Golpe de timón

José Luis Montero Casado de Amezúa

Se oye con frecuencia que hay que reformar la Constitución, pero no se suele decir en qué sentido quieren modificarla unos y otros. La situación en España, hoy por hoy, dista mucho de ser de consenso y si se inicia un proceso para la reforma volveremos a vivir duros enfrentamientos. Lo razonable es empezar por analizar si es preciso modificarla o qué es lo que en ella dificulta el desenvolvimiento ordinario para la solución de los problemas y normalizar la convivencia.

EL PROCESO AUTONÓMICO

      El problema de Cataluña, lleva planteado más de 300 años y cada vez que rebrota lo hace con más virulencia. La Constitución del 78 fue votada en Cataluña por un porcentaje algo mayor que en el resto de España y ¿qué ponía que les dio ánimo? Pues el artículo 137 dice: El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las comunidades autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses. El deseo de los catalanes de alcanzar más autogobierno les animó al voto afirmativo masivo, pero después vieron cómo se les alineaba con las otras 16 comunidades autónomas y ya desde el principio se posicionaron contra la ley orgánica –LOAPA- que pretendió armonizarlas, tanto a las que tenían un “por qué sí”, como aquellas que respondían al “¿por qué no?”; tanto a las que habían disfrutado de instituciones propias hasta la llegada de la dinastía borbónica o que tienen una lengua que las une, como a las que se inventaron tras la Constitución.

      No conviene olvidar que en aquél proceso, hubo provincias que pretendieron constituirse en Comunidad Autónoma y se les negó ese derecho que sin embargo se otorgó a las 7 uniprovinciales y a las 2 ciudades autónomas. Segovia trató de ser autónoma, y las provincias de León, Zamora y Salamanca pidieron, y no pudieron, constituirse en Comunidad Autónoma, debido a una decisión de los órganos de poder central de la UCD y del PSOE. En Almería, que en su día no ratificó la constitución de la comunidad autónoma andaluza, se ha celebrado recientemente una manifestación bajo el lema “Almería no es Andalucía” (3/11/2017).En una publicación de internet se expresaban así: “Se ha construido una Andalucía muy centralista y hemos pasado del Estado centralista a las autonomías centralistas, y eso crea una desazón y un sentimiento de queja por la gran concentración de poder que hay en la autonomía, que no ha llegado en la medida de lo conveniente al ámbito provincial ni local. La autonomía ha concentrado todo en la capital”. En 1984 algunos sectores realizaron una campaña en favor de una autonomía uniprovincial para Burgos. El Ayuntamiento de Cáceres acordó por mayoría, en un pleno celebrado en 1982, solicitar que se iniciara el proceso para conseguir la autonomía uniprovincial al no sentirse con un trato de igualdad en el parlamento extremeño. En enero de 2016, se publicó un artículo con el siguiente título: “La autonomía uniprovincial: una solución para Alicante”. Y en el proceso de constitución de la Comunidades Autónomas de Guadalajara, sólo uno de los 290 municipios de Guadalajara dijo a Castilla-La Mancha, un mes después de iniciado el proceso autonómico.

PERSPECTIVA HISTÓRICA

      España es el fruto de la fusión de la Hispania romana y el pueblo visigodo, y alcanzó la unidad bajo el reinado de Leovigildo, perfeccionado, en su sentido histórico, por la conversión al cristianismo de su hijo, el rey Recaredo. Tras la invasión musulmana la unidad alcanzada se desbarató y fue reconstruyéndose a lo largo de siete siglos con el objetivo de volver a la unidad perdida, como atestigua la profusión de monarcas llamados Alfonso, que evocaban a San Ildefonso símbolo de la unidad cristiana del reino. Así encontramos reyes que se llaman “Alfonso” en León, Castilla, Portugal, Aragón e incluso alguno en Navarra. La reconquista que se llevó a cabo de norte a sur en estos 5 reinos, dio lugar a Portugal, con su singular frontera perpendicular a ríos y montes y, la incorporación de Navarra, a España con los límites actuales. Durante estos 7 siglos nacieron las Cortes, germen de los parlamentos democráticos, en León en 1188 con Alfonso IX, y los parlamentos de Aragón, Cataluña y Valencia que, por ejemplo, suscribieron la Concordia de Alcañiz y el subsiguiente Compromiso de Caspe.

