El respeto, por Pedro González-Bueno

14 de diciembre de 2018 por Redacción FNFF

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Pedro González-Bueno y Benítez

Revista Afán nº 11

 

“El cabo, como Jefe inmediato del soldado se hará querer y respetar de él”

(Título II, del cabo - Reales Ordenanzas de Carlos III -1768)

 

Ojeando un libro con artículos de Azorín me adentré, por despertar mi curiosidad, en el titulado “Sombrero de copa”, que dice así en sus primeras líneas: Si me preguntara cuál es, a mi entender, la cualidad fundamental de la civilización, contestaría sin vacilar: el respeto. De entrada, ante semejante pregunta, ¿hubiera yo dado la misma respuesta? Y, en todo caso, ¿con tal rotundidad..? Y sigo leyendo: El respeto en la familia, en el municipio y en el Estado. El respeto para el amigo y para el adversario. Y el respeto del individuo con su propia persona. “Nunca perderse el respeto a sí mismo”, ha dicho Gracián. El hombre que se respeta a sí mismo, respeta a los otros. Las sociedades ascienden o declinan según que en ellas suba o baje el respeto. La respuesta, que calificaría de elegante, me sorprende y tengo que confesar que no sólo me parece correcta, sino muy acertada.

A mediados del siglo pasado recuerdo haber oído, entre otros a mi padre, en numerosas ocasiones, refiriéndose a personas sin poder de ningún tipo: “Es persona de gran prestigio”, lo que suponía se le profesaba una especial consideración, un respeto. La verdad es que llevo años sin oír esa expresión. ¿Acaso se debe a que en estas últimas décadas ha ido general y paulatinamente “disminuyendo” el respeto?

Respeto significa, apreciación, valoración, educación, lleva consigo el concepto de dignidad, de honor, de valor... En realidad el concepto respeto tiene muchas y profundas connotaciones; lo que abarca el vocablo es mucho, y profundo. Saltarse la línea roja que es perder el respeto lleva consigo la ofensa, y siempre me viene a la mente, a propósito de ofensa, las palabras de Mario Álvarez-Garcillán, el gran jefe que tuve en mis primeros años de ingeniero, que en cierta ocasión me dijo: “Se puede reprender, se puede castigar, se puede... Pero lo que no se puede es ofender, al ser humano bajo ningún concepto ni circunstancia se le puede ofender”.

Respeto es lo que se gana ese desheredado de la fortuna, cuando adquiere la categoría de caballero, al alcanzar la condición de Legionario.

Respeto es lo que sintieron aquellos que destrozaron la Armada española ante el valor de los que al mando del Almirante Topete sabían iban a la muerte por el honor de España.

Respeto es el que inspira el señorío y la gallardía con que se enfrenta a la muerte José Antonio Primo de Rivera a sus 33 años.

Respeto es... La Historia de España está repleta de hechos que imponen respeto.

Pues he aquí que, desgraciadamente, España goza de un Presidente de Gobierno que no cuenta con el más mínimo respeto, ni de españoles ni de extranjeros, precisamente por no respetar a nadie ni a nada y para colmo haciendo alarde de ello. Dos botones de muestra:

El señor Sánchez, por boca de su portavoz Ábalos, aseguró que “Los separatistas no pueden ser aliados del PSOE ni para una moción de censura” (Declaraciones a La Sexta, 27 de mayo de 2018).

Margarita Robles, la portavoz de Sánchez en el congreso, afirmó: “El PSOE cierra la puerta a un gobierno de coalición con Podemos” (La Voz de Galicia, 2 de junio de 2018).

Como es bien sabido, hoy Sánchez gobierna gracias al apoyo de los separatistas y, de facto, en coalición con Podemos. ¿Realmente alguien piensa que este individuo, que se desdice en cuanto llega al poder, puede inspirar respeto?

El Sr. Sánchez, en el colmo de su paleta egolatría, se ha permitido faltar al respeto al Rey, a la bandera, a la Iglesia, a las Leyes y sus magistrados, a las Fuerzas Armadas, a sus héroes, a la meritocracia... y por todo ello, a esa inmensa mayoría de españoles que se sienten orgullosos de serlo.  Parece únicamente que respeta a los enemigos de España, a los que le encumbraron al poder y a los poderosos, tanto políticos como económicos del mundo, ante los que llega a la humillación, esperando el apoyo que le permita mantenerse como Presidente del Gobierno de España. Y así, con este fin, en escasos meses de mandato ha batido un récord de viajes al extranjero, sólo igualado por Zapatero, su padre político y, en dura competencia con éste, está dispuesto a pasar a la historia como el mayor traidor y más nefasto Presidente de Gobierno que jamás tuvo España.

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