Declaraciones de Francisco Franco a The New York Times (19 de marzo de 1955)

19 de marzo de 2019 por Redacción FNFF

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Realizadas el 19 de marzo de 1957

 

- Mi General: Le supongo enterado de los comentarios que se han hecho en el extranjero sobre el reciente cambio de Gobierno, queriéndolo relacionar con una supuesta crisis económica. ¿Podría decirme qué es lo que hay de real en lo que se comenta, si existe realmente la crisis a que se alude?

 

«En España los cambios de Gobierno responden a las conveniencias naturales de renovación de los equipos por el desgaste lógico que en el transcurso de varios años sufren. Momentos son éstos que se aprovechan para hacer un estudio y revisión de lo alcanzado en la etapa anterior y un planeamiento para los años próximos.

Respecto a lo que pretende llamarse crisis, es sólo una pequeña dificultad de las muchas que surgen en el proceso de nuestro progreso económico.

El gran predominio de la producción agrícola en el conjunto de nuestra economía hace que frecuentemente las anormalidades meteorológicas nos afecten más intensamente que a otros países en que la producción agrícola e industrial están más equilibradas.

La helada del pasado año, que afectó a nuestra cosecha de naranjas y limones, hizo se perdiera un 40 por 100 de su exportación y que los árboles quedasen afectados por lo menos para la cosecha siguiente, que no ha llegado a la tercera parte de la que suele ser normal. Esto representó una pérdida en la exportación, entre los dos años; de unos 140 millones de dólares. Si a esto sumamos el haber padecido una malísima cosecha de aceite, que nos obligó a efectuar importaciones masivas por valor de otros 120 millones, y que en la helada también padecieron la almendra y la avellana, se puede calcular que nuestra economía ha sido afectada en el término de un año por la pérdida de unos 300 millones de dólares.

El que nuestra economía haya resistido impacto tan importante demuestra todo lo contrario de lo que los comentaristas pretenden.»

 

-¿Representa mucho en la balanza de pagos españoles esa cifra de trescientos millones de dólares?

 

«Constituye la mitad, aproximadamente, de la cifra de nuestras exportaciones, pues el volumen de nuestro comercio exterior, que ha rebasado la cifra de los 1.200 millones de dólares, se descompone en unos 600 millones de dólares por cada lado.»

 

-¿Cómo se explica que España haya podido, sin grave quebranto, resistir ese golpe?

 

«Precisamente se debe a la franca situación que veníamos alcanzando en estos años por la transformación y saneamiento de nuestra economía, al grado de industrialización ya conseguido, al aumento general de nuestras producciones y a la intensificación de nuestros regadíos, que han hecho que en el conjunto de nuestro complejo económico el daño haya sido proporcionalmente menor.

Esto demuestra, una vez más, cómo en los países de meteorología tan variable como el nuestro, la economía no puede basarse sólo en las producciones agrícolas, expuestas constantemente a los azares meteorológicos.

No hemos de callar, por otra parte, las facilidades y ayudas encontradas en Norteamérica para la importación de grasas y excedentes agrícolas, que nos ayudaron a aliviar la situación.»

 

-¿Ha pasado España en estos años por situaciones peores?

 

«Desde luego. Por varias e incomparablemente peores: la situación por que pasamos al término de nuestra guerra de Liberación no admite parangón con ninguna otra. Con media España vacía, saqueada materialmente, destruido su sistema de transportes, abandonados sus campos, expoliados sus Bancos, robadas sus reservas de oro y de divisas, desprovista de materias primas y con unas obligaciones de pago de deudas comerciales heredadas, anteriores al año 1936, que España satisfizo rigurosamente. Con toda esta situación, y sin ayudas extrañas, España supo salir adelante.

En los años que se sucedieron, la guerra universal y las sequías que asolaron nuestros campos nos afectaron también más gravemente, obligándonos a sacrificios e importaciones ingentes de cereales y materias primas en unas condiciones harto más difíciles.

