12-12-1966: Discurso de Francisco Franco sobre el Referéndum Nacional

12 de diciembre de 2019 por Redacción FNFF

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Tal día como hoy, pero en 1966, Francisco Franco se dirigía a los españoles ante las cámaras de Televisión Española y los micrófonos de Radio Nacional de España, para hablar sobre el Referéndum Nacional que se iba a votar el día 14 de ese mes:

Españoles:

Por mi mensaje ante las Cortes Españolas y por el análisis que sobre el texto de la Ley Orgánica del Estado se ha venido haciendo, con el fin de despertar el interés de la Nación y la toma de conciencia de los electores, habréis llegado a la conclusión de que el interés de los españoles se centra hoy en asegurar, para una larga y dilatada etapa, otros muchos años de paz constructiva, sacrificando los intereses y los personalismos al bien común y al mejor servicio de la Nación. Por esto, cuando ya quedan pocas horas para que os pronunciéis en el Referéndum, quiero dirigiros unas palabras de orientación y de llamada a vuestro sentido de la responsabilidad.

LO QUE FUIMOS QUE SOMOS

Quiero que meditéis sobre lo que fuimos y lo que somos; que tengáis siempre presente la comparación entre las desdichas de un triste pasado y los frutos venturosos de nuestro presente; que reflexionéis cómo por los errores de una política, España perdió en pocos años no sólo lo levantado en siglos por las generaciones pasadas, sino también la ocasión que el mundo moderno le ofrecía para transformarse. Y es singular que en el correr de un siglo, sólo en los contados años excepcionales del mando del general Primo de Rivera, el pueblo español hubiera podido encontrar, con un bienestar mayor, un horizonte de luz y de esperanza. Sin embargo, la reacción natural del pueblo contra la política, por las desdichas que le venían causando los partidos, arrastró a muchos a creer que pudiera bastar para el gobierno de los pueblos una buena y recta Administración; olvidaban que la política, la noble política, es precisamente el arte de gobierno de los pueblos; que el hombre es un ser sociable con un pensamiento político, que si no se le llena con la verdad, otros acabarán llenándolo con la mentira. Así sucedió y se perdieron aquellos años que pudieron ser decisivos para el resurgir definitivo de nuestra Patria, al tiempo que se formaba un vacío político que, tras pocos años de prosperidad, hasta entonces desconocida, vinieron a ocupar los residuos de los partidos políticos de la etapa anterior, en contubernio con los elementos más destacados de la anti-España, haciendo retroceder a la Nación a la antigua base de partida.

Todo esto justifica que una de mis primeras preocupaciones fuera el noble intento de dar una conciencia política a la comunidad española que superase para siempre los antagonismos crónicos de la vida nacional, con nuevas formas de ordenación política y social, irrenunciables en los tiempos nuevos; despejando el camino de unos nuevos sistemas en que el espíritu social prevaleciera sobre el esquema materialista de las sociedades capitalistas y comunistas, y abriese amplios cauces a los afanes solidarios de salvación y prosperidad colectiva.

De cómo discurrió nuestra política todos sois testigos. España ha surgido de nuevo a la esperanza; los pueblos, anteriormente dormidos, han despertado con nuevos anhelos. En los Congresos Económico-Sindicales se discuten democrática y periódicamente todos los problemas de la comarca, en los que todos los españoles encuentran cauce para exponer su parecer. A aquel viejo concepto político del «dejar hacer», de indiferencia de las autoridades ante el acontecer de cada día, ha sucedido el de encauzar, orientar, dirigir y facilitar los caminos para que los problemas se resuelvan. Los tres cauces -sindical, municipal y familiar- están abiertos a la colaboración activa de los españoles a las funciones públicas y logran que la práctica en la democracia haya ir llegado a ser una realidad hasta ahora desconocida en nuestra Patria.

RESURGIR ESPAÑOL

La eficacia de esta política todos la disfrutáis. No sólo está a la vista en el resurgir español en todos los órdenes, en estos veintisiete años de paz y buen gobierno, sino que se pone más de relieve en todas las crisis y desgracias nacionales, como en las catástrofes de Santander, de Cádiz, de Valencia y de Cataluña, en las que la eficacia de las medidas tomadas y la solidaridad entre los españoles brillaron a la mayor altura.

Ya sé que aun a pesar de ello, no faltan en nuestro solar quienes se dejan impresionar por lo que en el mundo todavía se lleva y sueñan con vestirse a la moda extranjera; pero, precisamente, si analizamos el mundo que nos rodea, las grandes ficciones políticas en que vive, la «guerra fría» que se practica, que, rebasando las fronteras, adopta formas clandestinas de subversión a través de agentes pagados y de organizaciones interesa- das, se percibe más aún la necesidad ineludible del fortalecimiento político del Estado, que le permita enfrentarse con todos los peligros. A estos fines destaca la misión trascendente del movimiento político, que estimula la adhesión popular a las instituciones. Tenéis que pensar qué hubiera sido de España y de nuestra paz si en estos treinta años hubiese faltado ese calor político. No hay más que observar la enemiga que en los medios internacionales hostiles encuentra nuestro Régimen político, para apreciar el valor que se le reconoce.

