El pacto que acabó con la Monarquía, por el Gral. Rafael Dávila

16 de diciembre de 2019 por Redacción FNFF

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Rafael Dávila Álvarez

General de División (R.) 

Blog Generaldavila.com

 

El 17 de agosto de 1930 se reunieron en San Sebastián los elementos revolucionarios para perfeccionar un pacto cuya finalidad era derrocar al Rey e implantar la República. La nota oficiosa fue redactada por Indalecio Prieto y reflejaba poco más que la materialidad del lugar y los asistentes a la misma:

<>. En octubre se sumaron el PSOE y la UGT.

Era el conocido como Pacto de San Sebastián. Un acuerdo que daba paso a la República que vería la luz en menos de un año: 14 de abril de 1931.

De aquella reunión nació el programa, el comité revolucionario y el comité militar. La monarquía tenía las horas contadas. Nadie hizo nada por evitarlo.

Al toque de Diana del día 12 de diciembre, se pronunció la guarnición de Jaca. La sublevación militar se adelantó por  el impetuoso capitán Galán: <>.

El Comité Revolucionario quería un golpe militar, pero a su tiempo. Casares Quiroga viaja a Jaca para intentar contener a Galán, pero al llegar se queda dormido en el hotel. Cuando se despierta, el capitán ya se ha sublevado y va camino de Huesca. Como un sueño. Todo en nombre del Gobierno Provisional Revolucionario: un golpe de Estado militar en toda regla. Es ley; para ellos.

A partir de ese momento nadie estaba tranquilo. Se había inaugurado una etapa de permanente violencia y desconfianza política y social. Los políticos, después del fracaso militar y revolucionario, inventaron la escusa de las urnas. Probemos con las municipales. Jugaron con pólvora. Unas elecciones falsas, de falsa interpretación y amañados resultados. Al fin, como consecuencia de sucios pactos y manejos, sin razones legales en que sustentarse, llega a España la República, porque el Rey se va. Dicen que para evitar un derramamiento de sangre. Nadie ha dicho: un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre que, al final, ya sin rey, se produjo. No era el rey el problema.

Aquel 14 de abril son las hijas de un general y marqués, Gonzalo Queipo de Llano, las primeras en subirse a una camioneta y recorrer las calles de Madrid gritando viva la República: <>. Lo que son las cosas.

Dice el Rey a los soldados: <>.

¿Y si el Rey resiste? La pregunta hoy es más evidente y sabemos la respuesta.

El Rey se marcha, abandona el ejercicio de sus funciones para evitar un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre.

No había razón alguna; nadie había depositado en las urnas la forma política del Estado. No eran para eso las elecciones. Solo eran unas elecciones municipales que el Rey ni perdía ni ganaba; él no jugaba. El Rey Alfonso no había triunfado ni perdido. No se le había consultado nada a la República ni a la Monarquía, a nadie le habían preguntado su preferencia.

Nunca se sometió a referéndum la forma política del Estado. Conviene tenerlo muy en cuenta. Eran solo unas elecciones municipales: las del 12 de abril de 1931.

Éibar proclama la República

El 14 de abril, a las seis de la madrugada, Éibar proclama la República.

En Cataluña a las dos menos veinte de la tarde Luis Companys (Esquerra Catalana) iza la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Barcelona. Maciá desde la Diputación Provincial se pronunciaba por la República Catalana, e invitaba a todos los pueblos de España a unírsele en una federación.

El reinado de Alfonso XIII termina como empezó, con un mensaje a los mismos que dirigió sus primeras palabras el día de su juramento como Rey de España. Al Ejército español y a la Marina de guerra: <>. ¿Qué les quiere decir? ¿Ironía? Alguno se sonroja.

Ya nadie escucha. Nadie le escucha. Ya no es el rey. España ya no es monárquica. No se sabe muy bien lo que es. La confusión es generalizada.

Durante la travesía al destierro pide el rey un último deseo: que se le entregue la bandera de España que ondea en el barco, el crucero Príncipe Alfonso, que le lleva de Cartagena a Marsella, y que manda el capitán de navío Manuel Fernández Piña. El comandante no se atreve a cumplir los deseos del rey; consulta con el almirante José Rivera Álvarez de Canero, ministro de Marina, que, aunque cesado, acompaña al Rey en la travesía; no se atreve a tomar una decisión por lo que consulta con Azaña para que lo autorice. ¿Dónde estará aquella bandera? Tampoco autorizan al Rey a comunicarse con el exterior ni siquiera para saber de su familia (Carta a sus hermanos del comandante del buque publicada en ABC de 7 noviembre 1973 por Jesús Juan Garcés). A las cinco y media de la mañana desembarcaba Don Alfonso en Marsella y en el crucero español se izaba la bandera republicana. No hubo honores, hubo alguna lágrima, respeto mutuo, <<Jamás me han mirado en un barco con más respeto que ahora en este>>, dice el rey. Es bueno mirar a los soldados en todo momento; e interpretar con acierto su mirada.

El Buque de guerra “Príncipe Alfonso” en el que el Rey abandona España

El <<Príncipe Alfonso>>, el buque, regresa a España siendo ya  republicano. Adoptaría el nombre de <> y terminaría sus años de mar con el nombre de <>. Cosas de por donde soplen los vientos.

Se acabó la Corona. <<Nos regalaron el poder>> dice Miguel Maura, ministro de Gobernación.

Solo la incompetencia de unos dirigentes demasiado complacientes, con su escasa sabiduría gobernante, se llevaron por delante la monarquía y detrás de ella la república. Habrá que admitir la consabida frase: <<La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos>>.

La bandera oficial del Gobierno de la II República en el exilio aún se conserva. En el Museo das Mariñas de Betanzos (La Coruña).

Es la historia. Unos la desconocen y otros, que se aprovechan de la ignorancia, en cuanto pueden la repiten.

 

Banquete ofrecido por el Gobierno a los participantes en el “Pacto de San Sebastián”. De izq. a dcha: (sentados): Santiago Casares Quiroga, Marcelino Domingo Sanjuán, Alejandro Lerroux, Alcalá Zamora, Manuel Azaña, Fernando de los Rios y Jaume Aiguader; (de pie): Carrasco i Formiguera, Eduardo Ortega y Gasset, Luis Nicolau d’Olwer, Rafael Sánchez Guerra, Álvaro de Albornoz, Fernando Sasiáin, Angel Galarza, Diego Martinez Barrio y Matías Mallol Bosch. Madrid, 22 de agosto de 1931

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