Pablo Casado o la decepción. Por Honorio Feito

05 de agosto de 2018 por Redacción FNFF

Compartir en:
Pablo Casado o la decepción. Por Honorio Feito
El nuevo flamante presidente del Partido Popular, el partido político que, salvo error, representa el voto conservador en España, si es que todavía no ha renunciado a ello, viene siendo protagonista desde hace semanas, y sus apariciones en la prensa, tras ser elegido frente a una desprestigiada ex vicepresidente del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaria, no pueden pasar por alto.
En los últimos días de las calendas de julio, en plena polémica por la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, y en plena polémica por el anuncio de ilegalización de la Fundación Nacional Francisco Franco, resultaba inevitable para la prensa “mojar” al nuevo presidente de los populares.
La prensa, en muchos casos, más que preguntar para aclarar, pregunta para incordiar. Porque si Casado reniega del Valle de los Caídos, de la probable exhumación de los restos del que fuera jefe del Estado durante treinta y nueve años y de la también probable ilegalización de la Fundación que lleva el nombre de aquel jefe del Estado, entonces Casado será bien visto por la mayoría de la prensa al uso, o sea, la de papel, la tradicional, y también por muchos de los boletines digitales en los que se han refugiado aquellos periodistas que antaño destacaron el la prensa de papel.
Pero si el señor Pablo Casado tuviera la debilidad de mostrar un mínimo de responsabilidad histórica, que se deberia exigir a quien pretende ser no sólo presidente del Partido Popular, sino también, llegado un día, del mismísimo gobierno de España, entonces la prensa etiquetaría a Pablo Casado como un fascista, facha, retrogrado y toda la colección de descalificaciones de que hacen uso, no ya la prensa, sino el rojerío moderno y los paniaguados que, por no mojarse, se suman al rebaño.
Hace unas fechas, comentaba yo a un amigo el compromiso que requiere ser presidente del gobierno. No ya por la realización de políticas capaces de resolver los muchos problemas que la sociedad tiene hoy planteados, sino también por la responsabilidad de asumir el pasado.
Si los presidentes de la democracia se hubieran ocupado de ello, tal vez las cosas habrían girado de otra manera. Ha dicho el señor Casado que no gastaría un euro en desenterrar a Franco ni un euro en volverlo a enterrar.
Mi pregunta es ¿qué gastaría en repatriar los restos de los españoles que han ejercido cargos públicos durante el fracasado régimen republicano?¿O es que cree que esa, en caso de ocupar el Palacio de la Moncloa algún día, no es responsabilidad suya? ¿No gastaría su administración un sólo euro en restaurar el Panteón del Monasterio del Escorial? ¿No asumiría gastar un sólo euro en reponer una obra de arte que represente, por ejemplo, a época de Fernando VII? ¿El hecho de que el suyo sea un partido relativamente joven, nacido en la Transición, le exhime de responsabilidades históricas?¿Daría un euro por un mausoleo que albergara los restos de Pablo Iglesias, Largo Caballero o Azaña, o Besteiro o Cipriano Mera, si es que el señor Casado sabe quienes fueron?¿Gastaría un euro en recuperar los restos de Bellido Dolfos, o esa historia, tan antigua ya, no le interesa nada?
El señor Casado, cuyo futuro político me trae completamente sin cuidado, arranca con ese pobre bagaje político, el de no engancharse al pasado o hacerlo, en el mejor de los casos, con la fórmula del menosprecio hacia un jefe de estado que se mantuvo en el cargo durante 39 años.
No creo que Pablo Casado alcance, en su vida política, tal privilegio. Todo lo más, podría llegar a presidente del gobierno. Se puede ser presidente del gobierno de forma accidental, como demuestran ejemplos no muy lejanos en nuestra historia más reciente, pero a jefe de Estado no se llega, por el momento, de forma accidental y aún menos, se mantiene casi cuatro décadas en el cargo dejando un expediente como el que acompaña a Francisco Franco.
Alinearse en el bando de los que, con objetivos políticos, descalifican y se muestran hostiles con ese periodo, que, por otra parte, dio a España un desarrollo económico, social y político nunca antes conocido, demuestra una carencia de valores que incapacitan a cualquier candidato, aunque ahora, como también hemos visto recientemente, cualquiera que comience pegando carteles en el partido, queda capacitado para postularse frente a cualquier desafío. En fin, otra decepción más en el Partido Popular y otra traición más a los millones de españoles que confiaban en regenerar la formación política que debería ser heredera, y con orgullo, de un periodo próspero de nuestra historia.  
Compartir en: