El tesoro de Franco: la clase media, por Pilar Pérez García

25 de junio de 2021 por Redacción FNFF

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Mª del Pilar Pérez García

Historiadora

 

Es conocida la anécdota del General Vernon Walters, militar y embajador norteamericano, cuando le preguntó a Francisco Franco en 1971, en una entrevista en el Pardo por orden del entonces presidente de EEUU, Richard Nixon, que qué ocurriría en España tras su muerte. Franco le respondió:

"España irá lejos en el camino que desean ustedes, democracia, pornografía, drogas y qué sé yo. Habrá grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España... porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el gobierno de este país, hace cuarenta años: la clase media española. Diga a su Presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español, no habrá otra guerra civil".

Aquí podría dejar de escribir. Qué mejor legado pudo dejar Francisco Franco hace casi ya 46 años de su muerte que la clase media.

 eVOLUCION_CLASE_MEDIA_ESPANA

(Fuente de los datos: INE)

Francisco Franco conocía, de primera mano, la mala situación que se vivía en España no solo tras la guerra civil, sino antes de ella. El lastre de malas gestiones económicas y políticas de anteriores gobiernos, el deterioro y malestar social existente, etc… necesitaban una solución de urgencia.

Por lo tanto, ya durante la guerra, se comenzaron a aprobar decretos y leyes y a poner en marcha los planes para levantar a España, para devolver a los españoles las ganas de seguir adelante.

Conocido es el Fuero del Trabajo, promulgado en marzo de 1938, donde el trabajador pasó de ser una “máquina” de producir, a un hombre con los derechos que le corresponden. Un hombre no solo necesita un trabajo para vivir, sino que éste ha de ser digno, sin promoverse la explotación y esclavitud. Bajo una mentalidad de servicio, sin intereses, se creó una red de medidas para la defensa del trabajador de las cuales aún disfrutamos en nuestros días.

Sin querer ser farragosa enumerando todos los logros conseguidos hasta 1976, mencionaré solo unos pocos: seguro de desempleo (paro), subsidio de vejez (pensión), invalidez permanente total o absoluta, accidente o enfermedad común no laboral, subsidio familiar y protección a las familias numerosas, asistencias médicas, farmacéuticas y hospitalarias, vacaciones pagadas con descanso dominical y en días festivos, pagas extras y pagas sobre beneficios, representantes sindicales, etc…

Puede que ahora todos estos conceptos nos sean tan familiares que no nos hayamos parado a pensar de dónde vienen. Antes del Estado surgido tras un 18 de julio de 1936, la mayoría no existían. Ni se imaginaban.

Durante los gobiernos de Francisco Franco, fue primordial hacer desaparecer ese ansía de la lucha de clases. Claro que se quería dar importancia a la situación del trabajador de forma individual y en la colectiva, pero sin crear odios, inquinas o venganzas. Se entendía que el derecho a la huelga era un concepto vacío, porque si un trabajador tenía un problema y tenía razón, y ésta era justa, había que dársela.

Así pues, durante los años en los que gobernó Francisco Franco en España, la situación de los trabajadores no solo mejoró, sino que se hizo entender que el trabajo tenía un valor, más allá: cada español se consideraba un engranaje imprescindible para el funcionamiento del nuevo Estado que se estaba construyendo.

Continuando con el hecho de que Francisco Franco era consciente de la situación en la que se encontraba España, la industrialización también era algo que estaba en su mente desde el mismo momento en que asumió la tarea de gobernarla. Es evidente que, dentro de la política económica del régimen, la industrialización de España fue la más fomentada, creando un número de puestos de trabajo impensable hasta entonces. Franco, a este respecto, dijo:

“El progreso industrial no ha sido para nosotros un capricho, sino una necesidad. Las naciones pasan a industrializarse cuando sus necesidades interiores lo recaban. Hay quienes desde fuera creen todavía que nosotros propugnamos una industrialización artificial y, sin embargo, nosotros afirmamos que llegamos con respetable retraso a nuestra industrialización. Nuestra demografía nos impone cada día el aumento de producción, la creación de nuevas fuentes de trabajo. Todos los países han sido agrícolas antes que industriales. Y los viejos países agrícolas hace cincuenta años necesitaban poco de la industria porque no la demandaba su demografía y producían, en cada caso, lo que necesitaban. Hoy la agricultura exige cada día más esfuerzos; pide tractores, máquinas, arados modernos, exige abonos químicos, y todo esto que antes se sustituía por lo producido en nuestra patria, hoy hay que comprarlo en el extranjero o producirlo en nuestra nación impulsando la industria. Ello ha constituido el primer paso de nuestra economía y de nuestra agricultura que exige cubrir sus necesidades en progresivas etapas”.

La idea matriz del régimen era la de crear riqueza, pero durante muchos años, sólo podía contar para ello con sus propios medios. Por ese motivo, se conjugaron dos factores base: la iniciativa privada y la acción del Estado. Franco estaba dispuesto a defender al capital y la propiedad privada, pero ello no quería decir que fuese a tolerar la tesis liberal del derecho del hombre a disponer del capital y de la empresa con fines puramente egoístas. Y fiel a ese pensamiento, nació el Instituto Nacional de Industria, el I.N.I., que fue el promotor del desarrollo de grandes proyectos industriales, como fueron SEAT, ENDESA o IBERIA y otras muchas dedicadas especialmente a la producción de hierro, acero y aluminio, y también a la industria petroquímica.

Dentro de las tres etapas de desarrollo y la expansión industrial española hay que señalar que no fue equilibrada entre los distintos sectores industriales, ya que mientras en la electricidad y el carbón el incremento fue uniforme y sostenido, en la metalurgia y, en general, en la industria siderúrgica hubo grandes altibajos hasta conseguir llegar a una estabilidad y uniformidad en el sector.

Para alcanzar lo que supuso este desarrollo industrial, hoy en día, se hubiera impuesto al pueblo español una presión fiscal materialmente inalcanzable, dada la baja eficiencia del estado actual (hoy en día hemos quintuplicado los 700.000 empleados públicos que había entonces). Sólo hay que ver cuánto ha aumentado la presión fiscal desde 1965, y en qué se ha traducido. Tengamos en cuenta que este gráfico no incluye el próximo aumento de impuestos y tasas para pagar el rescate europeo, dinero que acabará la mayoría en políticos e intermediarios.

PRESION_FISCAL_1965

Actualmente España ha aumentado su presión fiscal a casi el 120%, siendo el segundo por detrás de Turquía. Del sueldo de un trabajador, a éste le llega la mitad aproximadamente, un 51% (cifra arriba, cifra abajo); antes de 1975, un trabajador recibía más del 85% del total de su sueldo, lo que no solo le permitía vivir sino llegar a ahorrar. Se pagaban pocos impuestos y se invertían bien.

Gracias al esfuerzo y empuje de Francisco Franco y todos los componentes de sus, en total, trece gobiernos, basándose en una mentalidad de servicio a los demás, procurando evitar presiones fiscales con altos impuestos a los ciudadanos, sumado con el trabajo conjunto que hicieron todos los españoles, convirtieron a España en la 8ª potencia industrial del mundo, a la vez que se iban construyendo una base económica y social sólidas, para dar una herencia firme y sin ataduras a sus hijos y nietos. Construyendo, en definitiva, una clase media.

 AUMENTO_PRESION_FISCAL_1965

 

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