DE LA DEMOCRACIA A LA OCLOCRACIA, por Jaime Alonso

23 de octubre de 2019 por Redacción FNFF

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Jaime Alonso

El término democracia figura utilizado ya por Herodoto en su famosa Historia, con un siglo de antelación a la clasificación que, como formas de gobierno, empleara, en la Grecia clásica, Aristóteles, en su política: monarquía, o gobierno de uno; aristocracia, o gobierno de los mejores, de unos pocos; democracia, o gobierno de muchos, de todo el pueblo.

De ahí la incorrecta definición de la democracia como la forma de gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía. La democraciano es un hecho y tampoco un derecho, es tan solo una idea falsa”, sostenía Maurras. Vázquez de Mella diferencia y contrapone la democracia verdadera o jerárquica de la democracia falsa o igualitaria, señalando que “la democracia jerárquica se funda, no en una voluntad colectiva… sino en la necesidad social, no tan sólo sentida por los más, sino comprendida y remediada por los menos…la verdadera democracia no es el derecho de gobernar, sino el derecho de ser bien gobernado y el exigir que se gobierne bien”.  El tribuno tradicionalista fue implacable al respecto: “La democracia o es una palabra vana, o es el gobierno de los más…” “No hay una pagina de historia del Occidente… en que gobernando los más sobre los menos, no hayan siempre gobernado los menos sobre los más, cuando no ha gobernado uno sólo sobre los menos y sobre los más”. Y añadía “Cuando una teoría política como la democrática es proclamada en todas partes y no es practicada en ninguna, es falsa”.

Resulta imprescindible distinguir la democracia antigua de la democracia moderna, aunque se le atribuyan una misma naturaleza y semejanzas formales o adjetivas. En rigor, existe una absoluta diferencia, debido a los habitantes que podían ejercer su voto e intervenir en la designación de sus gobernantes, y que la extensión territorial de los estados o ciudades donde se gobernaba democráticamente eran muy pequeños.

Pero ya entonces, como hoy, los precursores de la razón superior y de la naturaleza humana, experimentaron un cierto desprecio por el sistema asambleario de la política, formada según Sócrates, “por los hombres menos inteligentes y más miserables de la ciudad”. Platón también abominaba de la república griega, “le parecía absurdo que los rudos marineros gozasen de los mismos derechos de elección que Sócrates”. El derecho igualitario le parecía una sinrazón. A su juicio “la libertad desmedida termina en anarquía, y ésta, a su vez, indefectiblemente en tiranía”. 

La democracia en Roma no llegó a estructurarse en el Estado. La caída de la monarquía fue consecuencia de una revolución aristocrática patricia para liberarse de un jefe vitalicio. Según ha escrito Croiset “la plebe llegó a convertirse en populacho, dispuesta a seguir a cualquier jefe que le hiciera promesas y le facilitara dinero o placeres. No faltaba más que un tirano”. Así alternaron las luchas, con el apoyo de la plebe o del senado, los Mario y Sila, Cesar y Pompeyo, Marco Antonio y Augusto, hasta el definitivo triunfo de Octavio que puso fin con el Cesarismo imperial a lo que quedaba de democracia en Roma.

En la democracia moderna, la imposibilidad de hecho de que todos los ciudadanos fueran simultáneamente gobernantes y gobernados, como proponía la revolución francesa, triunfante desde entonces, hizo que Rousseau afirmara: “Tomando el término rigurosamente, nunca ha existido ni existirá verdadera democracia. Es contrario al orden natural que gobierne el mayor número y que la minoría sea gobernada”. La democracia moderna según René Guillouin se divide en dos clases. La de origen inglés es liberal, burguesa, individualista, contraria al igualitarismo, propietarista, legalista, exenta de resentimientos, tradicionalista y espiritualista. Por el contrario la de estirpe francesa, sin ser antagónica, tenía estas características: colectivista, autoritaria, popular, igualitaria, propietarista en sus primeros tiempos, pero después anticapitalista y antipropietarista; arbitraria, basada en el resentimiento, futurista y racionalista (culto a la diosa razón), materialista y anticristiana. Pero las dos democracias están abocadas a un mismo fin. Por ello Spengler afirmó: “sí la plutocracia inglesa dominante no hubiera sido mucho más enérgica que la cobarde corte de Versalles, la revolución habría estallado en Londres antes aún que en París”.

Ese vaciamiento, en la democracia moderna, de la naturaleza humana, esa igualación de la sapiencia y la virtud, con la ignorancia; ese panteísmo del número como criterio de razón; esa elección sin conocimiento de a quien y para qué; esa ausencia de respeto por las leyes conformadoras del bien común y de la costumbre, lleva a definir como arbitrario el sistema y no obligatorio en conciencia, según la doctrina expuesta por Platón, Cicerón, San Agustín, Santo Tomás, Suarez etc. y a considerar la democracia moderna como la democracia clásica en estado de pecado mortal.

