Episodios nacionales

13 de febrero de 2018 por Redacción FNFF

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Aquilino Duque

Diario de Sevilla

La novela, y más la novela realista y sobre todo la histórica, tiene que ser verosímil. A algunos jóvenes aspirantes a novelistas que han tenido la deferencia de enviarme sus novelas premiadas, les he aconsejado a mi leal saber y entender que aun en la ficción, hay que contar la historia como ha sido, no como el autor quisiera que fuera. Todo el que sucumba a la moda de la historia ficción está condenado a que sus productos, por mucho éxito comercial que tengan en un primer momento, sean de usar y tirar. La tardonarrativa sobre nuestra Guerra Civil y sobre nuestra trasguerra -nada digamos del cine-, no es más que un torpe intento de remedar al Confusio galdosiano, aquel pobre foliculario de las campañas africanas que pintaba la historia, no como era, sino como a él le gustaba que hubiera sido.

Una que no hizo trampa fue Elena Fortún. En Celia en la revolución, quien salva y protege a Celia, que ha logrado escapar a Valencia del Madrid de los paseos y los bombardeos, es precisamente un oficial del Ejército rojo a punto de pasarse a los nacionales. Hace un tiempo hizo fortuna un relato, que no tardó en llevarse al cine, sobre la milagrosa salvación del poeta Sánchez Mazas, fascista y cobarde, por un rojo gallardo y generoso, al que lo único que le faltaba era que le brotara un par de alas y lo coronase una aureola. Yo intuía, algo influido acaso por el relato de Elena Fortún, que lo más verosímil hubiera sido que el rojo salvador fuera lo que fueron muchos combatientes de las tropas vencidas: un pobre hombre derrotado deseoso de pasarse a las filas contrarias.

Ya me había olvidado un tanto del asunto, cuando por puro azar llega a mi conocimiento la noticia de que "tanto Sánchez Mazas como su hijos -el también escritor y premio Cervantes, Rafael Sánchez Ferlosio, o el filósofo, lógico-matemático y ensayista Miguel Sánchez Ferlosio- han contado cómo más tarde un grupo de campesinos republicanos desertores -"los amigos del bosque", como los llama el escritor- le encuentran a poco deambulando, casi ciego y hambriento. Le ayudan a esconderse en un pajar de Mas de la Casanova. Daniel Angelats, Joaquín Figueras y María Ferré se cuentan entre estos benefactores que ayudan a los futuros vencedores del bando nacional, un poco a modo de salvoconducto en los últimos momentos de una contienda que ya se intuye del todo perdida por el bando republicano. Unos diez días después, ya en Barcelona, Sánchez Mazas puede contar en un noticiario radiofónico el milagro de su supervivencia de entre los "mártires de Collell", como se llamará tras la guerra a los allí fusilados."

No me sorprende para nada el hecho de que en nombre de la mal llamada memoria histórica, lo que pasó no se cuente como pasó, sino como se quiere que hubiera pasado, de modo que la rocambolesca versión novelesca y cinematográfica venga prevaleciendo sobre la versión no menos rocambolesca pero más verosímil del legendario lance. Hace años, cuando el "régimen anterior" conmemoraba los 25 años de paz, un poeta del Puerto de Santa María escandalizaba a los progres con unas Coplas de las aguas turbias en las que decía entre otras cosas: ¡Lo demás es lo de menos!/ Aquí se acabó el jugar/ a los malos y a los buenos.

Cuando por fin cambiaron las tornas, hubo un forcejeo entre los que querían la reforma y los que pretendían la ruptura. La ruptura era con la historia inmediata, algo difícil de momento, así que se empezó por la geografía, fragmentando la nación en autonomías con ínfulas de nación, para más tarde enfrentar a los españoles una vez más en malos y buenos con la monserga de la memoria histórica. Puestos a llamar las cosas por otros nombres, darían en llamar "reconciliación nacional" a este enfrentamiento artificial para invertir la historia con efecto retroactivo. Aun así, me alegré de oírle decir a alguien con mando en plaza en el actual sistema de libertades que ellos venían a "tender puentes", y no a "cavar trincheras". Poco me duró la alegría cuando reparé en que nunca se han cavado tantas trincheras en nuestra patria como ahora, con el piadoso pretexto de cavar fosas en busca de cadáveres que arrojar a la cara de los "buenos" de ayer, que no son otros que los "malos" de hoy.

La historia-ficción es, me temo, como la narrativa y el cine que la apoyan: de usar y tirar.

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