FUTURO UNIVERSAL

De todas maneras es conveniente nos preguntemos: ¿a dónde va el mundo? ¿Camina hacia esquemas capitalistas liberales tipo siglo XIX, o hacia fórmulas sociales más sinceras y de mayor eficacia? El pueblo aspira a soluciones prácticas y reales de la democracia. Es general la aspiración al progreso de su nivel de vida, a una más justa distribución de la renta, a disfrutar de la máxima libertad compatible con el orden, y nadie discute ya que vivir en la miseria es la anulación de toda clase de libertad. Por ello podíamos responder a la pregunta diciendo: decididamente el mundo no camina hacia fórmulas viejas ya superadas, sino a concepciones nuevas esperanzadoras y eficaces. No en vano son ya cada vez más numerosos los hombres de Estado que proclaman el nuevo carácter que los movimientos sociales van a imprimir al futuro universal.

Todas las empresas en que España está empeñada tienen por base la paz y la continuidad política: lo mismo nuestro resurgimiento espiritual que nuestras transformaciones sociales; lo mismo nuestros empeños de cara al mar para la creación de la flota que España necesita para sus transportes y colocación de nuestra población marinera, que en la industrialización y multiplicación de los puestos de trabajo que nos redimen para siempre de la emigración. Y qué decir de la gran empresa de transformación de nuestras estructuras agrícolas, para que la irrigación alcance el área máxima de nuestros campos, Y la multiplicación de granjas que aumenten la producción y la capacidad de consumo de nuestras masas campesinas.

GARANTÍA DE PORVENIR

La supervivencia y realización de todo esto implica la contestación afirmativa en el próximo Referéndum. No se trata, por tanto, de nuestra gloria personal, que 'pródigamente recibimos, ni de la situación política del Régimen, sino de vuestro propio bienestar. Me bastaba el derecho del que salva a una sociedad y la potestad que me conceden las leyes para la promulgación de la Ley que tantos beneficios ha de proporcionar a la Nación, pero en bien del futuro creo necesario que os responsabilicéis con su refrendo, recogiendo y reteniendo en vuestras manos la seguridad de vuestro futuro, y que para modificarlas o alterarlas en el porvenir haya que acudir nuevamente a vuestro refrendo. Yo no 'puedo ir más allá de lo que Dios me concede de vida útil; las leyes, sin embargo, contemplan y aseguran el más allá, entregando a los españoles la garantía de su porvenir.

Todos me conocéis. Los más viejos, desde los tiempos de África, cuando luchábamos por la pacificación de Marruecos; los ya maduros, cuando, en medio de los desastres en la segunda República, pusisteis en mi persona la esperanza de la Capitanía para la defensa de la paz civil amenazada; los combatientes de la Cruzada, porque no podrán olvidar las horas emocionadas de esfuerzos comunes para la victoria sobre el comunismo; los que sufrieron bajo el yugo de la dominación roja, porque siempre evocarán la alegría infinita de la liberación; los que desde entonces seguís leales a mi Capitanía, porque sois parte de aquélla victoria sobre todas las conjuras Y cercos que a España se tendieron; los que habéis vivido la paz incomparable de estos veintisiete años, animando a nuestro pueblo con vuestros cantos de fe y de esperanza, porque todos sabéis de sobra cómo he venido cumpliendo siempre mi palabra.

ALCANCE DE LA PREGUNTA

Nunca me movió la ambición de mando. Desde muy joven echaron sobre mis hombros responsabilidades superiores a mi edad y a mi empleo. Hubiera deseado disfrutar de la vida como tantos españoles; pero el servicio de la Patria embargó mis horas y ocupó mi vida. Llevo treinta años gobernando la nave del Estado, librando a la Nación de los temporales del mundo actual; pero, pese a todo, aquí permanezco, al pie de! cañón, con el mismo espíritu de servicio de mis años mozos, empleando lo que me quede de vida útil en vuestro ser- vicio. ¿Es mucho exigir el que yo os pida, a mi vez, vuestro respaldo a las leyes que en vuestro exclusivo beneficio y en el de la Nación van a someterse a Referéndum?

He querido recordaras en estas últimas horas el alcance exacto de la pregunta que vais a contestar, porque creo que es una ocasión única para que vuestra ciudadanía dé un ejemplo al mundo, una lección a las generaciones venideras; que constituya un capital político de una riqueza imponente.

Españoles: Vuestro Sí en esta ocasión es el más dinámico, trascendente y eficaz. 

¡Viva España! y ¡Arriba España!

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