      Los reyes de España de la Casa de Austria, pese a su enorme poder central, respetaron las instituciones regionales, Parlamentos y Cortes, pero con la llegada de la Casa de Borbón se reforzó el centralismo uniformador y se implantó, fruto de la época, el despotismo ilustrado, y una de sus más dañinas consecuencias para España fueron las 3 guerras carlistas en las que se enfrentaron los planteamientos forales con las instituciones que nacían en los Estados modernos centralistas tal y como los conocemos actualmente y esta confrontación no parece haber desaparecido pues ha dado lugar problema foral o regionalista, con unos fundamentos amparados incluso por ministros de la Iglesia, que siempre han defendido las instituciones naturales, habiendo llegado incluso a anteponer su posición nacionalista a su condición de curas católicos recientemente. En el siglo XIX se dividió el territorio nacional en provincias y tras la restauración monárquica se estableció un sistema parlamentario. Estos dos siglos, son historia reciente que hay que considerar al buscar soluciones a los problemas actuales.

LA NECESARIA IGUALDAD Y EL RECONOCIMIENTO DE LAS INSTITUCIONES

      En las circunstancias actuales en España debe partirse de la división territorial provincial que permite un trato más igualitario, para lo cual las provincias deben ser la unidad básica territorial y para ello han de estar dotadas presupuestariamente desde el Estado español, lo que les permitirá gestionar sus propios intereses, como dice la Constitución. El hecho de que existan unidades mayores que representen formas de ser o sentir particulares, debe ser naturalmente representada, pero no por la vía de los acuerdos de los políticos, aunque estos sean electos, sino por la voluntad de integración de la provincia expresada en un plebiscito.

      Es evidente que los problemas de tensión o enfrentamiento que afectan a España, no se plantean en las Comunidades Autónomas uniprovinciales, ni en el ámbito del poder ejecutivo, ni en el ámbito de los partidos. Por ejemplo en el PSOE:¿Quién inquieta más a Pedro Sánchez: Susana Díaz, García Page, Iceta, o Chimo Puig o bien los líderes de La Rioja, Cantabria o Murcia? Es evidente: la historia está plagada de ejemplos en donde la buena relación del rey con el pueblo produce una situación estable, y, por el contrario, cuando existen nobles fuertes se producen luchas por la humana ambición de poder, pero con ello inevitablemente crece la inestabilidad. A mayor abundamiento es más auténtica la representatividad de los ciudadanos que se expresarán en unas elecciones a nivel provincial, que las realizadas a nivel regional ya que al acercar electores y elegidos reflejan mejor el sentir popular.

PROPUESTA: LA PROVINCIA CONSTITUIDA EN COMUNIDAD AUTÓNOMA

      Teniendo en cuenta los factores históricos y sociales esbozados, resulta apremiante la necesidad de dar un importante golpe de timón a la situación actual, especialmente por el punto al que se ha llegado en el Estado autonómico, que hace muy difícil un trato igual a Comunidades que nacieron desiguales. Considerando de justicia actuar con equidad se deben potenciar las Diputaciones Provinciales y poner en valor toda su capacidad de actuación, por ser la administración que tiene mejor conocimiento de la realidad proporcionado por la cercanía a los administrados, su experiencia, sus realizaciones y su patrimonio.

