La Profanación, por Jaime Alonso

18 de diciembre de 2018 por Redacción FNFF

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Jaime Alonso

Revista Afán nº 11

 

Cuarenta y tres años harán, el 20 de Noviembre, que murió Francisco Franco, y las fuerzas contra las que combatió en su vida y a las que venció en la guerra y en la transformación de España, en la paz, llevan idéntico tiempo cifrando su futuro en la destrucción de su memoria histórica y obra.

Aún así lo realmente preocupante y grave es la infinidad de personas, instituciones, grupos sociales etc. que deben a Franco su supervivencia, patrimonio y fama y sumen sus fuerzas a la ofensiva demonizadora, cualquiera  que sea el motivo, desde el adoctrinamiento de la historia y el servilismo político, hasta la cobardía generalizada y la indigencia moral e intelectual.

Contra Franco todo vale. Aunque fuera demasiado evidente, intensa, profunda y duradera la derrota, nada justifica el borrado de la conciencia de un pueblo sobre sus reales orígenes y travesías. Desde el adoctrinamiento y la ingeniería social de la izquierda y separatistas, se ha impuesto un relato, conscientemente falsificado, para imponer la vuelta de la inviable república no democrática de 1936, que arruinó al pueblo español y apunto estuvo de destruir la propia nación. La importada Ley de Memoria Histórica estalinista, actualizada por los talibanes peninsulares y no derogada por una derecha helada y lela, sin norte, ni ilusión, ni principios, nietos del franquismo mas ortodoxo.

Con esa premisa falsificadora de la historia se proyectan las falsedades que sirven de base para reinventar la historia: 1.- Que el 18 de Julio de 1936 fue un golpe militar fascista. 2.- Que lo fue contra la legalidad y el gobierno legítimo de la II Republica. 3.- Que ocasionó a una terrible guerra civil endosada al bando vencedor. 4.- Completa omisión de lo ocurrido durante el mandato de Franco o grotesca manipulación de la represión posterior a la guerra civil, conocida como “dictadura franquista”. Dando por hecho que todas las muertes y sufrimiento son imputable al franquismo.

 

La fase final de la LMH conlleva todas las prohibiciones que sin tapujos salen de su entraña totalitaria. La esencial y coordinada es la profanación exhumación de Francisco Franco; prohibición de su reconocimiento publico o privado;  y la ilegalización de la Fundación que lleva su nombre. Pero ello no puede hacerse sin Pilatos. La Jerarquía Eclesiástica de la Iglesia Católica, el PP y Ciudadanos deben convertirse en los seguidores de Poncio Pilatos, que prefieren un gobierno de malhechores, que la justa defensa de un muerto, al que tanto deben todos los vivos que lo traicionan y entregan. Finalizaría así la ingeniería social, impuesta por la conjunción izquierda/separatista, con la “mentira profesionalizada” que denunciara Julián Marías, y la imposición de la II Republica antisocial, antinacional y bolivariano/cubana, ya que la estalinista no les fue posible.

Los que todavía no han reparado en el error de permitir semejantes arbitrariedades, tendrá que recordárselo la lectura del poema de Martin Niemöller en la nueva versión “cuando vinieron por los franquistas y profanaron la tumba de Franco; cuando borraban de calles, plazas, iglesias y monumentos todo vestigio de la verdad, de la heroicidad, del martirio; cuando retiraban honores y distinciones a muertos y vivos, por el único crimen de no ser de los nuestros, todos guardamos silencio, no protestamos, por considerar que a mí no me podía afectar; cuando vinieron por mi y quise tener mi libertad individual, de expresión, hablada o escrita, y colectiva de formar un grupo donde proyectar la historia, la cultura o cambiar el estado de cosas, nadie pudo ayudarme siquiera a protestar”.