Posteriormente, cuando la guerra universal terminó y llegó la paz, se interrumpió el comercio de Europa, viéndonos privados durante mucho tiempo de nuestros habituales compradores, y el plan Marshall, que para otros fué fuente de intensos beneficios, perjudicó grandemente a nuestro comercio, al disminuir notablemente el interés de compra de nuestros productos por sus habituales compradores europeos.

La situación, entonces precaria, de nuestra economía, hacía que el daño de aquellas crisis repercutiese mucho más intensamente en la vida de nuestro pueblo. Las dificultades de hoy sólo entrañarán un retraso en la marcha general y un aplazamiento de algunas de aquellas realizaciones que demandan un empleo importante de divisas, si no encontrásemos, por otro lado, una mayor facilidad de créditos.»

 

- ¿Cómo juzga Vuestra Excelencia la situación de España comparada con la de los otros países europeos, que pasan también por difíciles situaciones económicas? 

 

«Si mirásemos a la situación actual, no pueden compararse las riquezas acumuladas por estos pueblos, y sus adelantos en la industria y la agricultura, con la situación nuestra. Han llegado a un grado de saturación difícilmente mejorable.

Si miramos, en cambio, al mañana, su situación es incomparablemente peor que la nuestra. Su economía ha venido nutriéndose en gran parte con la explotación de sus colonias. Hoy han agotado los márgenes, y tienen que vivir de sí mismos; su porvenir económico no se presenta claro. A España, por el contrario, que desde hace más de medio siglo viene viviendo de sus propios medios, se le ofrece un horizonte mucho más amplio: las posibilidades de un inmenso mercado interior para sus aumentos de producción; campo dilatado para la industrialización y la trasformación de parte de sus, materias primas; posibilidades inmensas para la irrigación de sus tierras; margen grande para el aumento de sus producciones por la aplicación de las técnicas modernas y riquezas naturales perfectamente equilibradas. Ya quisieran para sí en muchos países las posibilidades de porvenir que a España se le ofrecen. »

 

¿Cómo explicarse, con esa situación, las oscilaciones que sufre la peseta en los mercados extranjeros?

 

«En general, por el desconocimiento de nuestras realidades, y en lo particular, de la cotización de la moneda por la especulación de los agiotistas internacionales, que explotan las coyunturas que les ofrecen la ambición y falta de patriotismo de algunos malos españoles y de extranjeros establecidos en España.

La situación, que heredamos de una balanza de comercio exterior desfavorable, unida al despojo de nuestras reservas de oro, transportadas a Rusia y a Méjico, privó a España de los medios naturales de respaldar su moneda en el exterior, teniendo desde entonces que realizar sus compras en los mercados exteriores con divisas extranjeras; sin embargo, y pese a la natural vigilancia para evitar evasiones, periódicamente llegan a los pequeños mercados, en los que nuestra moneda se cotiza más, cantidades de pesetas exportadas clandestinamente por extranjeros avecindados en España o por malos españoles que pretenden montar negocio fuera y que exportan ilegalmente sus capitales, que al verterse en el mercado y no encontrar de momento la contrapartida correspondiente, ocasionan, temporalmente, la consiguiente depreciación.

Por otra parte, la independencia reconocida al Imperio marroquí y sus naturales tendencias y aspiraciones a la unificación monetaria producen en este período transitorio fenómenos incontrolados de afluencia de pesetas a la Bolsa tangerina.

El valor real de la peseta es, sin embargo, bastante superior a su cotización oficial, y está universalmente reconocido que 35 pesetas en España tienen un poder adquisitivo bastante superior al del dólar en los Estados Unidos, y 100 pesetas, al de la libra esterlina en Inglaterra. Y lo mismo sucede con la equivalencia en pesetas de las otras monedas.

Cuando los males se hacen endémicos, la curación se hace mucho más difícil. Y es necesario reconocer que estas dificultades en la cotización de nuestra moneda, agudizadas por las circunstancias aludidas, no es cosa de hoy, pues la veníamos padeciendo desde el año 1927, mucho antes de que sufriéramos el despojo de nuestras reservas de oro. Sin embargo, el resurgimiento económico de España es tan importante que podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que nos ha de permitir en muy pocos años el dominar completamente todos estos problemas.»