      Entiendo que la Constitución permite llevar a cabo las dos siguientes acciones que propongo y que resultan de la aplicación correcta del principio de subsidiariedad:

1.       Todas las provincias, que actualmente no lo sean, se constituirán en Comunidad Autónoma, formando un único ente con la Diputación provincial. Sus dirigentes serán elegidos por sufragio universal ordinario. Los Cabildos dispondrán de un sistema análogo. Con ello se evitaría el centralismo de las capitales de las Comunidades Autónomas, que reproducen en su interior aquello que critican. Esta actuación no tendría que suponer incremento del gasto ni duplicidad de funciones. El procedimiento es posible porque se ha seguido en las siete Comunidades Autónomas uniprovinciales, donde se ha reconocido la “singularidad histórica” a La Rioja, Cantabria o Madrid, y por la misma razón puede reconocerse a León, a Cáceres o a Granada. El presupuesto que se transferiría a éstas Comunidades Autónomas uniprovinciales, (que yo denominaría Diputaciones), produciría el mismo efecto de mejora interna de la provincia igual que lo ha producido en las Diputaciones Forales Vascas gracias a disponer de una mayor dotación presupuestaria incluso mayor que la del Gobierno Regional. Es necesario aclarar que no se está proponiendo reproducir el cupo vasco o navarro como forma de financiación, sino mejorar la distribución de los presupuestos en beneficio de una administración más cercana.

2. Que una vez constituidas y elegidos sus representantes, las que así lo acuerden, se integren en una unidad mayor como la Generalitat de Cataluña, o la de Valencia, el gobierno de Aragón o la Xunta de Galicia, etc. De esta forma la representación regional reflejará la unidad en la medida en que ésta fuera auténtica, pues al integrar varias unidades uniprovinciales con sus representantes elegidos democráticamente, se decantarían los temas en los que hubiera realmente razones compartidas para la unidad de acción. Estas “Juntas de Comunidades” o las “Generalidades”, tendrían competencias en todos los asuntos comunes que acordasen, como la planificación y coordinación de infraestructuras, servicios comunes, actuaciones de promoción etc., disponiendo para ello de la correspondiente cámara de representantes en la que estarían representadas las provincias que hubieran optado por la integración en la unidad regional o autonómica.

LA ORDENACIÓN DEL TERRITORIO

      España no puede convertirse en un país con una distribución de la población como Uruguay o Argentina, en donde hay una gran concentración de la población en Montevideo o Buenos Aires, mientras el resto se despuebla y que es España está dando lugar a lo que Delibes ha llamado la “España vacía”. No puede ser que se persiga sólo el crecimiento sin atender al desarrollo. La diferencia entre crecimiento y desarrollo, es que mientras que el crecimiento es unidireccional, el desarrollo atiende a todos las dimensiones. En España podrá crecer el Producto Interior Bruto, podremos tener empresas de gran éxito internacional, hacer el AVE Medina – La Meca, el nuevo Canal de Panamá o controlar los vuelos de los aeropuertos europeos, pero además es preciso que en el territorio de España se produzca el desarrollo esto es que se distribuya territorialmente la riqueza, labor que, cuando hay muy pocos recursos es problemática, pero que ahora en España es posible acometer. La China y la India crecen y crecen, pero ¿se desarrollan? Ambos países tienen mucha población bajo el umbral de la pobreza aunque cada año salgan millones del umbral de 1 dólar por persona y día, igual pasan a disponer de 2 o de 3. El que crezca el número de millonarios chinos, no quiere decir que China esté desarrollándose; ¿qué sentido tiene que tengan tantísimas divisas si esa riqueza apenas llega a la población más necesitada, la cual se ve inclinada a emigrar a los países europeos a poner una tienda de venta de productos chinos? En España poner la SEAT en Martorell, pero ocho años después se puso la Citroën en Vigo, y siguiendo análogo criterio se fueron sembrando posteriormente polígonos industriales, aunque de desigual desarrollo, pero fueron actuaciones que trataron de llevar riqueza a diferentes lugares y no provocar la acumulación de población en Madrid y las grandes capitales que actualmente generan cada vez más graves problemas medioambientales, de salud y que demandan unas infraestructuras más costosas. En definitiva es conveniente evitar los problemas que generan las elevadas concentraciones demográficas.