En sentido estricto y dentro de la lógica política conviene hacerse una pregunta: ¿Puede estar organizada la democracia? ¿Se puede organizar lo que no quiere ser jerarquizado? La experiencia vivida de estos cuarenta y dos años de Constitución democrática, practicas antidemocráticas, leyes contrarias o de dudosa constitucionalidad y partitocracia endogámica y corrupta, me ha convencido de que ningún problema esencial, de los que nos afectan, han sido resueltos, que en la democracia las intenciones, por muy excelentes que sean, son vanas; de que el gobierno parlamentario o con el parlamento popularizado, no se puede conseguir nada, ni siquiera servir y salvar a la democracia, modificando la ley electoral. La encrucijada es pues, como en el pasado lo definió Charles Benoist, la de escoger la alternativa dura: entre el partido o la patria. No hay, no habrá otra opción, ni alternativa de existir que la de la patria.

Si se investiga las causas históricas que provocaron el derrumbamiento del Imperio español en América, se deduce que la principal es el abandono del espíritu de servicio y de misión que inspiraba a nuestras instituciones, para en su lugar entronizar los principios filosóficos enciclopedistas de la revolución francesa.

También la democracia es una experiencia personal, no solo una teoría política de gobierno, de organización de la sociedad. Cuando hace 30 años sostenía que algunos votantes, no debían votar, que el sufragio universal era una falacia, siempre que el elector no estuviera bien informado y pudiera discernir sobre lo que le conviene a él y al país; cuando afirmaba que las autonomías eran el cáncer de nuestra nación, la división y la ruina de los españoles; cuando pedía la modificación de la ley electoral por injusta y favorecedora de la atonía política; cuando clamaba por la independencia del poder judicial, sosteniendo que el nombramiento de los jueces no debía ser político y menos aún los ascensos. Entonces, todos me decían, ¿Cómo te atreves? o simplemente me ignoraban, como a un loco iluso. Cuando lo digo hoy y ahora, todos y, a veces, los mismos, me dicen ¡claro! ¿Pero como lo hacemos? ¿Qué podemos hacer?

El tiempo histórico, no siempre se acompasa con el tiempo vital, pero era fácil prever el resultado, sin necesidad de ser un visionario. Hoy, como en la primera mitad del siglo pasado, la democracia está en crisis, la diferencia consiste en que hoy el vacío democrático, sus contradicciones y corrupción, no viene como consecuencia de unas poderosas ideologías conformadoras del individuo, de la sociedad y del Estado: Comunismo, fascismo, nacional socialismo. Tampoco se derriban mediante golpes de estado militares o procesos revolucionarios, salvo excepciones en algún país africano, Asia y Oriente Medio, sino mediante procesos de degradación internos que llevan al poder a sátrapas autoritarios que fagocitan el control de todos los resortes del estado, modifican las bases del estado de derecho y la libertad, y dirigen sus políticas hacia la perpetuación de su poder. Lo más peligroso es que la sociedad apenas lo percibe, hasta que resulta irreversible.

En la actualidad, el retroceso democrático empieza en las urnas. ¿Sabe el elector lo que vota?, ¿está bien informado sobre las distintas opciones electorales? ¿puede analizar siquiera lo que le conviene? ¿existe o no control de la opinión pública y de los medios de comunicación? ¿se pretende controlar al poder judicial y su elección? Las constituciones, las creencias inmanentes sobre la libertad e igualdad formales, los elevados niveles de riqueza y educación y el diversificado sector privado, ya no ejercen el debido contrapeso, ni son vacuna, contra la quiebra democrática. En España, dada la falta de respeto y cumplimiento a la constitución, al estado de derecho, al derecho ajeno, puede volver a fracasar la democracia a manos de presidentes electos que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder.

Por la vía electoral y mediante una serie de leyes de adoctrinamiento (L.M.H., Ley de violencia de género, ley electoral, transferencias autonómicas) y dominio cultural en aulas y medios de comunicación etc., los autócratas electos mantienen una apariencia de legalidad y de respeto a las leyes democráticas a las que van destripando hasta vaciarlas de contenido. Mientras, la gente sigue votando sin percibir lo que se hará con sus votos en las instituciones. Dado que no existe un único momento, resulta más difícil resistir y denunciar lo que ocurre, con el riesgo cierto de ser considerado alarmista o extremista.