 

- Se ha referido Vuestra Excelencia anteriormente a las facilidades y ayudas recibidas de Norteamérica para el suministro de excedentes agrícolas. En este orden, al pueblo americano interesaría conocer la proporción en que los acuerdos con Norteamérica han favorecido a la economía española.

 

«Los acuerdos con Norteamérica tienen dos partes: una de ayuda militar y otra económica. En el orden militar, ha sido de mayor trascendencia la que a la aviación se refiere, por los avances técnicos que en estos años ha tenido la aeronáutica, y que ha permitido un importante avance técnico en la preparación de nuestro Ejército del Aire. En cuanto al aspecto económico, sus repercusiones han sido todavía pequeñas por las dificultades que han surgido en la puesta en marcha, y porque se necesita un transcurso de tiempo para que se hagan patentes. Su eficacia principal se ha reflejado en este año último, en aquellos suministros a que me he referido.»

 

- Interesa mucho en Norteamérica cuanto al Oriente Medio se refiere. ¿Podría decirme Su Excelencia algo sobre el Plan Eisenhower para el Oriente Medio?.

 

«Lo juzgo acertado y de un interés extraordinario, aunque estimo debe ser administrado con exquisita delicadeza. No puede prescindirse de la susceptibilidad de aquellos países, que por parte rusa se fomenta, y que por haber padecido situaciones coloniales se hace necesario llevar a su ánimo que no se persiguen miras egoístas, sino sólo su independencia y su progreso.

Existe una tendencia de la Administración americana, en sus ayudas, a convertirse en definidores de lo que conviene a los países ayudados, olvidándose que nadie sabe mejor lo que le interesa que el que padece una situación. En este orden, la rigidez de la Administración americana podría llegar a desvirtuar los efectos de los sacrificios que en bien de la paz la nación americana se impone. El problema del Oriente Medio es, a mi juicio, en estos momentos, un problema de mutua confianza.»

 

Los recientes cambios de Gobierno han producido un movimiento de gran interés en los Estados Unidos, pero en el pensamiento americano predomina, sobre todo, una pregunta: ¿podría Su Excelencia indicar, en líneas generales, el desarrollo constitucional que considera mejor para el pueblo español en los próximos diez veinte años?

 

«Las líneas generales de nuestro desarrollo constitucional vienen sujetándose a nuestras tradiciones y a los imperativos de nuestro carácter. Es tal la evolución político-social de los pueblos en la era que nos tocó vivir, que constituiría para nosotros una locura el copiar a estas alturas la rigidez de las constituciones políticas del siglo XIX, de las que España ha sacado una amarga experiencia.

España es hoy un país de constitución abierta, en la que las garantías que las otras constituciones normalmente establecen, y otras mucho más importantes en el orden social y del trabajo que aquéllas no garantizan, se encuentran contenidas y garantizadas por las leyes básicas promulgadas al correr de estos años: Fuero del Trabajo, Fuero de los Españoles, ley de Cortes, de Referéndum y de Sucesión, sometidas a referéndum hace varios años y aprobadas por la casi unanimidad de la Nación.

Lo que en este orden constitucional y básico queda por instituir es ya muy poco, y, previos los trámites naturales de información pública y deliberación en las Cortes, será sometido en un futuro próximo a la aprobación de la Nación.»

 

La mayoría de los americanos se sienten francamente amigos de España, pero aquellos que continúan criticando a menudo lo hacen así llevados por la honrada creencia de que no existe en España un procedimiento efectivo para una crítica política sincera. Como prueba de esto se cita la actual composición de las Cortes y la estricta censura. ¿Podría Su Excelencia dar su opinión sobre las críticas americanas que sostienen, que de no desarrollarse, dentro de España, una oposición leal, se fomentará, inevitablemente, una crítica desleal?