      Para que esta extensión de riqueza se retome es preciso que los presupuestos que administran las Diputaciones Provinciales crezcan y sean independientes. Con ello el inevitable proceso de urbanización de la población, en lugar de tener como destino mayoritario las grandes capitales, deberá posibilitar el encontrar trabajo y otros atractivos en las capitales de provincia y sus cabecera de comarca, porque en estas ciudades viven médicos, arquitectos, abogados, ingenieros, economistas e informáticos, etc., plenamente capaces de resolver los problemas que están viendo delante de sus ojos, sin tener que ir a consultar o a obtener licencia a la capital de la Comunidad Autónoma; es difícil de admitir que el alcalde de Molina de Aragón tenga que pasar por su capital provincial, Guadalajara, y sortear Madrid, para llegar a la Capital de la Comunidad Autónoma, y lo mismo podríamos decir de los habitantes de Ciudad Rodrigo, Almazán o Miranda de Ebro. ¿Es justo que los vecinos de Cieza tengan la Capital Autonómica a 36 km y los de Hellín que está al lado, tengan que recorrer 300 km si tiene que acudir a su capital para algún trámite? ¿Alguien ha seguido la evolución de Plasencia después de fijar la capital de la Comunidad Autónoma en Mérida?

COMENTARIO FINAL

      En conversaciones particulares me han comentado “para eso ya es tarde”. No lo creo. El tiempo transcurrido, con visión histórica, ha sido un soplo y el problema que tenemos planteado es de mucha envergadura, o ¿alguien cree que después del 21 de diciembre, la situación en Cataluña va a solucionarse? ¿Alguien cree que reformando la Constitución en un sentido federal se va a fortalecer la unidad de España? ¿Es que nadie contacta con el fenómeno que se está manifestando, de mantener banderas nacionales en muchos balcones y ventanas por casi toda la geografía española? ¿Es que a nadie le duele que la convivencia en Cataluña se haya tensionado y agravado como nunca? ¿Cree alguien que va a mejorar esta situación?

España está ahora en una situación que requiere y permite reforzar la descentralización administrativa y reforzar la igualdad básica y la unidad de todos los españoles replanteando las competencias transferidas, al menos en educación, sanidad y la de los cuerpos de seguridad del Estado. Estas decisiones se abordarán con más justicia y más equidad entre las cincuenta provincias que con la situación actual.

Es de razón valorar la experiencia de las Diputaciones Provinciales, su Patrimonio de alto valor, los servicios que prestan a los Ayuntamientos, sobre todo a los de menos recursos, y para quien piense que esto supondría una mayor complejidad, que hable con quienes, como yo, fuimos representantes provinciales de algún Ministerio o de un Organismo Autónomo y el funcionamiento no planteaba problema alguno, incluida la celebración de reuniones, con peores carreteras, peores ferrocarriles, y sin posibilidad de hacer videoconferencias.

      Y ¿qué va a ser en el futuro de la convivencia con Cataluña, que reviste una problemática tan significativa e importante? La convivencia requiere una mayor atención al conocimiento y valoración mutuos, porque sólo se puede amar lo que se conoce. Será un proceso largo, pero será la prueba para saber si es verdad o no, que los españoles queremos estar unidos y si somos capaces de hacer, entre todos, que sea deseable el sentirse español, labor apasionante por su valor intrínseco y por lo mal entendida que la historia de España, desgraciada e injustamente, ha sido tratada en gran parte del mundo occidental.

      Sólo se salvará España de la desaparición si la organización territorial abandona el camino de profundizar en la división actual entre territorios y se promueve los que posibilitan la igualdad entre Comunidades Autónomas. El fortalecimiento presupuestario provincial, la mayor independencia en su administración y la apertura a constituir unidades interprovinciales voluntarias, mejorará la unidad nacional y se aunarán los tres ingredientes de la Historia de España: la unidad primitiva, la división provincial decimonónica, y el respeto a las instituciones de los reinos que durante siete siglos de reconquista y dos de oro, forjaron nuestra unidad y de esta forma superar los graves problemas actuales que están poniendo en riesgo la existencia de España.

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