AL HILO DE LAS PRESENTES ELECCIONES. Por Juan Chicharro Ortega. General de División de Infantería de Marina ( R )

10 de noviembre de 2019 por Redacción FNFF

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Las ideas y principios morales son permanentes. Evolucionan las sociedades pero estos se mantienen inamovibles con el paso de los tiempos. La crisis sistémica en la que ha caído la política española ha transformado la democracia en una evidente partidocracia en donde priman los intereses de los partidos sobre el del interés general.

El articulo Artículo 6 de la Constitución española dice que : “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política” .

Si analizamos en que ha devenido en España debido a la mala interpretación de lo que ese artículo expresa podemos concluir que son los dirigentes de los partidos respondiendo a intereses particulares de parte o de influencias los que han tergiversado lo que en él se expresa. Son múltiples los ejemplos que se podrían citar aquí al respecto. Sólo pondré uno: encuestas fiables llevadas a cabo por determinados medios antes de la profanación de la tumba de Francisco Franco Bahamonde nos revelaban que el 72% de los votantes del Partido Popular se oponían a dicho acto execrable. Y sin embargo ya han visto Vd,s cuál ha sido la actitud de sus dirigentes bien distinta a la de sus votantes. Dicho de otra forma : les importa poco lo que estos opinan. Y a pesar de todo estos les siguen votando, seguramente por la incapacidad real de poder corregirles.

Sí, la democracia española ha caído en un pozo del que no será fácil salir. Comoquiera que de la historia se aprende mucho - los dirigentes del PP poco o nada - les invito a leer con pausa y detenimiento a George Washington cuyas palabras escritas hace ya más de 200 años son ilustrativas y que confirman el error en el que han caído los políticos españoles actuales.

DESPEDIDA DE GEORGE WASHINGTON AL PUEBLO DE LOS ESTADOS UNIDOS - 1796

Amigos y Conciudadanos:

Nunca me ha parecido más oportuno el manifestaros la resolución que tomé de separarme del cargo que ocupo, como en las circunstancias actuales, cuando ya se acerca la fecha de elegir al nuevo depositario del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos y ha llegado el momento de decidir a quién debéis confiar tan importante comisión. Y a fin de que la emisión del voto sea libre y expeditiva por entero, debo anunciaros que no figuraré yo entre los candidatos sobre quienes ha de recaer vuestra elec­ción…

 También es de alto aprecio para vosotros la unidad de gobierno que os constituye como un solo pueblo. Es justo que sea así, pues es ella la columna principal de la verdadera independencia y el sostén de la tranquilidad interna, de la paz exterior, de vuestra propia seguridad y de las libertades que tanto amáis. Pero como es fácil augurar que por diferentes motivos, desde puntos diver­sos y mediante numerosos artificios se pretenda debilitar el convencimiento que tenéis de tan gran verdad: y siendo este punto de vuestro baluarte político el que atacarán con más obstina­ción las baterías de los enemigos externos e internos (oculta e insidiosamente cuando no a plena luz), es de suma importancia que sepáis bien cuánto interesa la unión nacional a vuestra feli­cidad colectiva y privada. Conviene, pues, que fomentéis un afecto cordial y constante hacia ella, acostumbrándoos a pensar y hablar de la unión como el eje de vuestra seguridad y de vues­tro florecimiento político; velando por su conservación con celo y eficacia; rechazando cuanto pueda excitar la más mínima sospecha de tibieza; no abandonando nunca la necesaria vigi­lancia; y mirando con indignación cualquier intento, cualquier insinuación que se hiciere para separar una parte del país de las restantes, o para debilitar los lazos sacrosantos que actualmente unen a todos los estados…Debéis, pues, considerar la unión como el baluarte principal de vuestra libertad, y conservar aquélla para mantener vivo el amor a ésta…

Todo obstáculo que se oponga a la ejecución de las leyes, toda asociación que tenga por objeto entorpecer o paralizar la acción de las autoridades constituidas, cualquiera que sea el carácter que revista, es directamente contrario a los principios expuestos y de resultados muy peligrosos. Tales medios sólo sirven para suscitar facciones y darles fuerza, para sustituir la fuerza de la nación por la voluntad de un partido, muchas veces de una pe­queña parte, audaz y emprendedora del país, a todo él, y para que los alternados triunfos de los diferentes partidos hagan de la administración pública un fiel espejo de los…monstruosos designios de las facciones, en lugar de ser el origen de planes provechosos y consecuentes, dirigidos por la conciencia común y siempre atentos al interés de todos.

Sin embargo de que a veces puedan satisfacer las necesidades populares, esas asociaciones y combinaciones están expuestas a que las mudables circunstancias del tiempo las conviertan en poderosos instrumentos susceptibles de servir a hombres ambi­ciosos, astutos e inmorales para destruir el poder del pueblo y usurpar la autoridad del gobierno, desde donde luego ellos mis­mos suprimirían los medios que los elevaron a tan injusta do­minación…

Uno de los modos de asal­tar el gobierno podrá ser el introducir en la Constitución pequeñas mutaciones que, debilitando la vitalidad del sistema, vayan minando así lo que directamente no podrían obtener… Expresado ya el peligro de las parcialidades dentro del Estado…trataré ahora…de cómo debéis preservaros contra los inconvenientes del espíritu de partido en general. Por desgracia, dicho espíritu es inseparable de nuestra natu­raleza, pues tiene sus raíces en las pasiones más fuertes del corazón humano que, bajo diversas formas, existen en todos los gobier­nos…Sus vicios se descubren, en toda su extensión, en los gobiernos po­pulares, de los cuales es el peor enemigo.

La dominación alternativa de las pasiones políticas, agitadas entre sí por el espíritu de venganza y las disensiones de partido es causa del espantoso despotismo que ha cometido los más ho­rribles excesos durante muchos siglos en diferentes países. Esa dominación conduce a otro despotismo más visible y perma­nente, pues los desórdenes y miserias de aquél predisponen el espíritu a buscar seguridad y descanso en el poder absoluto de un individuo; y, tarde o temprano, el líder de algún sector domi­nante, más hábil o más afortunado que sus rivales, acaba por aprovechar esa inclinación de los ánimos para elevar su poderío sobre las ruinas de la libertad pública…

El espíritu de partido trabaja constantemente por confundir al pueblo y corroer la normalidad de los servicios públicos; agita la opinión con celos infundados y falsas alarmas; enardece las animosidades de unos contra otros; da ocasión a tumultos e insurrecciones; y abre los caminos por donde fácilmente pene­tran hasta el mismo gobierno las corrupciones e influjos extra­ños a través de las pasiones facciosas, sujetando a la política de otros la voluntad del país…

La religión y la moral son apoyos necesarios para fomentar las disposiciones y costumbres que conducen a la prosperidad de los estados. En vano se llamaría patriota el que intentase derri­bar esas dos grandes columnas de la felicidad humana, donde tienen sostén los deberes del hombre y del ciudadano…¿Dónde hallar la seguridad de los bienes, el fundamento de la reputación y de la vida si no se creyera que son una obligación religiosa los juramentos prestados? Sólo a base de una gran cautela podríamos lisonjearnos con la suposición de que la moralidad pueda sostenerse sin la religión. Por mucho que influya en los espíritus una educación refinada, la razón y la experiencia nos impiden confiar que la moralidad nacional pueda existir eliminando los principios de la religión…

GEORGE WASHINGTON

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