Plataforma por la memoria de Franco, por Pío Moa

25 de febrero de 2019 por Redacción FNFF

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Pío Moa

Dichos, actos y hechos

 

 

P. Su evolución política es de lo más curiosa: de participar en la lucha contra el franquismo en grupos comunistas y terroristas, a defender a Franco más que nadie. Es casi el único que se atreve a defenderlo pública y abiertamente.

 

Siempre digo que aquí casi todo el mundo ha cambiado mucho, sin explicar casi nunca  por qué. Yo lo he explicado. En artículos, en De un tiempo y de un país, más recientemente en Adiós a un tiempo. Todo el mundo tiene derecho a cambiar, pero una persona pública debe explicar las razones de sus cambios. ¿Por qué casi nadie lo hace? La mayoría prefiere “olvidar” y muchos falsifican sus propias biografías.

 

P. En todo caso, su cambio resulta más radical que otros

 

Cuando era joven, el régimen franquista se había quedado sin discurso más allá de los éxitos económicos y remembranzas ya puramente rituales de la guerra, que no decían nada a casi nadie. La Iglesia estaba en crisis y sus ritos y palabras nos sonaban a cháchara triste, pesada e hipócrita. Estoy hablando de los jóvenes universitarios. Es decir, de los jóvenes inquietos, que éramos una pequeña minoría dentro de los universitarios, la mayoría nunca tiene muchas inquietudes más allá de las profesionales. Por entonces, en toda Europa, en las universidades, se vivía un renacimiento del marxismo complicado con el freudismo, el pacifismo, las drogas,  en fin… Aquí los comunistas, primero del PCE y luego de los grupos maoístas, se llevaban el gato al agua, porque exponían una visión general coherente y sabían orquestar protestas. Yo creo que la protesta, en todas partes,  se dirigía contra una forma de vida gris, centrada en el dinero, la productividad, esas cosas que se habían impuesto como valores supremos después de la II Guerra Mundial… Aunque parezca un contrasentido, las doctrinas materialistas y de liberación sexual, más bien promiscuidad, venían a dar una salida más espiritual. En España estaba además la cuestión de la guerra civil, y en la universidad los historiadores marxistas o marxistoides ya marcaban la línea, porque los contrarios lo hacían muy mal.  Los  universitarios inquietos éramos en gran mayoría marxistas o marxistoides.  Claro que había en todo ello una gran insinceridad. Muchos políticos posteriores, incluso en la derecha, salieron de aquel ambiente, y  en el fondo ya pensaban en  hacer carrera, veían que el régimen no podía durar mucho y trataban de ganar posiciones para el futuro. Contaban los mayores horrores del franquismo pero eran unos hipócritas, estaban dispuestos a cualquier cambalache, con él o con los “burgueses” en general. Los consecuentes éramos una minoría dentro de esa minoría. Tuve la suerte de que me echaran de aquello, de otro modo podría estar bajo tierra, como varios camaradas de entonces.

 

P. Usted admite, por tanto, que el franquismo estaba acabado, y sin embargo lo defiende hoy. Eso es más difícil de entender.

 

A mí, salir del marxismo me obligó a replantearme muchas cosas, lo que me costó tiempo y esfuerzos.  Siempre me fue difícil seguir la corriente, cualquier corriente, será cuestión de carácter. ¿En qué sentido defiendo al franquismo? Defiendo su memoria, la memoria de Franco en primer lugar. Franco venció a todos sus enemigos políticos y militares, internos y externos, y sus victorias fueron victorias para España. Defiendo que el franquismo derrotó a un Frente Popular nefasto, supo evitar al país las atrocidades de la guerra mundial, derrotó un aislamiento internacional delictivo, reconcilió a la inmensa mayoría de los españoles y presidió la época de auge económico mayor y más equilibrado que haya tenido España antes o después. La paz de España es una de las más largas de Europa, y lo mismo la esperanza de vida al nacer, y  a su régimen se las debemos. Cada uno de estos logros, por no citar otros menores, ya convierte a Franco en un estadista español incomparable en todo el siglo XX; todos juntos, hacen de él el mejor gobernante, probablemente desde Felipe II, como he oído decir a algún historiador que nunca habría osado admitirlo en público. Su régimen fue cualquier cosa menos totalitario o tiránico. Sí fue autoritario, porque era indispensable para superar una crisis histórica de enorme alcance destructivo y luego afrontar la hostilidad de unos países del entorno sin la menor autoridad moral para acusar al franquismo de nada. ¿Qué le parece? ¿Alguien puede negar estos hechos? Pero muchos les niegan todo valor. ¿Quiénes?  los mismos que quieren disgregar la nación o reducirla a la nada en la UE, los amigos de quienes invaden nuestro territorio por Gibraltar,  también amigos y rescatadores de la ETA, los que han llenado al país de corrupción e impuesto leyes tiránicas y falsarias… Esto es una locura, pero la sufrimos cada día. Alguien tiene que oponerse a la corriente y defender la verdad, aunque se vea aislado.

 

P. Oyéndole, se diría que fue un régimen perfecto.

 

Fue lo más perfecto que podía ser en aquellas circunstancias. Por supuesto, se cometieron en él injusticias, abusos,  incluso crímenes, eso ocurre con cualquier obra humana, pero hablamos del balance general. Y cometió el grave error de identificarse excesivamente con el catolicismo, con la Iglesia, que al final le dio la gran patada. Este es un fallo causado por versiones históricas falsas, o más propiamente parciales, como las del primer Menéndez Pelayo. Es indudable que España no puede ser anticatólica, hay experiencias de a qué ha conducido eso; pero tampoco puede identificarse con el catolicismo. España es una construcción política, histórica, particular, mientras que el catolicismo es universalista, y además no es una doctrina política, sino que puede amoldarse a regímenes bastante diversos.

 

P. En todo caso, una protesta aislada y testimonial  como la suya sirve de poco.

 

Eso nunca se sabe. También es verdad que están cambiando los vientos de la política. De todas formas es cierto, mucha gente está harta de esta farsa permanente, pero carece de fuerza o de coraje para oponerse a ella. Y algunos han defendido la verdad histórica desde hace mucho, aunque han solido dejar en manos de los antifranquistas la bandera de la democracia, lo que es un enorme error. Mis enfoques son distintos, con un análisis del pasado algo diferentes, aunque coincidentes en aspectos esenciales. Y creo que esto irá a más.  Por eso propongo ahora crear una Plataforma por la memoria de Franco. Digo por la memoria, porque aquel régimen no puede volver, pero es preciso construir sobre su legado , un legado magnífico, y no contra él. Sobre el legado del Frente Popular no puede construirse más que disgregación y odios, es el legado de la mentira, la tiranía y el crimen.  Mi libro Los mitos del franquismo contiene un buen arsenal de datos y argumentos, y esa plataforma podría utilizarlo para curar a millones de españoles de la enfermedad del antifranquismo. Porque es una enfermedad grave, un verdadero cáncer que amenaza la subsistencia de la nación y la democracia.   

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