Adoctrinamiento, mentiras y el Manifiesto por la historia y la libertad. Por Juan Chicharro Ortega

03 de febrero de 2019 por Redacción FNFF

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Sí. El adoctrinamiento y la mentira son herramientas principales en la aplicación de la teoría marxista. No me cabe duda de que el Sr. Sanchez, Presidente del Gobierno gracias al apoyo de comunistas, filoterroristas e independentistas, se aplica con esmero en el manejo de estas citadas herramientas. Lo vemos todos los días una y otra vez. Así, en su afán de arramplar con todo cuanto supuso la transición del régimen autoritario del Generalísimo Franco - ese sistema que sacó a España de la pobreza secular, de la ignorancia y que restauró la Monarquía - hacia el sistema democrático actual, no satisfecho con el control exhaustivo de la mayoría de los medios pretende ahora vía presupuestos del Estado proceder a un adoctrinamiento al mejor estilo soviético; en efecto, es lo que leemos en el apartado de dichas cuentas dedicado a las políticas derivadas de la Ley de Memoria Histórica. 15 millones de euros serán puestos a disposición de la Dirección General de la Memoria para imponernos a los españoles un única verdad de nuestra historia reciente. Todos los estamentos serán ideologizados : funcionarios públicos, Fuerzas Armadas, Cuerpos de Seguridad, responsables de la enseñanza desde la primaria hasta la universitaria …etc. Y, ¡como no! la “dignificación del Valle de los Caídos como cementerio civil” previa exhumación de los restos del Generalísimo Franco y de José Antonio.

 

Ante esta situación procede una vez más que la sociedad civil se arme ideológicamente contra esta pretensión de convertir nuestra España en un sucedáneo de la Venezuela de Maduro o Corea del Norte.

Nada más apropiado que releer una vez más el Manifiesto que miles de intelectuales, empresarios, profesores, abogados, militares, políticos ( incluidos muchos del PSOE ), diplomáticos y personas relevantes de la sociedad española firmaron hace casi un año y que pide a gritos su puesta de nuevo al día so pena de caer al más puro estilo “gramsciano” sin darnos cuenta en un régimen neocomunista, pretensión deseada del Sr. Sanchez y de su caterva seguidora de adinerados burgueses que le secundan.

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MANIFIESTO POR LA HISTORIA Y LA LIBERTAD

No se puede imponer por una ley un único relato de la historia, ya que ninguna ley debe o puede variar los hechos históricos. No se debe borrar por una ley la cultura, el sentimiento ni la memoria de un pueblo, y menos aún por razones ideológicas. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede primar sobre la analítica verdad de los hechos en las circunstancias del tiempo y lugar en que estos se produjeron. La interpretación de unos hechos, cualquiera que estos sean, no puede ceder a ninguna manipulación política partidista. Legislar sobre la historia o contra la historia es, simplemente, un signo de totalitarismo. Y es antidemocrático y liberticida. Sin embargo, en España viene perpetrándose un inadmisible y flagrante “historicidio” desde la aprobación de la mal llamada Ley de Memoria Histórica de diciembre de 2007. Pese a ello, el Partido Socialista pretende ahora, en una vuelta de tuerca más, que se apruebe una nueva y espuria “Ley de Memoria Histórica”, con la intención de ilegalizar cualquier asociación o fundación que sostenga puntos de vista diversos y plurales sobre los hechos acaecidos en el último siglo de la Historia Contemporánea de España. Con la implantación de una "Comisión de la Verdad", se amenaza con penas de cárcel, inhabilitación para la docencia y elevadas multas a quienes mantengan opiniones divergentes a la 'verdad única', la destrucción y quema de las obras o estudios declarados no 'gratos', y la expropiación, destrucción o transformación de una parte del patrimonio histórico-artístico de la etapa más reciente de España. Tal proposición de ley ataca directamente los fundamentos de la Constitución y los valores superiores que su ordenamiento jurídico consagra: la libertad (de opinión, expresión, investigación y cátedra); la justicia (solo atribuible a jueces y tribunales); la igualdad (que impide la discriminación por sexo, raza, religión, ideología, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social); y el pluralismo político (ejercido como actividad libre dentro del respeto a la Constitución). Dicha proposición de ley, de resultar aprobada, chocaría frontalmente con la Constitución en su redacción y espíritu. 2 El proyecto vulnera el principio de la verdad documentada de la historia, como demuestra el mero hecho de que esa única versión quiera imponerse por la fuerza del Estado, al ser incapaz de sostenerse en un debate de investigación, serio, libre e  independiente. Su capcioso velo jurídico, invocando a modo de pantalla la dignidad de las víctimas de solamente una parte o equiparando el franquismo con diversos regímenes totalitarios, son solo el envoltorio sentimental y manipulador de una ofensiva contra la libertad de los españoles, contra la democracia y contra la verdad histórica. Estamos ante una ley de tipo soviético que no debería ser propuesta por ningún partido, ni individuo, que respete la convivencia democrática en paz y en libertad, que solo sirve para reabrir viejas heridas que todos creíamos ya cicatrizadas y que, desde luego, nunca debería ser aprobada en una nación como España. Resultaría dramático para la convivencia de los españoles que ochenta años después del final de la Guerra Civil, y de haber transcurrido más de cuarenta tras la extinción del franquismo, se intente anular la libertad de pensamiento de los españoles, y reinstalar en la sociedad los mismos odios que condujeron a aquellos calamitosos acontecimientos.  Esta propuesta de ley debe ser rechazada con firmeza por toda la sociedad, pues España no puede permitirse una involución hacia regímenes del tipo implícito en la misma. La experiencia histórica no debe pasar en balde, y de ella debemos aprender. Los hechos históricos son hechos históricos, y los estudios e investigaciones de los mismos deben producirse en total y plena libertad para el debate y la confrontación abierta de las ideas, pero jamás bajo la mordaza y el castigo penal de un estado democrático. Y ello principalmente, porque ningún parlamento democrático ni puede ni debe legislar sobre la Historia, pues de hacerlo, criminalizaría la Historia, estableciendo una checa de pensamiento único, al imponerse por la fuerza y la violencia del Estado.

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