 

«Nosotros nos sentimos también sinceros amigos del pueblo americano, y aunque muchas veces no acertemos a comprobar su proceder y sus instituciones, las consideramos y las respetamos. Creemos que no puede juzgarse a un país por lo que pasa en otro. El carácter y las costumbres son diferentes, y las instituciones que para unos son buenas, dan muchas veces malos resultados trasladadas a otra nación. La vida de España durante más de un siglo de parlamentarismo y los malos frutos obtenidos durante él le han obligado a corregir los vicios del viejo sistema, purgando a la crítica política de su parte espectacular, apasionada y negativa, y haciendo que ésta discurra en las Cortes de la Nación dentro del ámbito de las Comisiones, que es donde verdaderamente se suele desarrollar la labor eficaz bajo todos los sistemas. No hay que olvidar que ya en las antiguas Cortes de Castilla en los siglos XV y XVI, cuando en el resto del mundo el absolutismo era casi total, estaba establecida la norma de guardar el secreto en las deliberaciones de sus reuniones.

Hoy son tan trascendentales para los pueblos los problemas que se les plantean, que a las realidades políticas que hasta hace algunos años representaban los partidos se imponen las que representan las agrupaciones económicas sociales, en que el hombre voluntariamente se encuadra y se desenvuelve. Sobre una ficción parecida, que en los años del 31 al 36, con sus quince partidos políticos, España padecía, predominaban ya los intereses espirituales, económicos, sociales, patronales, agrícolas y obreros.

Por ello, el sistema político español buscó en las asociaciones naturales -familia, Municipio y Sindicato-, el cauce por el que el hombre colaborase a las tareas del Estado.

El que en una etapa de liquidación de una guerra interior y de malquerencia y de cerco exterior, en servicio de la unidad y del interés de la Patria hayamos procurado que nuestras pequeñas diferencias no fuesen motivo de especulación, ha reportado grandes beneficios a esa paz interior, indispensable para nuestra obra de resurgimiento.

Bien quisiéramos nosotros ser mejor comprendidos y más simpáticos a nuestros amigos de fuera; pero si esto había de ser con peligro para nuestra paz y para nuestro resurgimiento, forzosamente habríamos de renunciar a ello.

De todas maneras, las muestras de educación y cordura del pueblo español, el patriotismo demostrado y la eficacia del sistema de representación orgánica que practicamos nos permiten el poder pensar en dar en el porvenir más libertades dentro de nuestras instituciones a la crítica leal y constructiva.»

 

- Las naciones del Occidente europeo parece que van hacia una mayor coordinación política y económica; por ejemplo, la N. A. T. O., la O. E. C. E.. la Euratom y el Mercado Común, etcétera. Teniendo en cuenta el aislamiento impuesto a España en 1940 y la continuación del problema de Gibraltar, ¿podría Su Excelencia indicar si España está estudiando ahora dar pasos concretos para mejorar sus relaciones comerciales con sus vecinos de Europa y asociados comerciales, Gran Bretaña y Francia?

 

«El que España se rebele contra la vieja política de Europa de luchas y rivalidades entre sus miembros y que aspire a eliminar injusticias que todavía perduran, no quita el que se haya sentido siempre parte integrante de Europa y como tal haya procurado servir al interés común. No es cosa de hoy. Lo hemos demostrado cuando, antes de terminar la última gran contienda, pretendimos aclarar nuestras relaciones con Inglaterra, en previsión de una estrecha unión ante las amenazas de que sobre Europa habíamos de sufrir al término de la contienda. El que no hayamos encontrado entonces la acogida que nuestra propuesta merecía no nos priva de practicar lo que más convenga a nuestros comunes intereses.

España estudia, llena de buena voluntad, el problema de su ingreso en los organismos internacionales, y, dentro de los medios de que dispone, sostiene con los países del Occidente europeo un intenso tráfico comercial. Lo que no quiere España, en cuanto a la N. A. T. O. y otras organizaciones internacionales se refiere, es poder llegar a ser motivo de las pasiones partidistas en que se desarrolla la política interna de los otros pueblos, cuando la realidad de los acuerdos que mantenemos con Norteamérica y Portugal en caso de emergencia nos asociarían de hecho, ante el peligro, con aquellos países. En este orden y dentro del respeto mutuo, no nos hemos negado a una mayor coordinación política y económica.»

 

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