18-06-1962: Inauguración del nuevo Hospital Provincial de Valencia

18 de junio de 2019 por Redacción FNFF

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Tal día como hoy, pero en 1962, Francisco Franco inaugura el nuevo Hospital Provincial de Valencia, realizado según el proyecto del arquitecto provincial Luis Albert Ballesteros. El Caudillo pronunció estas palabras: 

 

Señor Presidente de la Diputación de Valencia:

 

Al inaugurar este magnífico Hospital Provincial de Valencia, habéis querido honrarme ofreciéndome la Medalla de Oro de la Provincia, dándole a este acto digno marco con asistencia de todos los Alcaldes. Esto me ofrece la ocasión de saludar a los regidores de tantos pueblos y encargarles lleven mi saludo cordial a las familias todas de esta comarca valenciana, que por lo laboriosa y fecunda, constituye un orgullo para nuestra Patria.

 

El Movimiento Nacional ha venido a despertar a España, a encender de nuevo la ilusión en sus burgos y ciudades, a incorporar a todos a la política, la noble política del servicio a la comunidad; a despertar la fe en nosotros mismos, que los españoles habían perdido como consecuencia de la vieja política, a unir a todosen la gran empresa del servicio al progreso y a la grandeza de la Patria como fuente de bienes para todos.

De cómo lo hemos conseguido son muestra las transformaciones que los pueblos vienen registrando, resol- viéndoseles problemas que esperaban desde hacía lustros sin esperanza, y el creciente interés de los Municipios por mejorar las condiciones de vida de su población y perfeccionar toda clase de servicios.

 

En esta tarea de levantamiento de los pueblos y de perfeccionamiento de sus servicios, las Diputaciones Provinciales desempeñan un importante papel como órgano superior, del que nos da ejemplo la diputación de Valencia, que si un día se vieron reducidas a fines de beneficencia, hoy, mejoradas sus dotaciones económicas, puede acometer empresas de más alto bordo, como la que representa la mejoría de sus instalaciones sanitarias, de lo que este gran Hospital es un ejemplo.

 

Si grandes son los bienes que el Movimiento ha promovido, se encuentra entre los más destacados la obra ingente realizada en el campo de la sanidad: Aquellos viejos y sórdidos hospitales han sido sustituidos por estos otros modernos, alegres y bien dotados, que han logrado que la igualdad de los hombres ante la enfermedad sea hoy una realidad en nuestra Patria. Los cuidados y atenciones médicos han alcanzado, con los del Seguro de Enfermedad, un nivel tan alto como el que pueda tener la mejor clínica particular.

 

Otra de las virtudes de nuestro Movimiento es el haber alumbrado en todos los sectores de la Patria un nuevo concepto social, imprimiendo un aire humano y alegre a hospicios, asilos y hospitales. La Administración sin política acaba siempre siendo cansina, triste y burocrática; pero cuando a las empresas anima un ideario político, se hace dinámica y transformadora. Hablo, claro es, de la noble política, de los verdaderos movimientos políticos plenos de dinamismo y contenido y no de los viejos conceptos de la política de partidos, en los que hasta la administración de los establecimientos públicos y benéficos tenía sus máculas. y no es que en aquellas situaciones no hubiera hombres honestos como los nuestros, pero el sistema los sumergía en la mediocridad ambiente, y la política era granjería en la que sucumbían los mejores propósitos.

Lo cierto es que somos el mismo pueblo de antes del Movimiento, con los mismos vicios y defectos, pero por virtud de la política, de un ideario y de un sistema, convertimos en fuerza creadora y en espíritu de servicio todo lo que antes malgastábamos en luchas intestinas, en críticas y en acción negativa.

 

Que en este concierto nacional se oigan alguna vez voces disidentes, residuos de la vieja política o jóvenes imberbes deslumbrados por las campañas rojas, no es extraño. En toda sociedad existen espíritus débiles, gentes timoratas, pobres de espíritu, hombres sin fe, ambiciosos que se deslumbran por lo que viene de fuera. Hemos pasado tantos años de decadencia, que muchos españoles habían llegado a perder la fe en sí mismos, e incluso algunos llegaban a admitir que desde el extranjero se nos mediatizase. No a otra cosa aspiran esos desdichados que se conjuran con los rojos para llevar a las asambleas extranjeras sus miserables querellas.

