13-09-1936: Donostia nacional

13 de septiembre de 2019 por Redacción FNFF

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Tal día como hoy, pero en 1936, se produce la liberación de la ciudad vasca de San Sebastián. Los requetés de la 3ª Compañía del Tercio de Lacar, conocidos como "Los cuarenta de Artajona" fueron los que abrieron el paso a la España Nacional para que liberase Donostia.

Carmelo Revilla Cebrecos, en un libro sobre la vida del General Mola, relata así la liberación:

Las doce menos diez. Las doce menos cinco. Las doce. Van entrando por la calle de Miracruz los Requetés de Artajona, a cuyo mando viene el Capitán Ureta. No pueden avanzar apenas porque su paso es cortado por el júbilo popular. Salen las gentes de sus casas. Los escondidos, los temerosos de la barbarie roja, salen brazo en alto, llorando de emoción y de alegría. Los hombres, las mujeres y los niños apretujan, abrazan y besan a los requetés navarros, enronqueciendo todos de gritar sus entusiasmos.

Son las doce y cinco. Por la calle de Churruca, en dirección a la Diputación, pasan con andar lento cinco o seis milicianos, armados de fusiles, ametralladoras y cascos de acero. En aquel instante es arriada la bandera separatista del parlamento de la provincia... Los requetés acaban de entrar, están cruzando el puente de Santa Catalina. En ese instante tiene lugar la última fuga. Los dirigentes nacionalistas que habían quedado aún en el Palacio de la Diputación bajan presurosos las escaleras y toman los cuatro o cinco coches que desde la primera hora de la mañana se hallan esperando. Jadean los motores, acelerados con la prisa del instante. Por la calle de Andía, disparados a una velocidad fantástica, corren hacia el antiguo antes de que cierren la carretera de Bilbao. Los cinco o seis milicianos que avanzan tranquilos por la calle de Churruca van avanzando al paso de un modo progresivo hasta convertirlo en carrera desesperada. Corren perseguidos por los gritos jubilosos, por los vivas a España, por el entusiasmo, que avanza arrollador, ahogando, ya para siempre, todos los gritos antiespañoles.

¿Cuantos eran los que entraban?... ¿Treinta?... ¿Cuarenta?.... Probablemente no menos de ese número llegaban. Venían destrozados por el cansancio de la guerra, por la marcha realizada y por los apretujones de los abrazos de la multitud. Sus ropas estaban sucias del monte, rotas de trepar por las breñas. Llegaban sin afeitar, con los fusiles a rastras, casi agotados por su peso. En una carnaval hubiéramos calificado a los requetés de Artajona de comparsa de destrozones...¡Pero que emoción más sublime la de verlos! Era el Ejercito de España. Eran los héroes de SAN MARCIAL y de IRÚN. Eran los hombres de España que salvaban a San Sebastián de su inmensa agonía.

Los de Artajona avanzaban por la Avenida, tremolando una vieja bandera bicolor, deslucida por lluvias y soles, con agujeros de balas. Uno de los Requetés, viejo y calvo, que había dejado en Navarra siete u ocho hijos para coger el fusil, daba ¡Vivas a Cristo Rey! Otro llevaba sobre el pecho un crucifico de hueso de enorme tamaño (El Sargento del Cristo). Y había otro, el Maestro Nacional, que en todos los instantes en que la multitud detenía con sus entusiasmos el paso de la pequeña columna, se aupaba y lanzaba una soflana encendida y patriótica, hasta que el Capitán Ureta, cariñosamente, le decía "Vamos calla ya charlatán..."

Unas muchachas arrebataron la bandera que traían los requetés y con ella desplegada avanzaron por la calle de Churruca para seguir a la Diputación. Los balcones, atestados de gentes enfervorizadas, empiezan a llenarse de autenticas banderas españolas, mientras que la llevan las muchachas es besada con emoción por la gente, arrodillándose mucha de ella para hacerlo, posiblemente sabedoras de los muchos muchachos que quedaron en los montes por defenderla con su Vida.

A las doce y media la bandera roja y gualda era izada en la Diputación. Habló el Maestro Nacional de Artajona desde los balcones, y entonces, por primera vez, a pleno pulmón se escucharon los himnos de Oriamendi y el de la falange, mientras los brazos mostraban, magnifico, el saludo imperial.

SE HABÍA ACABADO LA PESADILLA ROJA, San Sebastián estaba recobrada para ESPAÑA.

(Fuente: Requetes.com)

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