¡Ay, España!

25 de abril de 2018 por Redacción FNFF

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Juan Chicharro Ortega

General de División de Infantería de Marina (R)

 
 

Corren malos tiempos para nuestra Patria, y lo que es peor, no parece claro que la situación presente vaya a mejorar.

Se profanan tumbas y mausoleos de soldados de España: no hace mucho la tumba del Capitán General Muñoz-Grandes en Carabanchel, la de los caídos de la División Azul en el cementerio de La Almudena o recientemente la de los caídos de la Legión en Zaragoza….etc.

Se atacan y derriban Cruces con saña allá donde se erigen en recuerdo de caídos por España; se atacan los sentimientos religiosos de la mayoría de los españoles y siempre, al final, la Cruz, símbolo del amor fraterno es objeto de todo tipo de actos vandálicos.

Se resquebraja la unidad de España tal como vemos a diario en Cataluña donde grupos organizados amenazan la convivencia o en pueblos vascongados donde se recibe con homenajes a etarras asesinos con total impunidad. En ciudades como Barcelona se eliminan calles de héroes nacionales – Almirante Cervera - sustituyendo su recuerdo por otros insignificantes, y ridículos, - un tal Rubianes -, al tiempo que en la mayoría de España al amparo de una sectaria Ley de Memoria Histórica sucede lo mismo. Curiosa aplicación la de esta Ley que preconiza que los sitios públicos deben ser lugares de encuentro y no de confrontación y sin embargo se eliminan los que recuerdan a una época para sustituirlos por otros. ¡Qué desvergüenza!

Se organizan exposiciones como la titulada “1936. Madrid no pasarán” en un clara exaltación de la guerra civil contraviniendo el propio artículo 15 de la citada LMH, al igual que la manifestación habida el pasado día 14 de abril por las calles de Madrid de un grupo marxista leninista portando y homenajeando a Marx y a Lenin. ¡Increíble! Y de todo punto ilegal.

Las Fuerzas Armadas son también atacadas en su esencia como vemos en cuanto se presenta la mínima oportunidad y resulta esperpéntico observar cómo se obliga a sus miembros a vestir de paisano en una feria en Gerona prohibiéndoles el uso del uniforme (caso seguramente único en nuestra historia y desde luego en los ejércitos aliados).

Guardias civiles apaleados en Alsasua tienen que declarar escondidos y fuera de la vista del público tal que si fueran ellos los delincuentes y no otros.

Y por desgracia, nos encontramos, también, con cierta jerarquía eclesiástica que ha perdido el norte de su misión pastoral apoyando la ruptura nacional como vemos en Cataluña, de la misma manera que lo hizo y sigue haciendo en las provincias vascongadas.

Escribo con el ceño fruncido y el corazón encogido ante la pasividad y relatividad moral con la que el pueblo español contempla todo este desaguisado que le está llevando simplemente a la ruina, no sólo moral sino también a la económica. Miles de millones de euros se van para mantener a una clase política que sólo mira a sus intereses personales y que se acoge a las siglas que sean para medrar.

Cobra actualidad la conocida frase del Almirante Blas de Lezo cuando dijo que “la nación no se pierde porque uno la ataquen sino porque los que la aman no la defienden”.

¿Dónde está la España de las Navas de Tolosa, la de la conquista y civilización de un nuevo mundo, la que supo levantarse contra el francés, la que luchó y murió en Trafalgar o en Santiago de Cuba, la que venció al comunismo evitando que España se convirtiera en un satélite de Stalin?, ¿ dónde están aquellos dirigentes de la Segunda República que no dudaron en declarar el Estado de Guerra ante la proclamación del “Estat Catalá” que rompía la legalidad constitucional de la propia República?

Hoy la izquierda ideológica en clara sintonía con su línea histórica se posiciona contra todo lo que signifique fortalecer la unidad nacional y desde luego contra todo lo conseguido con gran esfuerzo por los españoles tras la guerra civil. Su actitud en todo concorde con la teoría del ideólogo marxista Murzenberg se instala en la mentira buscando enemigos imaginarios y a la vez desvía la atención para ocultar su incompetencia e incapacidad manifiesta para resolver los problemas de los españoles allá donde gobierna o puede gobernar.

Llama la atención su permanente obsesión con la figura del Generalísimo Franco pese a que este murió hace ya más de 40 años y su obra pertenece ya a la historia. Esta paranoia no tiene otra explicación que la que deviene de la referencia que la figura del Generalísimo supone para todo lo que quieren derribar: la unidad de España, la tradición cristiana de nuestra nación y desde luego no pueden soportar ni admitirán jamás la transformación social que España experimentó en aquellos años. Tres motivos claros. Curiosa izquierda ideológica esta como la representada por el PSOE, Partido otrora compuesto por clase obrera y hoy pleno de señoritos bien instalados lejos de aquella “famélica legión” con la que no tienen nada que ver ni por asomo.

¡Ay España!

Y en este desaguisado general, la Fundación Nacional Francisco Franco que tiene entre sus fines el estudio y conocimiento, no sólo la de la figura del Generalísimo, sino la del propio Estado que rigió España entre 1939 y 1975, es objeto de todo tipo de ataques en todos los ámbitos con la única finalidad de callar a quienes desvelamos la verdad histórica; esa verdad que quieren ocultar al pueblo español. Está en peligro no ya la Fundación sino algo mucho más grave: la libertad de pensamiento o de expresión y por ende la propia Constitución que las ampara.

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