de su mismo empleo Don Francisco Franco Bahamonde que, como él, había servido en las Fuerzas Regulares Indígenas y venía precedido de un enorme prestigio, tanto por su valor, demostrado repetidamente en combate, como por sus dotes de organización. Con él comenta Millán su idea de crear una Unidad de soldados profesionales como ya tenían los franceses, pero con unas características peculiares, más adaptadas al temperamento español. Franco, con su experiencia africana, ve claramente las ventajas que podrían derivarse de disponer de un Cuerpo de esas características, lo que, unido al contagioso entusiasmo de su veterano compañero, le empuja a adherirse al proyecto.

         Sin embargo, no todos los Oficiales de la época estaban de acuerdo con el proyecto, pese a que ya en 1916, el General Luque, siendo Ministro de la Guerra, había incluido en su Proyecto de Ley Orgánica Militar la posibilidad de creación de una Legión Extranjera; el siguiente año el Ministro De la Cierva impulsa el estudio de un Ejército Colonial incluyendo una Unidad de extranjeros; el General Berenguer da continuidad a la idea, hasta que finalmente, el Comandante Millán es comisionado para estudiar en Argelia y otros puntos de África la organización de la Legión Extranjera francesa.

         Por Real Decreto de 28 de enero de 1920, siendo Ministro de la Guerra el General Villalba, Su Majestad El Rey firma la creación del “Tercio de Extranjeros”; no obstante, en abril de ese mismo año se alega la falta de presupuesto y se aparca el proyecto, hasta que un nuevo Ministro, Don Luis de Marichalar, Vizconde de Eza, tras oir exponer brillante y apasionadamente el proyecto a Millán en una conferencia en el Centro Cultural del Ejército y la Armada, recupera el asunto y por Real Decreto de 1 de septiembre se ordena que se lleve a la práctica el de 28 de enero y por Real Orden del día siguiente se destina a mandar el Tercio de Extranjeros al Teniente Coronel Don José Millán Terreros.

         Inmediatamente Millán se pone a la labor y la enfoca inicialmente en dos aspectos; la propaganda y el destino al nuevo Cuerpo de quienes con él se habían comprometido. En el primer aspecto, resulta asombroso comprobar como con los limitados medios de la época se consigue el éxito de reclutamiento que sorprenderá a los propios organizadores. El segundo fructifica con la publicación en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra nº 218 de 28 de septiembre del destino de dos Comandantes, cuatro Capitanes, cinco Tenientes y dos Alféreces, encabezados por el Comandante Don Francisco Franco Bahamonde.

         Franco ya venía colaborando con Millán en la organización del Tercio, pues ambos estaban destinados en el Regimiento Príncipe nº3. Años después al escribir Millán-Astray el prólogo a la obra de Franco “Marruecos. Diario de una Bandera”, explica claramente por qué eligió a Franco y define su personalidad diciendo: “Cuando hube de organizar la Legión, pensé cómo habían de ser mis legionarios. Y habían de ser lo que hoy son. Después pensé quiénes serían los Jefes que me ayudasen en esta empresa y designé a Franco el primero. Le telegrafié ofreciéndole el puesto de LUGARTENIENTE, aceptó enseguida y henos aquí trabajando para crear la Legión…El Comandante Franco es conocido de España y del Mundo entero por sus propios méritos. Franco tiene las características que ha de reunir todo buen militar, que son: valor, inteligencia, espíritu militar, entusiasmo, amor al trabajo, espíritu de sacrificio y vida virtuosa.”

         Franco se multiplica en la resolución de los muchos problemas que constantemente se presentan: Adaptación a la disciplina militar de quienes jamás habían obedecido a autoridad alguna, falta de mandos del más bajo nivel, unificar la instrucción de quienes venían de una guerra europea con la de quienes jamás habían empuñado un arma, atender al vestido, alojamiento, alimentación y paga de quienes se esperaba llegaran con cuentagotas y lo hicieron en aluvión y un sin número más de asuntos de la más variada índole.

         Pese a todos los obstáculos, en poco más de un mes desde la incorporación del primer legionario, La Legión estaba lista para combatir, aunque no lo hará hasta meses después, por estar en aquel momento, paralizadas las operaciones. No es de extrañar esta rapidez en la preparación, teniendo en cuenta la categoría de los Jefes y Oficiales; de Millán-Astray y Franco dice con la espontaneidad de sus veinte años el entonces Alferez ( luego laureado de Comandante) Rafael Montero Bosch: “Millán-Astray tiene condiciones excepcionales de organizador y de llevarse a la gente haciéndola vibrar con sus alocuciones guerreras y patrióticas, todos le escuchamos emocionados cuando nos habla, es fantástico en sus maneras y rodea a La Legión de un prestigio y una aureola inimitables; Franco es otra cosa, más tranquilo, más callado, pero creo que llegará a ser una gran figura. Son dos jefes que harán una Legión gloriosa.

         El tiempo daría la razón a Montero pues para La Legión se iniciaba un camino de gloria y para Franco continuaba el que había iniciado en la campaña del Kert.

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