El exilio anticomunista rumano en España, por José Luis Orella

20 de marzo de 2021 por Redacción FNFF

Compartir en:


José Luís Orella
Historiador y Profesor Universitario

 

España se convertirá en tierra de sangre y pólvora, cuando estalle su Guerra Civil, que será un acontecimiento de relieve internacional. El bando nacional tuvo su representación rumana, al venir el héroe militar rumano, de la 1’ Guerra Mundial, el general Cantacuzino- Granicerul, para entregar su espada al general Moscardó, héroe del asedio al Alcázar de Toledo. El militar, fue acompañado de otras siete personas, representativas del Movimiento Guardia de Hierro, fundado por Corneliu Z. Codreanu. Su segundo en el mando, Ion Mota, y sus compañeros Vasile Mann, Banica Dobre, Gheorge Clime, Alexandre Cantacuzino, Neculai Totu y el padre ortodoxo Dumitrescu. Los siete jóvenes ingresaron en la legión española, participando en los combates en los alrededores de Madrid, donde morirán Ion Mota y Vasile Mann, regresando el resto a Rumanía. Neculai Totu, escribirá el libro Notas del frente español. 1936-1937, publicado en castellano el 13 de octubre de 1970. En Mahadahonda se conserva un monumento levantado a la memoria de los dos caídos rumanos, que son homenajeados todos los años.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la ocupación soviética de Rumanía trajo la instauración de un régimen comunista en Rumanía. España se convertirá en el hogar de los rumanos exiliados del comunismo. El acuerdo cultural firmado entre ambos países servirá para poder becar a los más brillantes estudiantes, perdidos en los campos de refugiados de la postguerra. Los rumanos, eran un colectivo pequeño, pero de gran calidad intelectual por el número de estudiante y profesores refugiados en el país ibérico. Tres cuartas partes de ellos eran legionarios o simpatizantes de la Guardia de Hierro. España mantendrá el reconocimiento oficioso de quien fue el embajador rumano hasta 1944, Nicolae Dimitrescu.

La comunidad rumana siempre estuvo en el entorno del centenar de miembros, y fue dirigida por Nicolae Dumitrescu, el embajador rumano en Madrid hasta el armisticio de 1944; Alejandro Busuioceanu, consejero cultural de la legación; Aron Cotrus, consejero de prensa; George Antoniade, agregado comercial, y Traian Popescu, delegado de la Guardia de Hierro en España. A la vez, la comunidad contará con relevantes miembros como Stelian Popescu, ex ministro de Justicia en varios gabinetes de los años veinte; el aviador príncipe Constantin Cantacuzino, vicepresidente de la Comunidad Rumana en Madrid, y el príncipe Mihail Sturdza, antiguo ministro de Asuntos Exteriores durante el breve periodo del Estado legionario. En las actividades hispano-rumanas siempre participaron los generales los generales Ricardo Villalba Rubio (1892-1994), y José Díaz de Villegas y Bustamante (1894-1968), que se convirtieron en sus principales amigos. El primero será presidente de la Hermandad Hispano-Rumana. Aunque el que destacará por encima de todos será Horia Sima, sucesor de Corneliu Codreanu en ¡a Guardia de Hierro y presidente del gobierno rumano en el exilio, vivirá en España hasta su fallecimiento en 1993.

En el campo cultural, la representatividad rumana será muy densa por la presencia de intelectuales de relieve como Aron Cotru, Alexandru Gregorian, Alexandru Busuioceanu, Alexandru Cioránescu, Vintilá Horia, George Uscátescu, Traian Popescu, Radu Enescu, Aurel Ráuá, Traian Demetrescu y Cirilo Popovici, entre otros. La “Escuela Rumana de Madrid”, será muy ensalzada por la relevancia de sus componentes.

Durante ese tiempo, los rumanos exiliados consiguieron crear los primeros estudios de Lengua y Literatura Rumanas en Madrid y en Lisboa. En la primera, gracias al citado Alexandru Busuioceanu, y en la segunda, al filósofo Victor Buescu.

También consiguieron un Boletín Rumano de Informaciones y un programa en rumano en Radio Nacional de España, cuyos delegados en Madrid fueron George Antoniade y Aron Cotrus. El abogado George Demetrescu, que había sido director general de Departamento Comercio Exterior en 1938-1941, y se exilió el 23 de agosto de 1944, siendo condenado a muerte en rebeldía, fundó en Madrid la Asociación «Amigos de Majadahonda» a la memoria de Mota y Mann. Participó como locutor en Radio Alerta, en un espacio sobre Rumanía, que se emitía diariamente durante veinte minutos, dirigido por Horia Sima, el segundo jefe nacional legionario, que vivió refugiado en España.

En 1948 el gobierno español autorizó el Comité de las Naciones Oprimidas por el Comunismo, formado por los antiguos ministros, diplomáticos y representantes de Hungría, Eslovaquia, Croacia, Bulgaria, Polonia, Rumanía y la República Checa. Desde 1947, funcionó también el Colegio Mayor Santiago Apóstol, residente en la calle Donoso Cortés, donde los estudiantes de la Europa ocupada por el ejército soviético podían terminar sus estudios en la Universidad Complutense. Entre los invitados que participaron en la formación de aquellos estudiantes centroeuropeos y balcánicos estuvieron Cirilo Popovici, que les habló de “Tendencias en el arte moderno” y Jorge Uscatescu, que lo hizo de” Aventuras de la libertad”.

Desde 1949, España mantuvo abiertas las legaciones diplomáticas oficiosas de los países que ocupados por el ejército soviético habían sido absorbidos por la URSS o habían tenido que adoptar la forma de repúblicas populares, a cuyo cargo estuvieron los ministros plenipotenciarios con funciones consulares y de relaciones públicas, que resultaron de labor importantísima en la adjudicación de documentación a los conciudadanos que huían y necesitaban aquel requisito para poder exiliarse en América.

 

 

 

 

Compartir en: