Una Memoria Histórica diferente (II) Por el Coronel Jose Luis Isabel

01 de mayo de 2019 por Redacción FNFF

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Dos de los antiguos Directores de la Academia de Infantería de Toledo fueron víctimas de las ansias asesinas de los milicianos del Frente Popular, y hubo algún otro que se libró de milagro.

Antonio Losada Ortega había nacido en Gerona en 1877 y tenía 59 años al producirse el alzamiento. Tras ser promovido a segundo teniente en 1896 había sido destinado a Filipinas, donde combatió con gran valor, como lo prueba que recibiese dos Cruces rojas al Mérito Militar y dos ascensos por méritos de guerra. Volvió al combate en 1909, esta vez en Marruecos, hallándose en las acciones del Gurugú y del Barranco del Lobo. De nuevo mereció ser recompen­sado por su actuación, esta vez con el ascenso a comandante por méritos de guerra y con una tercera Cruz al Mérito Militar. Tras unos años en la Península, en 1913 regresó a Marruecos para combatir en los territorios de Ceuta y Tetuán, y ser recompensado con otra Cruz al Mérito Militar y el ascenso a teniente coronel.

Entre 1916 y 1921 desempeñó el cargo de ayudante de órdenes de S.M. el Rey, y en este último año fue nombrado Director de la Academia de Infantería, de la Escuela Central de Gimnasia y del Museo de la Infantería, sucediendo a Germán Gil Yuste.

Ascendido a general en 1923, los años siguiente estuvo al mando de una brigada y ocupando destino en el Ministerio de la Guerra, interviniendo en los trabajos preparatorios para la creación de la Academia General Militar. Siendo en ese mismo año Gobernador Militar de Oviedo, fue padrino en la boda del general Franco en representación de S.M. el Rey.

Una vez ascendido a general de división, en 1928, fue nombrado Director General de Instrucción y Administración, y en 1930 Gobernador Militar de Mallorca. La República se vengó de él pasándole a la reserva cuando solo tenía 55 años.

Al estallar el alzamiento tuvo el infortunio de encontrarse residiendo en Madrid, en situación de disponible y, por lo tanto, sin tener destino. Ocupaba el lugar número seis del escalafón de generales de división y no intervino en la sublevación, aunque de poco le valió, pues se trataba de un destacado militar con varios ascensos por méritos de guerra y que, además, había sido ayudante del Rey, padrino de boda de Francisco Franco, Ministro interino del Ejército y miembro de la Asamblea Nacional en el Directorio de Primo de Rivera, y esas ofensas los retorcidos milicianos no las podían tolerar.

En agosto de 1936 el Gobierno Republicano le dio de baja en el Ejército, quizá entonces ya estaba encerrado en una checa, de la que le sacarían para llevarle a Paracuellos del Jarama, donde le fusilaron el 7 de noviembre. Lo único que aquellos malvados le podían haber reprochado era haber sido ser un honrado y valiente militar.

José Abehilé Rodríguez-Fito fue el último Director de la Academia de Toledo antes de ser destruido el Alcázar por fuerzas del Gobierno del Frente Popular.

Natural de Madrid, había realizado sus estudios en la Academia de Infantería, en la que fue promovido a segundo teniente en 1906. Ascendido a capitán en 1904, dos años después ingresó en la Escuela Superior de Guerra. Luchó en las campañas de Marruecos, obteniendo por su valor dos Cruces rojas al Mérito Militar. Estuvo destinado en el Estado Mayor Central del Ejército con los empleos de comandante y teniente coronel, desempeñando más tarde, bajo el gobierno de Primo de Ribera, el cargo de Delegado Gubernativo en Talavera de la Reina. Seguidamente volvió a participar en operaciones en Marruecos, ganando otra Cruz al Mérito Militar.

Después de pasar por el Ministerio de la Guerra, en 1931 volvió al Estado Mayor Central, del que un año más tarde fue trasladado con carácter forzoso a la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia como Jefe de Estudios.

En 1933 se le concedió el ingreso en el Cuerpo de Estado Mayor y seguidamente se hizo cargo del mando accidental de la Academia por haber sido promovido a general su Director, Mariano Gámir Ulibarri, del que luego habla­remos.

Tras su ascenso a coronel, en 1935, fue confirmado en la dirección de la Academia. Al llegar el verano de 1936 se ausentó de Toledo para disfrutar el permiso de verano en Ciudad Real.

Al producirse el alzamiento contra el Gobierno del Frente Popular se trasladó a Madrid, sin que se conozcan los motivos, siendo detenido y encerrado en la Cárcel Modelo, de donde fue llevado a Paracuellos de Jarama para allí ser asesinado el 7 de noviembre por milicianos del Frente Popular.

Junto con este honrado militar, perdieron la vida a manos de aquellos malhechores sus hermanos Ramón y Federico, este último comandante de Intendencia.

En enero de 1938 aquel inútil Gobierno del Frente Popular que toleraba y desconocía las tropelías de sus milicianos, publicó una orden en la que se daba de baja en el Ejército a José Abeilhé sin opción a derechos pasivos y sin perjuicio de lo que en su día resulte de la información que se instruya al efecto. Suerte de que aquella gentuza no ganase la guerra, pues de haberla ganado seguramente hubiesen tratado juzgarle y de asesinarle por segunda vez.

Más afortunado que los anteriores militares fue el general José Villalba Riquelme, que había sido Director de la Academia de Infantería entre 1909 y 1912, y más tarde Ministro de la Guerra.

A partir de la proclamación de la República permaneció en Madrid alejado de toda actividad de carácter militar y político. Al iniciarse el levantamiento militar, cuando faltaba poco para que cumpliese 80 años, un grupo de milicianos se presentó en su casa con intención de detenerlo y darle el «paseíllo», al tratarse, según ellos, de un peligro para el régimen, pero lo impidió la Embajada Británica por tener Villalba el tratamiento de Sir, al haber recibido del Gobierno británico la Cruz de la Orden de Comendador de San Miguel y San Jorge, poniendo seguidamente protección en su domicilio. No tendría igual suerte su hijo Álvaro, capitán de Infantería, que caería asesinado en Ronda (Málaga) en agosto de 1936.

Otro de los Directores había sido Mariano Gámir Ulibarri, que se había mantenido al frente de la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia entre los años 1931 y 1933. Al estallar el alzamiento permaneció fiel al Gobierno del Frente Popular, que le encomendó el mando de los Ejércitos de Teruel, Vascongadas y del Norte, rindiendo este último en Santander. El general Gámir sobrevivió a la Guerra Civil, pero no así su hijo, al que de nada le valió que su padre fuese un alto mando militar pues fue detenido por milicianos en Cuenca y enterrado en un agujero, dejando solo a la vista la cabeza, sobre la que aquellos valerosos milicianos probaron su puntería hasta acertar. A veces no se cumple aquello de “los amigos de mis amigos son mis amigos”, sobre todo cuando esos “amigos” están sedientos de sangre.

Coronel Jose LUIS Isabel

 

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