 

Con este motivo, ha vuelto a resonar en el extranjero la caja de los truenos, a la que estamos tan acostumbrados, y que no ha cesado de sonar periódicamente desde nuestra victoria, pretendiendo explotar las diferencias formales que puede haber entre nuestro sistema político y los que predominan en Europa. Nunca hemos dejado de reconocer nuestro desfasamiento con aquellos pueblos de los que, por haber iniciado hace veinticinco años nuestra revolución, nos sentimos más adelantados, pero todo esto es sólo temporal; en la natural evolución política de los pueblos camina hacia formas nuevas, y en ella todo lo que estorba al bien común, a la eficacia, al progreso económico, a la justicia y a las realizaciones sociales, será rechazado, y, en cambio, todo lo que sea útil, eficaz y constructivo, será aceptado. Y en esta marcha general podemos decir que con el tiempo llegaremos a las mismas metas.

 

La evolución política de los pueblos no puede detenerse. Pudieron los vencedores de la última guerra retrasar el proceso evolutivo que en Europa se había iniciado; pero las nuevas concepciones económico-sociales van abriéndose camino y vemos a las viejas naciones utilizar procedimientos y doctrinas que hubieran escandalizado hace quince años.

 

Lo artificioso de estas diferencias se acusa en esas campañas que a pretexto de defender la democracia se hacen contra nuestra Nación, y que no se realizan ni contra Rusia, ni contra ninguno de sus satélites, ni contra otras muchas naciones de regímenes carentes del menor sentido democrático, a las que, por el contrario, muchas veces se esfuerzan en contemplar o en adular. En este orden de cosas, nosotros hemos de rechazar una vez más ese concepto exclusivista con el que pretende monopolizar el vocablo democracia, que ha sido siempre el sistema en el que el pueblo interviene en las decisiones de la vida pública y no el modo como esta participación se lleva a cabo. No ha sido la misma democracia en cada época de nuestra historia desde los griegos a nuestros días. Lo que sí podemos afirmar es que nuestra democracia es más sincera y efectiva que la que en gran parte del mundo se lleva, y no digamos que la que presidió nuestros tristes destinos.

 

Todos hemos conocido, especialmente los que ya somos viejos, la ficción de los partidos políticos, en los que la relación entre representantes y representados se limitaba a la elección entre varios nombres que los comités de los partidos les presentaban, y que en la casi totalidad de los casos los electores desconocían; pero una vez lograda la investidura obraban a su antojo, sin tener en cuenta los intereses la voluntad de los votantes. A ello oponemos nosotros nuestra democracia orgánica, en la que la representación se hace a través de la familia, del Municipio y del Sindicato, en los que el hombre vive y se encuadra, y en la que los elegidos mantienen vivo el vínculo con la asociación que les designó, sin que puedan traicionar los homogéneos y legítimos intereses de los representados; pero aun con ser esto tan sincero, no nos basta para satisfacer las verdaderas esencias de una democracia. Consideramos necesario que la democracia sea cosa viva, que todos participen en la cosa pública, y de aquí esos periódicos congresos económico-sindicales provinciales en que en consejo abierto se debaten los problemas de la provincia y donde las aspiraciones encuentran un cauce para su elevación directa a los Poderes públicos, que, recogidas más tarde por el Gobierno, se vienen convirtiendo en proyectos de ley.

 

Y aún tenemos más: existe en nuestra legislación básica la institución del referéndum, por la cual han sido sometidas a la aprobación del país sus leyes fundamentales y le son sometidas las demás leyes de reconocida trascendencia.

 

Podrá gustar o no gustar fuera lo que en España tenemos, pero es incomparablemente más democrático en esencia y práctica que los otros sistemas que en el mundo se llevan. Y si miramos á sus efectos, ¿puede alguien negar su éxito? Veintitrés años de paz ininterrumpida, de progreso económico y de fortaleza para resistir los ataques que desde fuera se nos han promovido, es cosa importante.

 

Sentado que en la parte económico-social caminamos hacia las mismas metas, nuestra diferencia profunda con Europa no está en lo material, sino en lo espiritual. Nosotros entendemos que lo que caracteriza y da vida a nuestra civilización occidental son los valores del espíritu, que toda la sociedad se vendría abajo si aquellos valores no la alumbran, y en la defensa de todo esto es en lo que tristemente nos encontramos más distanciados.

 

De todas maneras, nuestra voluntad hacia Europa es firme y sincera; nos sentimos europeos, pero en todo caso nosotros no cambiaremos nuestra salud interior ni nuestra paz interna por complacencias con el extranjero.

 

Cuidemos, pues, de nuestra fortaleza con unidad, con disciplina y con trabajo intenso en esta nueva era en que desde bases firmes e inconmovible s vamos a emprender la tarea de nuestro desarrollo económico. 

 

¡Arriba España!

 

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