A ver si nos enteramos: quieren derribar la Cruz. Por Juan Chicharro Ortega

Juan Chicharro Ortega

General de División de Infantería de Marina ( R ) 

Resulta cuando menos asombroso que a estas alturas del siglo XXI, en este año de 2018, nos encontremos en una batalla ideológica, iniciada y propiciada por el PSOE y sus acólitos comunistas, anarquistas  y separatistas, en la que una izquierda  sectaria y vengativa pretende erradicar de la historia todo cuanto significó Franco y 40 años de gobierno bajo su égida. La herramienta política es la Ley de Memoria Histórica y las sucesivas reformas de la misma en ciernes.

Un paso más de esta nefasta Ley que divide de nuevo a españoles, y está provocando una crispación “in crescendo” en nuestra sociedad, es el intento desesperado del Sr. Sanchez, con el aplauso y presión de sus socios comunistas, de exhumar los restos del Generalísimo Franco del Valle de los Caídos. Una acción que no es otra cosa que una muestra de un odio y resentimiento sin parangón en el mundo actual y nada más que un paso más para otras perversas intenciones. 

La indiferencia – siquiera cada vez menor – con la que una sociedad dormida asiste a este hecho nos demuestra cuán ciegos se encuentran tantos españoles ante el objetivo último de una parte de sus compatriotas, que adoctrinados por la inmensa mayoría de la propaganda política al servicio de las doctrinas marxistas, no busca otra cosa que la descristianización de nuestra Patria. En los últimos meses son innumerables los ataques sufridos contra toda clase de símbolos religiosos entre los que cobran relieve los derribos de cruces en pueblos y ciudades. Bajo la patraña de ser considerados como símbolos franquistas se han destrozado cruces aquí y allá ante el silencio de la Jerarquía eclesiástica que asiste impertérrita a estos hechos como si fueran hechos que nada tienen que ver con su deber y obligación.

La insistencia de muchos medios en preguntar sobre el Valle de los Caídos y su significado me lleva siempre a responder con el mismo argumento: el Valle de los Caídos se creó como símbolo máximo de la reconciliación y la evidencia de esto es la Cruz que se vislumbra desde kilómetros a la redonda en la sierra madrileña. Y es que la Cruz es el símbolo máximo de la fraternidad humana. No son necesarias más explicaciones. Sucede que aquellos que tanto hablan de reconciliación no la buscan por ningún lado y consecuentemente la Cruz les sobra y harán todo lo posible por sencillamente borrarla del mapa. 

Sería tal la barbaridad de demoler la cruz que hasta el más normal de los ciudadanos la ve como algo imposible y asisten escépticos ante las insinuaciones de que algo así podría suceder. Sencillamente lo ven como algo imposible, si bien, hay, también, opiniones desconcertantes que he recogido de personas, digamos que “normales”, no sólo escépticas, como he dicho antes, sino que incluso poco les importa. La relatividad moral ha hecho tantos estragos en nuestra sociedad que le llevan a uno a oír de personas educadas en colegios cristianos, que bautizan a sus hijos y casados por la iglesia lo que les acabo de decir.

La cuestión es que esta impensable acción no es fruto de mi imaginación sino que podemos leerla y oírla estos días una y otra vez bien en medios formales como en el Boletín del Congreso de los Diputados o en comunicados varios emitidos por comunistas podemitas. 

Así, nos encontramos que el artículo 53 de la Proposición de Ley integral de Memoria Democrática presentada, el pasado día 13 de julio de 2018, por el Grupo Parlamentario Confederal de Unidos-Podemos-En Comú-En Marea y admitida a trámite en el Congreso de los Diputados dice literalmente:

1.El Gobierno de España, haciendo uso de sus atribuciones, recuperará el Valle de los Caídos para la gestión directa por parte del Patrimonio Nacional y el control final del Ministerio de Justicia, dejando sin efecto el Convenio establecido a través del Decreto Ley de 23 de agosto de 1957. Se realizarán posteriormente las acciones necesarias para desacralizar este espacio monumental.

 2. Se procederá a la resignificación de todo el complejo del Valle de los Caídos para convertirse en un lugar de memoria donde se expliquen los crímenes del franquismo, con especial atención al sistema concentracionario español, al Patronato de Redención de Penas del Trabajo y su relación con las grandes empresas o el papel de la iglesia católica en la dictadura.

3. Se eliminará toda expresión y connotación franquista así como se prohibirán los actos de homenaje a quienes promovieron el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y apoyaron el franquismo. Se procederá al desmantelamiento o demolición de aquellos elementos incompatibles con un Estado democrático, entre los que cabe destacar la monumental cruz-espada cuyo mantenimiento haría imposible el citado proceso de resignificación.

Las intenciones son claras pero por si acaso no fueran suficientemente explícitas el Sr. Iglesias ha presentado recientemente un plan a través de un informe titulado “Exhumar el Franquismo. Recuperemos el Valle de Cuelgamuros “en el que afirman que hay que demoler la gran Cruz que preside el complejo y arrebatar el control de la basílica a la Iglesia. 

Y consecuente con estas intenciones el Gobierno del Sr. Sanchez ha aceptado debatir con Podemos el derribo de la Cruz tras exhumar a Franco.Una vez finalizada esta etapa Pedro Sanchez pondrá fecha al próximo debate al efecto. 

Yo no sé qué más hay que decir para convencer a tanto incauto, que no acaba de comprender que la exhumación del Generalísimo no es más que parte del proceso, de todo lo que viene después. Claro que si pensamos que hasta la propia Jerarquía Eclesiástica puede estar inmersa en este inmenso engaño resulta hasta comprensible la inocencia del españolito de a pie. 

Ignoro, como es obvio, cuál será el resultado final de todo este proceso de la exhumación de Franco pero si la Iglesia piensa que cooperando en esta perversa acción salvará la Basílica y la presencia de la Comunidad Benedictina en el Valle - algo que me resulta incomprensible e imposible, salvo que haya negociaciones “sotto voce” (estamos en el país del Obispo Don Oppas) - dará una prueba de una inocencia impropia de los dos mil años de su historia, amén de una ingratitud sublime con aquél al que le deben todo. Espero que no llegue este momento pero tengo por cierto que, de materializarse, la sangre de miles de mártires caerá sobre su cabeza.

En definitiva , a ver si nos enteramos : quieren derribar la Cruz.  

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