Resulta urgente y necesario despertar a la sociedad civil, crear una élite política, y sobre todo un movimiento político, si Vox no lo hace, que cree unos mecanismos de control y equilibrio solidos que funcionen como baluartes de la nación y el pueblo. Unas instituciones orientadas al bien común y en defensa de los intereses generales, independientes y prestigiadas. Que impidan a los autócratas la subversión dentro del estado para destruirlo, de personas afines que instrumentalicen los tribunales y sobornen a los medios de comunicación y al sector privado. Nuestra realidad política es que se está reescribiendo la historia, para reescribir las reglas del juego, romper las instituciones y legitimidades que se opongan, e inclinar el terreno de juego contra el que se oponga, considerado como enemigo. Esta senda electoral hacia el autoritarismo socialista, igual, aunque más suave que en el pasado, están utilizando las propias instituciones de la democracia de manera gradual, sutil e incluso legal para liquidar la monarquía y el llamado régimen del 78.

Caminamos, ya pervertidos, hacia la intolerancia, la deslegitimación del adversario, la consideración de enemigo al discrepante, el control partidista de todas las instituciones, la perversión del lenguaje, del significado de los términos. Ya la contención y la tolerancia no funciona como guardarrail de la democracia que evite la lucha partidista excluyente. La oclocracia que surge cuando la democracia es tomada por una muchedumbre, cuya iniciativa tiene fuerza de ley espontanea y natural, fue siempre rechazada por Platón y Aristóteles que entendían la oclocracia como la fórmula más peligrosa de gobernarse, al propiciar la demagogia y el populismo.

Polibio afirma qué la oligarquía puede degenerar en una tiranía, pero la tiranía de la democracia era la oclocracia. Ya el sacerdote Diego Laínez profería al acabar el Concilio de Trento “Temo siempre a la multitud, aunque la multitud sea de obispos”. Para el estudioso que quiera investigar y ver otras formas de gobierno, les invito a ver estas otras formas más o menos democráticas de gobierno.

J.A

PUEDES PRESCINDIR DE ESTE FINAL DEL ARTICULO

 Adhocracia: Ausencia de jerarquías. Como oposición también a una burocracia.

Androcracia: Gobiernan hombres. Patriarquia implica que existe un poder jerárquico superior de hombres hacia mujeres.

Anocracia: Gobierno inestable e ineficaz. Un mix entre una democracia y una autocracia.

Aristocracia: Gobierno de los mejores. En la antigüedad los mejores eran los más sabios, ricos y poderosos, pero actualmente solo significa las últimas dos cosas.

Bancocracia: Gobierno de entidades financieras.

Cibercracia: Gobierno a través del uso eficaz de la información.

Cientocracia: Políticas publicas basadas en la ciencia.

Cleptocracia: Gobierno de ladrones.

Criptarquía: Gobierno secreto u oculto.

Critarquía: Gobierno de los jueces.

Demarquía: Gobierno por ciudadanos elegidos aleatoriamente.

Diarquía: Gobierno de dos personas. (Triunvirato seria con tres personas, Tetrarquía cuatro, y mas o menos así en adelante)

Estratocracia: Gobierno donde el ejército y la política es la misma cosa. No es una dictadura militar, sino, por ejemplo, el gobierno británico de Chipre.

Etnocracia: Gobierno por un grupo étnico dominante

Futarquia: Gobierno en la que las decisiones de las autoridades podrían estar sometidas a los mercados de apuestas, que tienen mayor capacidad de agregar información.

Gerontocracia: Gobierno de los ancianos.

Gynecocracia: Gobiernan mujeres. Matriarquia implica que existe un poder jerárquico superior de mujeres hacia hombres.

Ideocracia: Gobierno erigido en base a una ideología o filosofía que rige todos los aspectos de la vida de la sociedad.

Isocracia: Gobierno de los iguales

Kakocracia/cacocracia: Gobierno de los peores o Gobierno de ladrones. Así es, “caco” es un nombre griego, de un demonio malvado.

Kratocracia: Gobierno de los fuertes

Logocracia: Gobierno de la razón y las leyes.

Meritrocracia: Gobierno de los más hábiles y talentosos.

Monocracia: Gobierno de una persona.

Netocracia: Gobierno de aquellos que tienen su poder basado en sus habilidades tecnológicas y de networking.

Noocracia: Gobierno en vista del desarrollo de la mente humana

Oclocracia: Gobierno demagogo, de la muchedumbre.

Oligarquia: Gobierno de unos pocos que gobiernan para sus intereses.

Panarquismo: propone que todo individuo para unirse o separarse libremente de la jurisdicción de cualquier Gobierno que elijan, sin ser forzados a abandonar el lugar donde viven.

Partitocracia: Gobierno burócrata de partidos políticos.

Plutocracia: Gobierno de los más ricos de una sociedad.

Pornocracia: Gobierno de las prostitutas. 

Sofocracia: Gobierno de los sabios o filósofos.

Tecnocracia: Gobierno de los técnicos.

Teocracia: Gobierno erigido por mandato divino.

Timocracia: Gobierno donde solo pueden participar los dueños de terrenos.

Vetocracia: Situación en la que un gobierno no puede progresar porque su oposición no los deja gobernar.

Videocracia: Gobierno a través de las imágenes.

 

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