El arrasamiento de nuestra legalidad, formalmente democrática, plantea a gran parte del pueblo el dilema de dejarse aplastar por la revolución o rebelarse, un tanto a la desesperada. No existe una oposición realmente consciente del peligro que se cierne sobre España, su nación/estado y su pueblo. No existe una institución que pueda catalogarse de ejemplar o garante de servir de dique a la barbarie. El pueblo, entre confundido y anestesiado, no encuentra cuerpo social con la debida valentía moral y rigor intelectual como para constituirse en “sociedad civil” que oponer a la tiranía. Y sin embargo urge hacerlo, apelar a las conciencias rectamente formadas, al ideal nacional, a la convivencia pacifica, a la libertad como fundamento y el derecho como consecuencia de una vida civilizada de progreso y dignidad.

La pretensión de la izquierda, ya universalmente aceptado, es convertirse pronto en partido hegemónico, marxistas revolucionarios del PSOE y Podemos; separatistas y terroristas están deslegitimando todas las instituciones y amparando todos los desmanes para que la lógica reacción no se produzca. Y todos bajo protección y orientación de Venezuela, Cuba, Irán o cualquier potencia que quiera colonizar a la nación más antigua y civilizada del mundo, la que luchó y se desgastó contra todas las herejías.  Seguir asignando a tales partidos la defensa de  la libertad y la democracia, resulta simplemente grotesco.

No resulta baladí el observar que mientras tanto se está arruinando la economía domestica, penalizando el ahorro y la inversión empresarial privada, a través de impuestos confiscatorios. Tampoco que los medios de comunicación, convertidos en medios domesticados de propaganda, se están monopolizando en el discurso excluyente de izquierdas separatista y antinacional.

Este gobierno, de legalidad contra natura para gobernar, se ilegitima en su ejercicio en tres  hechos: 1) la supresión del funcionamiento normal de los órganos constitucionales en que descansa todo el equilibrio del régimen constitucional de 1978. 2) El Congreso, sometido a un nulo debate y la imposición legislativa de la mayoría de un solo voto. 3) Legislar mediante Decretos Ley, al margen de los derechos fundamentales de los afectados y hurtando el control de los órganos jurisdiccionales.

No debemos seguir ocultando deliberadamente la verdad. La actual democracia a España la trajeron personas muy próximas al régimen de Francisco Franco, que esperaron su muerte para la ruptura, falseada como reforma. Rigor histórico que nos permite afirmar que ese régimen, en toda su parte normativa y constitucional fue derogado y, por tanto, reconocida por la vigente Constitución, en virtud de la Ley para la Reforma Política, establecida por su sucesor, a titulo de Rey, Juan Carlos I. Por ello aceptó la designación “a titulo de Rey” y declaró que recibía de “S.E. el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de Julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes, pero necesarios, para que nuestra Patria encauzase de nuevo su destino”. Y, al ser proclamado Rey, a sus conocidos elogios a Franco añadió que “…su recuerdo constituiría para él una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria”.

Resulta, por ello, imprescindible que no se perpetúe la audacia de la izquierda, y se consume la felonía de profanar su tumba, 43 años después de su fallecimiento, por la nuevamente guerra-civilista izquierda española, combinada con la ignorancia o falta de gallardía del resto del espectro político y medios de comunicación, en la llamada “Memoria Histórica”, como formula para dinamitar la reconciliación alcanzada por los españoles en muchas décadas y deslegitimar todas las instituciones provenientes de la transición.

Los responsables del mantenimiento del actual régimen fracasado de las autonomías, de una ley electoral contraria a la estabilidad democrática, los mismos que han asaltado la independencia del poder judicial, que han utilizado la mentira como instrumento del poder, promulgando y no derogando la Ley de Memoria Histórica, deberían conocer necesariamente estos hechos y responsabilizarse de los resultados. Por ello y de no responder a otros intereses que a los de su degenerada partitocracia, podrán merecer el actual veredicto y el de la historia de: hipócritas, cobardes y totalitarios.

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